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Full text of "En la constituyente; discursos e informes"

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I 



EN LA CONSTITUYENTE 



(DISCURSOS B INFORMES) 



i. 



WASHINGTON BELTRÁN 

(Miembro Informante en la Convención Nacionat Constituyente) 



[H 11 [OüniTIfflIIE • 

(DISCURSOS £ INFORMES) 




MONTEVIDEO 

TALLERES GRÁFICOS A. BARREIRO Y RAMOS 

Barreiro & C"., Sucesores 
Calle Bartolomé Mitre número J4é7 

I9I8 




1147401 



•B+S 



Convención Nacional Constituyente 

SOLEMNE INAIGURACIÓN DE LAS SESIONES ORDINARIAS — NOVIEMBRE 20 DE 1916 

Discurso pronunciado en representación de los Constituyentes 
del Partido Nacional 



El programa del Partido Nacional en la Asamblea Cons- 
tituyente. — La nueva Constitución no debe ser obra 
de partido. — Aspiraciones fundamentales: voto libre 
y municipio autónomo. — Inscripción y sufragio obli- 
gatorios. — Voto secreto. — Representación propor- 
cional. — La influencia del sufragio libre en el 
Parlamento, la justicia y el Poder Ejecutivo. — La 
autonomía del municipio como freno a los órganos 
centrales y como factor moral en el carácter de la 
raza. — La rotación de los partidos en el Poder.— La 
era del motín y la era de las revoluciones. — La obra 
debe ser inspirada en el patriotismo de los primero» 
Constituyentes. 



SOLEMNE INAUGURACIÓN DE LAS SESIONES ORDINARIAS 
DE LA CONVENCIÓN CONSTITUYENTE 



NOVIEMBRE 20 DE I9I6 

Sr. Beltrán. — Señor Presidente. — Se- 
ñores Constituyentes. — Señores: Traigo* 
la representación, tan inmerecida como 
abrumante, de los Constituyentes del Par- 
tido Nacional. 

Limitado el tiempo que debo distraer 
vuestra atención, prescindo de exordios in- 
necesarios. Entro derechamente en materia. 

¿Qué anhela el Partido Nacional? ¿Cuál 
será su programa de acción en esta Asam- 
blea Constituyente? 

Venimos, señores, os lo aseguramos por 
nuestro honor de ciudadanos, con el pensa- 
miento muy alto, con la intención tan pura, 
como altos y puros son los ideales 'de los 
hombres que piensan sólo en la grandeza 
moral y material de su pueblo. 

Claudio Bernard, decía que, al entrar a la 
Academia de Ciencias dejaba en la puerta 



8 WASHINGTON BELTRÁN 

las doctrinas espiritualistas y materialistas. 
Afuera, en la calle, las preocupaciones sec- 
tarias: en el laboratorio, el amor a la huma- 
nidad y al progreso. 

Lo mismo pensamos nosotros. Al entrar 
en la Constituyente, dejamos afuera la di- 
visa partidaria. Sostuvimos, antes del 30 de 
Julio, en horas inciertas para el patriotismo, 
— y lo mismo debemos sostener después 
de la victoria, — ya que la rectitud es la 
fuerza moral de los partidos, — que el nuevo 
código debe ser una obra genuinamente 
nacional: obra hecha por los uruguayos 
para los uruguayos: ante la cual, los ciuda- 
danos que han de venir, los hijos de nues- 
tros hijos, sientan el mismo amor sin des- 
medro que varias generaciones sintieron 
por la gran Constitución de 1830. 

Al formular este aserto, no afirmo la 
utopía que borraremos de nuestros corazo- 
nes, por arte de magia, nuestros sentimien- 
tos partidarios. No: lo que sostengo, es que 
venimos con el propósito sin desmayo de 
elevar las miras a la altura de la misión 
que debemos desempeñar. Lo que sostengo, 



EN LA CONSTITUYENTE 9 

es que cuando se ponga en debate una idea, 
se promueva una reforma, no preguntare- 
mos: ¿beneficia o perjudica a nuestro par- 
tido político? 

Son otras las interrogaciones a formu- 
larse: ¿es justa la idea?, ¿es ella democrá- 
tica?, ¿asegura el reinado de las instituciones 
libres?, ¿favorece la República?, ¿garantiza 
la libertad y el derecho? Pues entonces, si 
esa idea favorece la democracia, asegura la 
República, garantiza el derecho, beneficie 
o perjudique a nuestro partido, contará con 
nuestros sufragios. 

(Prolongados aplausos en la Sala y 
en la barra). 

Dentro de ese criterio de justicia supe- 
rior, los ciento cinco constituyentes del 
Partido Nacional que se sientan en esta 
Asamblea, hermanados en una idealidad 
idéntica, tienen dos aspiraciones fundamen- 
tales: el voto libre y el municipio autó- 
nomo. 

Las dos conquistas podrían haberse obte- 
nido por leyes y bajo el imperio de la Cons- 
titución de 1830. Empero, nadie discute la 



lO WASHINGTON BEI.TRAN 

conveniencia y la justicia, que esas ideas 
madres organizadoras de la democracia, se 
inscriban, con carácter permanente, en el 
Código Fundamental de la Nación. Escritas 
en las leyes, son derogadas, a veces, al breve 
momento, por nuevas leyes, sancionadas 
bajo el impulso de menguados intereses de 
bando, de subalternas necesidades de par- 
tido o de círculo. 

Pretendemos, por ello, establecer en la 
Constitución de la República, la inscripción 
y el sufragio obligatorios, la representación 
proporcional y el voto secreto. 

Anhelamos la inscripción y el sufragio 
obligatorios para combatir la indiferencia 
o la desesperanza y dentro del criterio 
constitucional inconcuso, que el voto no es 
derecho sino deber del ciudadano. 

La representación proporcional es tam- 
bién exigencia nuestra. Ella no beneficia al 
Partido Nacional porque siendo la fuerza 
popular más poderosa, tiene entrada segura 
en el Parlamento. Pero es principio de jus- 
ticia que en las Asambleas deliberantes y 
electoras, estén representados todos los ma- 



HN LA CONSTITUYENTE II 



tices de la opinión nacional, y contará, por 
lo tanto, con nuestros sufragios. Beneficia 
a los partidos Socialista y Católico, fuerzas 
nuevas que, al aportar nuevas ideas, ate- 
nuarán el pleito secular de las divisas. 

Queremos el voto secreto para combatir 
el soborno de los que manchan, con empleos 
o dcídivas, la pureza del sufragio: lo quere- 
mos, para liberar a las conciencias que capi- 
tulan bajo el apremio del hambre. 

(Aplausos en la Sala y en la barra). 

No impresiona el argumento falaz que el 
voto secreto degrada la raza y envilece a 
los hombres. Las naciones civilizadas arro- 
jan un mentís formidable. El voto secreto 
decretó en la Argentina la muerte del ofi- 
cialismo elector ; en Norte - América, con- 
cluyó con la venalidad del voto; en Alema- 
nia, liberó a los obreros de injusta tutela y 
las clases proletarias aumentaron en un ter- 
cio sus representantes en el Reischtag; en 
Francia, levantó el nivel de las comunas; 
en Bélgica, durante años, sus estadistas más 
insignes han luchado de manera tenaz para 
que el secreto fuera inviolable. Nine:uno de 



12 WASHINGTON BELTRAN 

esos pueblos son envilecidos ni degiradados. 
No lo somos tampoco nosotros, y, podemos 
afirmar, que después del ensayo de voto se- 
creto realizado en las elecciones del 30 de Ju- 
lio, nunca como en estos instantes, se ha 
sentido el pueblo uruguayo tan puro, tan 
altivo, tan dueño y señor de su voluntad y 
de sus destinos! 

(¡Muy bien!). 

(Aplausos en la Sala y en la barra). 

Asegurada la verdad del sufragij se ob- 
tendrá la independencia del Cuerpo Legis- 
lativo, robusteciendo el carácter de sus com- 
ponentes que podrán entrar en él, con la 
frente alta, sin el visto bueno de extrañas 
tutelas. Y el Legislativo fuerte, reducirá a 
sus límites al Ejecutivo, y también levanta- 
rá la dignidad de la Justicia. 

Queremos el Municipio autónomo, con un 
mínimun serio de rentas propias, para que 
el gobierno local sirva de freno y reduzca 
la acción de órganos centrales omnipoten- 
tes ; y, sobre todo, lo exigimos, como acto de 
justicia y de regeneración moral: de justi- 
cia, para que cese la sangría de una capital 



EN LA CONSTITUYENTE 1 3 

absorbente, siendo elemental que lo que la 
campaña produce beneficie a la misma cam- 
paña productora, aumentando el bienestar 
de sus habitantes; y de regeneración moral, 
para que en esa escuela de civismo, los hom- 
bres se hagan más viriles, los caracteres 
más fuertes, más tenaz el empeño, las pasio- 
nes más suaves, menos crudos los odios, 
que nada ennoblece y purifica tanto como 
el ejercicio constante de la libertad y del de- 
recho. 

(¡Muy bien!). 

Anhelamos tan ardientemente, como lo 
soñaron los hombres de 1830, el adveni- 
miento de una República auténtica que que- 
remos dar al pueblo amplias libertades y 
asegurarle eficazmente sus derechos, de 
modo tal que, si en el futuro el Partido Na- 
cional obtuviera el poder, desearíamos que 
los partidos vencidos encontrarán en la nueva 
Constitución las mayores garantías para 
recuperarlo sin trabas de ninguna especie, 
favoreciendo la rotación de las fuerzas en 
el gobierno del país, pues nada es más de- 
salentador y antirrepublicano que la per- 



14 WASHINGTON BERTRÁN 

petuidad proscribiendo la renovación y el 
cambio. 

(¡Muy bien!). 
(Aplausos). 

Un optimismo sano reconforta el espí- 
ritu y lo prepara, sereno y entusiasta, a la 
obra futura. Las horas que corren son de 
esperanza. 

La era del motín ha pasado ya, y, afian- 
zada la conquista del voto, pasará también 
la era de las revoluciones. Alguien ha dicho: 
al motín lo ha muerto el honor. Esa certi- 
dumbre arraiga en nuestro Ejército. Ahora 
mismo, al inaugurar nuestras sesiones, en 
acto solemne, juntos a esa unidad militar 
que rinde homenaje a esta Asamblea, estoy 
seguro que en todos los cuarteles de la Re- 
pública, jefes, oficiales y soldados, presen- 
tan armas a la Constituyente y juran aca- 
tamiento a los mandatos de la soberanía na- 
cional. 

(¡Bravos! y prolongados aplausos). 

El 30 de julio marca el advenimiento de 
la época nueva en que por vez primera du- 
rante un siglo, la Nación reasume su sobera- 



IvN LA CONSTITUYENTE 



nía, en la paz, por medio del sufragio. Con- 
vencido el pueblo de la fuerza del voto cuya 
verdad será nuestro primordial empeño 
garantir, seguirá por ese camino para impo- 
ner su designio victorioso. 

Las convulsiones pasadas no deben cu- 
brirnos de sonrojo.. Tributo de una demo- 
cracia en formación, lo han pagado todas 
las naciones civilizadas del mundo, hasta la 
libre Inglaterra, cuyas libertades, al decir 
de Gladstone, fueron conquistadas y no 
adquiridas, comenzando por la Carta Magna 
arrancada al rey Juan Sin Tierra, por 
los barones, espada en mano. 

Frente a esas convulsiones, ni vergüenza 
ni sonrojo: el historiador futuro verá en 
ellas el temple de una raza viril que ha pre- 
ferido la vida abnegada de todos los sacri- 
ficios a la plácida sumisión de los pueblos 
nacidos para la servidumbre. 

(¡Muy bien!). 

Señores Constituyentes: Entremos a 
nuestras tareas, seguros del porvenir. Si 
alguna vez, en el curso de los debates veni- 



l6 ' WASHINGTON BELTRÁN 

deros, frente a los problemas a resolver, el 
espíritu desciende, o se amengua la volun- 
tad o ia pasión pretende dominar, pidamos 
inspiración a los primeros Constituyentes 
de la República. 

(Prolongados aplausos en la Sala y 
en la barra). 



El Sufragio 



Primer informe de la Comisión de Constitución a la Con. 
vención Nacional Constituyente. — Organización del 
sufragio. — £1 procedimiento para la reforma de 
" Adiciones y Enmiendas ". — Cómo se ha reformado 
la Constitución Americana. — Las bases del sufragio 
deben escribirse en la Constitución. — Inscripción obli- 
gatoria en el Registro Cívico. — Rigurosa prescinden- 
cia de los funcionarios policiales y militares en traba^ 
jos electorales, bajo pena de destitución inmediata. — 
£1 cáncer de las democracias latino -americanas. — 
Los gobiernos electores. — Voto secreto. — Legislación 
de los principales países de £uropa y de América : 
Inglaterra» Francia, Italia, Bélgica, República Argen- 
tina, Estados Unidos. — Refutación de los argumentos 
formulados en el documento de los legisladores de la 
mayoría colorada del parlamento suprimiendo de la 
ley el voto secreto después de la victoria de las fuerzas 
populares obtenida el 30 de Julio. — Opinión de Saenz 
Peña y de Pellegríni.' — La experiencia de los Estados 
Unidos. — £1 resultado en las elecciones del Reiscbtag 
favoreciendo a los proletarios. — Representación pro- 
porcional integral. — Los tres fundamentos de la de- 
mocracia representativa. — Juicio de Barthelemy sobre 
la experiencia de Bélgica. — Nuestro medio ambiente. 
— Oscilación entre la anarquía y el despotismo. — La 
política de la tolerancia. — Cómo deben elegirse Ia$ 
corporaciones de carácter electivo. 



REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 



CONVENCIÓN NACIONAL CONSTITUYENTE 



iProyecto de eamienda y Adición a la Sección II, Capítulo II 
( Artículo 9.° ) de la Constitución de la República. 



COMISIÓN DE CONSTITUCIÓN 



INFORME 

Honorable Convención Nacional Constitu- 
yente: 



Vuestra Comisión os envía como enmienda 
■primera a la Constitución de la República, 
la enmienda y adición a la Sección II, 
Capítulo II, artículo g°, relativas al sufra- 
gio. Cree, que la Honorable Constituyente 
debe comenzar la reforma por todo lo que 
concierne a la manera de garantir el voto 
libre de los ciudadanos, pues el sufragio 
constituye la base de la democracia repre- 
sentativa. Lo primordial es asegurar al pue- 



30 WASHINGTON BKlyTRAN 

blo la manera de que el pueblo se gobierne 
por sí mismo, e imponga su designio. Antes 
de modificar el edificio hagamos sólidos y 
estables los cimientos. 

Proponemos a vuestra consideración, — 
de acuerdo con lo estatuido en los artículos 
158 y 159 de la Constitución, — ''Enmien- 
das y Adiciones". Seguimos en esto un sis- 
tema semejante al de la Constitución nor- 
teamericana, código que, en sus lincamien- 
tos fundamentales permanece intacto y que 
sóío ha sido reformado por "Enmiendas". 

Va, pues, sin decir, que los artículos de 
la Constitución de 1830 que no se alteran, 
quedan subsistentes en todo su vigor, y que, 
como lo dicen los artículos 158 y 159 de 
nuestra Constitución, sólo deberán someterse 
a la ratificación popular, las enmiendas y 
adiciones que Vuestra Honorabilidad san- 
cione. 

Aun cuando los miembros de esta Comi- 
sión acepten las conclusiones del informe, 
no implica, como es natural, que acepten 
todos y cada uno de los conceptos que en él 
se vierten, así como algún detalle de lo dis- 
positivo. 



EN LA CONSTITUYKNTK 21 



II 



La primera cuestión planteada ante la 
Comisión es. si en la Constitución de la Re- 
pública deben establecerse los principios 
cardinales que g'aranticen el sufragio, o si 
esos principios corresponden a leyes ordina- 
rias. 

Vuestra Comisión tiene la certidumbre 
absoluta que son materia constitucional. 
El argumento formulado en contra de 
nuestra tesis, que en las Constituciones de 
los otros países no se estatuye nada al res- 
pecto, no tiene fuerza alguna. Si el voto se- 
creto y la representación proporcional, por 
ejemplo, no se han inscripto en otros códi- 
gos fundamentales y sólo se han establecido 
por ley, se debe a que estas soluciones para 
asegurar la libertad del sufragio, son de 
época un tanto reciente. 

Después de sancionadas esas Constitucio- 
nes, es que se ha difundido en los pueblos la 
convicción de dichas garantías. De ahí el 
por qué se han consignado en la ley. Pero 
las nuevas constituciones que se sancionan, 



22 WASHINGTON BELTRAN 

no dejan, ix)r cierto, librado a la inestabili- 
dad de la ley ordinaria, el consignar las ba- 
ses primordiales de organización del sufra- 
gio. Así, diez Constituciones de los Estados 
de Norte América, incluso el Estado de 
Nueva York, han inscripto como precepto 
constitucional, el voto secreto. 

En cuanto a la representación proporcio- 
nal, fué establecida en la Constitución de la 
Provincia de Buenos Aires, jurada en 1873, 
y cuyo artículo 49 establece lo siguiente: 
*' La proporcionalidad de la representación 
" será la regla en todas las elecciones popu- 
'' lares, a fin de dar a cada opinión, un nú- 
" mero de representantes proporcional al 
" númicro de sus adherentes, según el siste- 
" ma que, para la aplicación de este princi- 
" pió determine la ley". No puede caber duda 
alguna, que estos principios deben ins- 
cribirse en la Constitución. En ella se esta- 
blecen las leyes fundamentales de un pueblo. 
Nada más fundamental, nada más impor- 
tante, que garantir la verdad y libre expre- 
sión del sufragio. 'Sin esa verdad, el régi- 
men representativo es una falsificación, una 
mentira la democracia. 



EN LA CONSTITUYENTE 23 

Los insignes constituyentes de 1830, se 
limitaron a proclamar, por mi lado, que la 
"soberanía reside en la nación", y por otro, 
"que todo ciudadano es miembro de la sobe- 
ranía, y como tal tiene voto activo y pa- 
sivo". 

Bllos proclamaron esa verdad. Cien años 
de vida independiente, en aleccionadora ex- 
periencia, revelan — fenómeno general en 
casi todos los pueblos de la América Latina 
— que no basta la simple proclamación del 
principio. Hay que proclamar el principio 
del sufragio libre, pero hay que establecer 
a su lado las garantías para que no sea fal- 
seado y quede convertido en letra muerta. 

Garantir el sufragio es de esencia en toda 
democracia por organizada que esté, pero 
se convierte en necesidad imperiosa y domi- 
nante, cuando se trata de naciones jóvenes 
como la nuestra, y como medio de extirpar 
las revoluciones intestinas y decretar la 
muerte de los gobiernos electores, persona- 
les u oligárquicos. 

De poco o nada valdrá, si esas garantías 
se prescriben en leyes ordinarias, tratándose 



24 WASHINGTON BELTRÁN 

de pueblos en formación, en que la opi- 
nión pública no tiene sobre los gobernantes, 
la fuerza decisiva que ejerce en las nacijnes 
de larga vida libre. Escribir los preceptos 
fundamentales del sufragio en leyes ordina- 
rias, es entregar esas garantías al azar de 
los intereses, a las veleidades de la pasión 
subalterna, a las momentáneas convenien- 
cias de partido o de círculo. 

Se debe grabar, pues, en la Constitución, 
esas garantías primordiales, que aseguran 
la verdad de la democracia. 

Sus bienes materiales y morales serán in- 
calculables: daremos a los ciudadanos el 
medio para que expresen de modo real su 
voluntad : para que se gobiernen e impongan 
sus anhelos : para que el carácter se perfec- 
cione y el espíritu se ennoblezca y el cora- 
zón se haga viril en la práctica incesante 
del derecho. 

III 

I.*" INSCRIPCIÓN OBLIGATORIA EN EL 
REGISTRO CÍVICO 

Vuestra Comisión se cree relevada de ha- 
cer mayores razonamientos para probar la 



EN LA CONSTITUYENTE 2$ 

eficacia de la inscripción obligatoria, pues 
el país ha experimentado la saludable exce- 
lencia de esa medida. 

Del punto de vista doctrinario, no cabe 
duda, que la inscripción debe ser obligato- 
ria. Ya se está de vuelta de la teoría consti- 
tucional que el sufragio es un derecho ex- 
clusivo del ciudadano. Mejor que derecho 
cabe establecer, que es un " deber ", — de- 
ber inexcusable de contribuir a la forma- 
ción de los poderes públicos. Salta a la 
vista que el sufragio no puede ser equipa- 
rado a otros derechos individuales. 

Interesa al ciudadano el ejercicio del su- 
fragio, pero más que a él, o tanto como a 
él, le interesa a la sociedad que lo ejerza. Si 
los ciudadanos se abstienen, si fuertes nú- 
cleos de opinión no intervienen en la desig- 
nación de los poderes públicos, el régimen 
representativo está falseado, los países frente 
a crisis angustiosas precursoras de obscuro 
porvenir. 

La inscripción obligatoria es sobre todo 
más indispensable en los pueblos de la Amé- 
rica latina. Fenómeno general en toda so- 



20 WASHINGTON BELTRÁN 

ciedad en formación, engendrado por facto- 
res múltiples, es el pesimismo sobre la efi- 
cacia del voto. Desalentados o indiferentes, 
núcleos poderosos de opinión han permane- 
cido ágenos a las luchas del comicio, cre- 
yéndose derrotados de antemano, y segura 
la victoria del gobierno elector. 

Aun cuando los partidos, en un nuevo 
empeño y abriendo el espíritu a la esperanza 
volvieran a la lucha, la realidad demos- 
traba que el esfuerzo, cercenado en su vigor 
por la escasez de la fe, era precario y fugaz : 
se concretaba a llevar adeptos a las urnas. 
Entonces se veía a miles de ciudadanos, 
que en el contagio del entusiasmo con sus 
correligionarios deseaban votar, no podían 
hacerlo, por no hallarse inscriptos en los pa- 
drones electorales. 

A la vez, mal grave en el país ha sido la 
indiferencia de respetables fuerzas de opi- 
nión, compuestas por hombres de trabajo. 
¿A qué votar, decían, si, por un lado, ellos 
no eran políticos, y por otro, el votar los 
malquistaba con las autoridades si sus su- 
fragios iban contra la lista oficial? 



EN LA CONSTITUYENTE 27 

La inscripción obligatoria los arranca de 
esa indiferencia perniciosa. Una vez ins- 
cripto el ciudadano, es casi segura su inter- 
vención en el sufragio. 

Ella es, pues, inatacable del punto de vista 
doctrinario^; inatacable, en la realidad, 
por los resultados excelentes que en la prác- 
tica da su aplicación. 

IV 

2." RIGUROSA PRESCINDENCIA DE LOS FUN- 
CIONÍARIOS POLICIALES Y MILITARES EN* 
TRABAJOS ELECTORALES, BAJO PENA DEI 
DESTITUCIÓN INMEDIATA 

Otro anhelo nacional es que se establezca 
en la Constitución, la rigurosa prescinden- 
cia en trabajos electorales de los funciona- 
rios policiales y militares. 

El cáncer de las democracias latino-ame- 
ricanas, lo constituyen los gobiernos electo- 
res. La policía ha sido instrumento propicio 
para las usurpaciones de la soberanía. 

Las naciones más avanzadas de Europa, 
con la libre Inglaterra a la cabeza, proscri- 
ben la intervención de la Administración 



28 WASHINGTON BELTRÁN 

Pública en los actos del sufragio. No sólo 
no interviene para nada la policía, si que 
llevan su anhelo en defender las libertades, 
hasta prohibir el voto de aquella categoría 
de empleados que, por su número y depen- 
dencia, hacen peligrar la decisión del pue- 
blo. (Lowrence Lowel, "El gobierno de In- 
glaterra", Tomo I, pág. 1/8). 

Y hay que tener en cuenta que se trata de 
una nación con desarrollo profundo del es- 
píritu de libertad, educada en larga práctica 
institucional, con hcábitos cívicos de hon- 
das raíces en el alma de los ciudadanos. 

En nuestro país esa necesidad es impe- 
riosa. He aquí las razones que justifican 
esta medida: 

I.* La policía y el ejército tienen la mi- 
sión de guardar el orden. Salen de su fun- 
ción al embanderarse en la lucha, partici- 
pando en ella de sus ardores, pasiones y vio- 
lencias. No pueden ser garantías imparcia- 
les si pugnan por el triunfo de los unos y 
por la derrota de los otros. Por algo les per- 
mite la ley estar armados frente al pueblo 
indefenso y sin armas. Están armados para 



EN I,A CONSTITUYENTE 29 

garantir el orden y la tranquilidad de los 
habitantes del país: pero ese mismo hecho 
los obliga a ser imparciales, a fin de qiíe} 
los ciudadanos al acercarse a las urnas, ven- 
gan de donde vengan, encuentren en policía 
y ejército, no enemigos, sino una defensa 
contra el atentado, una salvaguardia a la 
violación del derecho. 

2.^ Carecen, también, de la suficiente in- 
dependencia para proceder con libertad. La 
policía, en nuestro país, está militarizada, 
sometida a la severa disciplina del ejército. 
La psicología del soldado es distinta de la 
del ciudadano. En aquél la obediencia es 
la norma : el acatamiento al mandato del su- 
perior, la ley. Salvo excepción contada, el 
guardia civil obedecerá al sargento, como 
éste al comisario, y el comisario al Jefe Po- 
lítico. Ante la orden del Jefe del Estado o 
del Ministro del ramo, todo el engranaje se 
pone en movimiento, y si un tornillo no 
juega, es inmediatamente sustituido por otro 
que se amolde o ajuste bien. 

3.* La intervención de las policías en los 
actos electorales se hace con desmedro de 



30 WASHINGTON BELTRÁN 

la Administración Pública. Convertidas en 
agentes de elecciones, abandonan sus tareas 
primordiales, descuidan las funciones que 
les son propias para entregarse a inscribir 
partidarios, a recorrer las secciones en busca 
de datos, a fiscalizar a los otros ciudada- 
nos para las tachas, a preparar asambleas 
y llevar votantes en las elecciones. 

4.* Se pervierte también la Administra- 
ción Pública. Si no se prohibe esa interven- 
ción, se buscan para los empleos, no al ciu- 
dadano más apto, sino al mejor caudillo 
electoral. 

5." Rebaja la disciplina moral, debiendo el 
superior transar con el inferior en las irregu- 
laridades del servicio, con esa complacencia 
que engendra la solidaridad de causa política 
y la estrecha vinculación creada en torno de 
los mismos manejos electorales. 

6." Policía y ejército usan de una influen- 
cia indebida, influencia que si en parte tiene 
relación con la persona, en mayor parte 
proviene del empleo que ocupan. 

Y resulta el sarcasmo, que se desempeña 
un empleo pagado con los dineros del pue- 



KN LA CONSTITUYENTE 3 1 

blo, valiéndose de ese empleo para dificultar 
a los ciudadanos el ejercicio de la función 
primordial para la democracia. 

7.'' Lejos de ser esta prohibición una res- 
tricción a los deredhos individuales, consti- 
tuye medida saludable para hacer que los 
derechos de la gran mayoría de los ciudada- 
nos puedan ser ejercidos libremente. A una 
ínfima minoría se le limita sus derechos, 
para asegurar el goce de los derechos de la 
casi totalidad de los habitantes del país. 

V 

3.° VOTO SECRETO 

Los contrarios al sistema proporcional en 
Francia, en tono de reproche, afirmaban, 
que la representación proporcional no venía 
de ''las fuentes profundas": surgía de la 
élite intelectual, sin que el pueblo la hubiese 
refrendado. 

Si no existieran razones doctrinarias y la 
experiencia de casi todas las naciones de 
Europa y las principales de América en fa- 
vor del voto secreto, habría que establecerlo 



32 WASHINGTON BELTRAN 

por una razón decisiva: porque el país lo 
exige. 

Esta conquista y la representación pro- 
porcional, en nuestra tierra vienen de "las 
fuentes profundas" : el pueblo quiere esas 
reformas : un vivo anhelo las reclama. Nunca 
está más tranquilo el constituyente que 
cuando el principio que considera bueno en 
doctrina, lo sabe, de antemano, refrendado 
por la opinión nacional. 

El voto secreto, — instrumento de libe- 
ración de todos los oprimidos — ha dado la 
vuelta al mundo: privilegio que sólo alcan- 
zan las instituciones cuya bondad nadie dis- 
cute. 

* Inglaterra, proclama y reglamenta el voto 
secreto en el Act de i8 de Julio de 1872; 
Rumania, con el sobre combinado con el 
"isoloir", por ley 20 de Junio de 1884; Ale 
manía, sistema análogo al rumano, estable- 
cido para la elección de los miembros del 
Reischtag, por ley 27 de Abril de 1903; 
Francia, por ley de 1910, con la triple ga- 
rantía del sobre, del "isoloir" y de los man- 
datarios de los partidos en lucha contralo- 



EX LA CONSTITUYENTE 33 



reando todos los actos del sufragio, habiendo 
sido votada en la Cámara de Represen- 
tantes el 29 de Octubre de 1904 por 250 vo- 
tos contra 24; Italia, para las elecciones polí- 
ticas, por ley 26 de Junio de 1913, y para 
las elecciones administrativas por ley 2 de 
Junio de 1914; Bélgica, por ley 9 de Julio 
de 1877, inspirada en el Act de Inglaterra, 
y por leyes posteriores corrigiendo las im- 
perfecciones en un afán incesante de asegu- 
rar la inviolabilidad del secreto. 

También tiene el voto secreto Australia, 
— cuna de esta innovación — donde ha 
dado excelentes resultados. 

En América lo han incorporado a su 
legislación, Estados Unidos, la República 
Argentina y recientemente el Paraguay. 

El voto secreto hace vano el esfuerzo de 
los corruptores del sufragio. En Norte 
América y en la República Argentina con- 
cluyó con la venalidad del voto. 

" El secreto — dice Florentino González 
" — es una garantía contra la corrupción, 
" porque los que emplean el medio inmoral 
" de comprar los votos de los electores, no se 

3. 



34 WASHINGTON BEI^TRAN 

" atreverán a comprarlo por temor de ser 
" engañados, no habiendo modo de cercio- 
" rarse si los que aceptan un precio por su 
*' voto, cumplen o no las promesas que les 
" hayan hecho de darlo en favor de las per- 
" sonas que se les haya designado. El secreto, 
** privando al corruptor del medio de 
'' averiguar si se le cumple o no lo que se 
'* le haya prometido, es, por lo mismo, una 
" garantía positiva de la independencia del 
"elector." — (Florentino González, *'Dere- 
cho Constitucional", pág. 140). 

Cierto que Aréchaga, aun cuando no es 
contrario del voto secreto (''Libertad Polí- 
tica", pág. 321), dice que él no impide en 
absoluto en Norte América, la venta del 
voto, pero esa opinión, tan decisiva y valiosa 
en otros sentidos, carece de fuerza en el 
caso: i.° porque escribía al respecto hace 
muchos años, cuando no estaba generali- 
zada la experiencia sobre el voto secreto 
perfeccionado; y 2.° porque su aserto está 
contradicho por opiniones de hombres res- 
petables, que han escrito — no por lo que 
dicen otros textos constitucionales, — sino 



EN LA CONSTITUYENTE 35 



que han emitido juicio, observando en Es- 
tados Unidos personalmente, los hechos. 

Carlos Pellegrini, en una corresponden- 
cia escrita a la " Nación " de Buenos Aires, 
en 6 de Enero de 1905 decía: "En Estados 
** Unidos, la misma venalidad invadió todos 
" los estados y el five dollar vote, el voto 
" de cinco dollars, era ofrecido pública- 
" mente por empresarios electorales. 

*' Bl abuso se cor rigió por el sistema del 
''voto secreto y una penalidad severa. Hoy, 
" ese mercado de votos, no existe. Hay;, 
''pues, que imitar estos ejemplos''. — ( Pe- 
llegrini. " Discursos y Escritos ", página 
400). 

La misma opinión que no puede ser sos- 
pechada de parcial, afirmando que el voto 
secreto concluyó con la venalidad del sufra- 
gio en Estados Unidos, la emite el Minis- 
tro del Uruguay en Washington, doctor 
Carlos María de Pena, en informe diri- 
gido al Ministerio de Relaciones Exterio- 
res, y que acaba de aparecer en el Boletín 
de ese Ministerio, en el que expresa lo si- 
guiente : " El voto es secreto y desde que lo 



36 WASHINGTON BELTIL^N 

" es, han disminuido, según los expertos, los 
" casos de violencia, de compra de votos y 
" fraudes sobre la identidad de la persona, 
'' y la repetición de votos de diferentes me- 
'' sas " (" Boletín del Ministerio de Relacio- 
" nes Exteriores ". Enero de 191 7. — Tomo 
V, N.^ i). 

Se sabe, también, que. uno de los efectos 
saludables del voto secreto en la República 
Argentina y con especialidad en la ciudad de 
Buenos Aires, fué concluir con la compra 
de votos. 

Saenz Peña — que ganó la inmortalidad 
por haber dado en la ley y asegurado con su 
lealtad de repúblico, los medios para que e1 
pueblo se gobernase a sí mismo, — decía al 
establecer el voto secreto: "El voto secreto 
" mata la venalidad, y al desaparecer el mer- 
" cenario, los ciudadanos llegarán a posicio- 
' nes por el concurso de las voluntades 
" libres. Los candidatos se harán tales por 
" sus títulos y méritos, no por concesión de 
" nadie, sino por resolución de todos. Y 
*' habrá sanciones políticas, porque en lugar 
" del favor del gobernante, será la opinión 



EN LA CONSTITUYANTE 



" pública la requerida, lisonja esta última 
'" que no deprime, porque se traduce en ser- 
" vicios y virtudes". — (Manifiesto del 
Presidente al pueblo de la República, Fe- 
brero 28 de 1 912). 

En cuanto al resultado de la aplicación 

del voto secreto en la República Argentina, 

he aquí como lo concreta Saenz Peña : " Esa 

" ley ha recibido su bautismo cívico y ha 

" logrado destruir en fausto día, al fraude y 

" a la violencia, al corruptor y al mercena- 

" rio, que son degeneraciones del civismo. 

"¿Cómo la ley ha defendido del tráfico, la 

" honrosa prerrogativa de la ciudadanía? 

''¿Cómo la puso fuera del comercio? Vol- 

" viendo el voto invisible como el anillo de 

*' la fábula, lo que vale ceñir espesa venda 

" sobre los ojos de la plutocracia, impidién- 

*' dolé el examen de la mercadería. No se 

*' compra lo que no se ve, y cuando se omite 

'' el buen precepto, resulta lo que se afirma : 

" que no se ha comprado nada, que si hubo 

'' algunos votos pagados, no hubo votos ven- 

" didos ". — (Mensaje de Apertura del 51.'' 

Período Legislativo, 7 de Junio de 1912). 



38 WASHINGTON BELTRÁN 

En la sociedad moderna se explica que 
deba establecerse el sufragio secreto. La 
condición esencial del voto es que, en el mo- 
mento de emitirse, esté libre y sin trabas la 
conciencia. Con el voto público esa libertad 
es imposible. Casi todos los hombres están 
ligados, en íntima vinculación, unos a otros, 
por intereses y necesidades, de modo tal 
que tienen presionada o restringida la libre 
emisión^ de su pensar. De ahí que, esta re- 
forma, la reclamaron en Europa insistente- 
mente, todas las clases proletarias. Apenas 
sancionado el voto secreto ellas se vieron 
mejoradas en su suerte, aumentando consi- 
derablemente su representación, lo que se 
tradujo en leyes de protección social. Fué lo 
que ocurrió en Alemania. 

Comentando el resultado del voto secreto 
con respecto a los obreros, dice André La- 
croix: "En las últimas elecciones del 
*■ Reischtag, el sufragio en favor de los can- 
'' didatos socialistas ha aumentado de golpe 
" en más de un tercio. Era la primera vez 
" que se votaba después que el sistema ale- 
" man del secreto del voto había sido insti- 



EN LA CONSTITUYENTE 39 

" tuído. Los jefes del Partido Socialista han 
" atribuido la mayor parte de este repentino 
" aumento de sufragios, no al desenvolvi- 
" miento de la propaganda, sino a las me- 
'' didas tomadas para asegurar la indepen-' 
" dencia de los electores. Obreros ganados 
" desde hacía tiempo a las ideas de la Social- 
" democracia, pero que, hasta entonces, no 
" habían podido sustraerse a la presión de 
'' los patrones, por la primera vez habían 
" podido votar sin riesgo, en favor de los 
'' candidatos de su elección ". ( André La- 
croix — " Revue Politique et Parlameni 
taire". — Tomo 47, página 307). 

Estos dos grandes beneficios del voto se- 
creto, de impedir la compra de votos y libe- 
rar a los obreros de la opresión del patrón, 
son de relativa importancia en nuestro país, 
por la razón sencilla que si se producen, son 
hechos aislados, pero no vicio orgánico de la 
Nación, como ocurría en los países de pode- 
rosa organización industrial. Con todo, si 
esos vicios no existen en el presente, la in- 
corporación del voto secreto a la Constitu- 
ción, impide que se arraiguen en lo futuro. 



40 WASHINGTON BERTRÁN 



En cambio, bajo otra faz, tiene el voto 
secreto importancia evidente en el país. El 
mal del Uruguay, como el de muchas otras 
democracias latino - americanas, está en los 
gobiernos electores. Esto tiene repercusión 
íntima no sólo en la vida política del país, 
que ya, por eso solo, sería mal bastante: 
tiene, lo que es más grave, resonancia fu- 
nesta en la vida económica, y lo que es peor 
aún, en los valores morales de la raza. 

Falseado el voto, queda subvertido el 
régimen representativo, roto el equilibrio de 
los poderes, entronizado el dominio perso- 
nal, oscilando los países, salvo relámpagos 
fugaces, entre el despotismo y la anarquía, 
la desesperación o el desaliento. 

El voto secreto, junto con otras garantías, 
defiende al pueblo de ese poder avasallador 
de los gobiernos electores. Libera a miles de 
empleados subalternos, modestos funciona- 
rios que, con el voto público, deben pasar por 
la tortura de sufragar la lista oficial, aun 
cuando abriguen otras preferencias ciuda- 
danas. 

Las objecciones que en el país se han hecho 



EN LA CONSTITUYENTE 4I 

contra el voto secreto son insubsistentes. 
Pasémoslas rápidamente en vista : 

i.° Desfibra la raza y envilece a los hom- 
bres, al hacerlos hipócritas. 

Que desfibra la raza es un error inconce- 
bible. Lo prueba el hecho que las naciones 
más civilizadas de la tierra, los pueblos más 
viriles, con poderosas reservas morales, lo 
tienen incorporado a su legislación. Puede 
afirmarse, como se ha demostrado anterior- 
mente, que en las naciones de Eupora la 
regla es el voto secreto, la excepción el su- 
fragio público. 

Que envilece a los hombres, al hacerlos 
hipócritas, es otra afirmación inexacta. 

Hay, sí, una hipocresía que el sufragio 
secreto mata : no la hipocresía de los votan- 
tes, sino la hipocresía de los gobiernos elec- 
tores, que fingen, simulan y presentan ma- 
3'orías de sufragios que no tienen en la rea- 
lidad de los hechos, en el fondo de la con- 
ciencia de los ciudadanos. 

El voto público hace a los hombres dos 
veces hipócritas: hipócritas, al afiliarse en 
el club para obtener un medro o una pre- 



42 WASHINGTON BELTRAN 

benda: hipócritas, al depositar en la urna el 
voto por una lista que en lo íntimo repudia. 

En cambio, el voto secreto impide esta 
última hipocresía: lo deja a solas con su 
conciencia, reasumiendo su dignidad de 
hombre, frente a sus convicciones y a los 
intereses de su pueblo. 

2.° El segundo argumento que se formula 
en contra del voto secreto, es que él siempre 
puede ser violado. 

Esto no es verdad. Lo revela la experien- 
cia europea. 

Lo revela la misma experiencia realizada 
en el país, en las elecciones del 30 de Julio. 
La regla general es que el secreto perma- 
nezca inviolado. Podrá, en ca-so aislado,' 
violarse ese secreto: pero ello, lejos de ser 
argumento para proscribir el ins'tituto, lo 
único que sirve, es para revelar que debe 
trabajarse con empeño a fin de perfeccio- 
narlo, para que cumpla su misión de ase- 
gurar la libertad del votante. Es lo que ha 
ocurrido en Bélgica. Incorporado a la legis- 
lación hace cuarenta años, se han dictado 
leyes sucesivas para garantir cada vez más 



EN LA constituyentí; 43 

el secreto, corrigiendo imperfecciones, vicios 
y fraudes observados en la práctica. Merced 
a ese esfuerzo tenaz y patriótico, Bélgica( 
presenta en la materia, la primera legisla- 
ción del mundo. 

3." Finalmente, se ha objetado al voto 
secreto, que al no permitir saber quiénes! 
son los leales, aleja de las actividades de los 
clubs a los buenos partidarios. 

Esto, más bien que objección, es argu- 
mento favorable a la incorporación del voto 
secreto. El partidario convencido, el hom- 
bre enamorado de un ideal, luchará por él, 
por su éxito, de todos modos. Acaso la im- 
plantación del voto secreto lo obligue a re- 
doblar energías, a hacer más honda, persua- 
siva y constante la propaganda, a predicar 
el ideal más levantado, para ganar, no apa- 
rentemente a las conciencias, sino de modo 
verdadero. 

A la vez, la implantación del voto secreto 
tiene la ventaja de incorporar al acto del 
sufragio a millares de hombres de labor, 
fuerza sana y necesaria: ajena a las pasio- 
nes ardientes de la lucha, elemento mode- 
rador que debe intervenir en el sufragio. 



44 WASHINGTON BEI^TRAN 

No hay por qué insistir en mayores argu- 
mentos al respecto. La composición de la 
Honorable Constituyente es el argumento 
más decisivo que prueba la fuerza del voto 
secreto. Por primera vez en el país, durante 
un siglo de vida independiente, el gobierno 
se vio derrotado. Ochenta y siete mil sufra- 
gios obtuvieron los partidos populares con- 
tra cincuenta y siete mil. Suprimido el voto 
secreto para las elecciones ordinarias, cinco 
meses después, con voto público, salía triun- 
fante nuevamente el gobierno. 

Sobre la bondad del voto secreto, hay, 
pues, en el país, lo mismo que en diez de las 
primeras naciones del mundo, cosa juzgada. 

El veredicto de la opinión exige que se le 
incorpore al Código Fundamental de la Re- 
pública. 

VI 

4." REPRESENTACIÓN PROPORCIONAL 

El régimen de la democracia representa- 
tiva descansa en tres fundamentos sólidos: 
la libertad del elector; la igualdad del ciu- 



EN LA CONSTITUYENTIÍ 45 

dadano; la representación en las asambleas 
del país, de las fuerzas de opinión, de 
acuerdo con su capacidad numérica. 

Para la libertad del elector establecemos 
el voto secreto. Con el sufragio universal 
proclamamos la igualdad de los ciudadanos. 

Pero ni libertad ni igualdad son bastan- 
tes para asegurar el régimen representativo, 
si las leyes electorales han de ser empíricas, 
basadas en conveniencias políticas, siempre 
mezquinas y subalternas, frente a los man- 
datos imperiosos de la justicia. 

¿Qué vale la libertad del elector, qué vale 
la igualdad del ciudadano, si una ley empí- 
rica cierra a los núcleos de opinión \la en- 
trada en los parlamentos? 
• A la vez, esa misma igualdad queda mal- 
trecha, destruidas las ventajas del sufragio 
universal, si en la realidad de los hechos, 
por un mal sistema electoral, el voto de un 
ciudadano no vale lo mismo que el voto de 
otro ciudadano, pues mientras t,ooi, Ipor 
ejemplo, se llevan diez representantes, 999 
no se llevan ninguno. Y esto ocurre de ma- 
nera brutal en un sistema de sim[)le mayo- 



46 WASHINGTON BELTRÁN 

ría, pero la injusticia, aunque atenuada, 
resulta evidente, en cualquier otro sistema 
empírico que se busque, donde siempre ha- 
brá minorías esclavizadas, ciudadanos pros- 
criptos de intervenir en los asuntos públicos, 
votos que valdrán unos más que los otros. 

La forma más auténtica de la democra- 
cia, en ciertos aspectos fundamentales, era 
aquélla primitiva, en que el pueblo se reunía 
en el Agora y si la mayoría decidía, todos 
los ciudadanos tenían derecho a deliberar 
y hacer oír su voz en los asuntos públicos. 

Aquello podía hacerse en los tiempos de 
vida sencilla y primitiva y en el recinto limi- 
tado de la ciudad. La vasta acción de los 
países modernos; su extensión y vida eco- 
nómica; la ardua y complicada gestión dei 
los asuntos, que requiere cada vez mayor 
capacidad de la que carece el pueblo paraj 
legislar por sí mismo; la lucha por la exis-; 
tencia, recia y porfiada, que obliga a los 
hombres a preocuparse de sus intereses pri-' 
vados en forma primordial: todo ello ha 
engendrado el régimen representativo. 
' Pero el principio de la democracia actual. 



EN LA CONSTITUYENTE 4/ 

en lo que a esto concierne, debe ser el mismo 
principio de justicia que el de las democra- 
cias antiguas: la mayoría decide, pero los 
ciudadanos deben ser escuchados , deben 
tener derecho a deliberar, voz y voto en los 
destinos de su pueblo. Todas las fuerzas, 
vivas de (la nación deben tener entrada en 
sus asambleas, y en proporción exacta de 
su capacidad numérica. La representación 
proporcional es el único sistema que realiza 
esta obra de justicia. 

' Todos los otros sistemas tienen dos de- 
fectos fundamentales, dos defectos que 
conspiran contra la forma representativa 
de una nación: 

1 I.** Que en la realidad de los hechos, no 
son las mayorías las que gobiernan. 

2.° Que a fuertes núcleos de opinión se 
les condena en su propio país al exilio: so- 
portan todas las cargas, pero carecen del 
derecho de tener representantes para ser 
oídos en los asuntos más vitales para el país. 

En la hora actual, sólo un cierto número 
de políticos rechazan la representación pro- 
porcional, y, por excepción, algún contado 



48 WASHINGTON BELTRÁN 

profesor doctrinario. Pero el acuerdo en los 
hombres de ciencia es casi unánime. Los 
más insignes maestros del derecho la pro- 
claman como obra de justicia; economistas, 
matemáticos, filósofos, hombres de Estado, 
pensando en la salud de la democracia, la 
defienden con tenaz energía; las experien- 
cias de Bélgica y de Suiza no pueden ser 
más halagüeñas. 

Barthelemy (^'X'Organisation du suf- 
frage"), demuestra cómo en Bélgica ha 
dado el siguiente resultado: 

I.*'' resultado favorable, que por si sólo 
basta para justificar una reforma: la repre- 
sentación proporcional ha hecho triunfar 
la justicia y la igualdad electorales. 

2.° La representación proporcional ha ci- 
mentado la unidad nacional de Bélgica. 

3.** La representación proporcional [ase- 
gura a los jefes de partido sus bancas. 

4.° La representación proporcional ha con- 
tribuido a pacificar las costumbres electo- 
rales. 

5.° La representación proporcional ha 
contribuido a modificar las costumbres par- 
lamentarias y del gobierno: 



EN LA CONSTITUYENTE 49 

a) La política de cortesía. 

b) La cortesía parlamentaria. 

c) El espíritu proporcionalista en la de- 
signación de las funciones públicas. 

¿Pero acaso necesitamos la experiencia 
extranjera? 

■' ¿No está vivo, resaltante, hablando con 
poderosa elocuencia, el resultado obtenido! 
en nuestro país en las elecciones del 30 de 
Julio? 

No hay necesidad de tomar en cuenta la 
serie de objeciones formuladas entre nos- 
otros contra la R. P., sobre lo poco adelan- 
tado de nuestro medio para esa reforma y 
el complicado mecanismo del instituto, pues' 
en la realidad de los hechos se vio que el 
mecanismo es complicado en teoría, pero 
sencillo y claro en la práctica, y que ningún 
país es nunca bastante atrasado para que 
no pueda aplicarse en él una ley de justicia: 
Es precisamente la injusticia, factor para 
que el pueblo viva en el atraso material y 
moral. La justicia lo dignifica, lo perfeccio- 
na, lo ennoblece. 



50 WASHINGTON BELTRAN 

También en esto vuestra Comisión siente 
fácil el camino al decidirse a incluir ese pos- 
tulado de la democracia en el Código Fun- 
damental de la República. Como el voto 
secreto, el país exige la representación pro- 
porcional. 

La han escrito en su plataforma política 
el Partido Colorado y el Partido Nacional, 
las dos grandes fuerzas políticas del país. 
La exigen, también, los partidos Socialista 
y Católico, contra los cuales es implacable 
la ley electoral vigente. 

En los pueblos de la América latina, la 
representación proporcional es imprescindi- 
ble. Ha de levantar el nivel moral de los par- 
tidos políticos. Los hombres superiores no 
se sentirán esclavos de tutelas extrañas, y 
entrarán a los parlamentos siempre que un 
núcleo de opinión los apoye. 

No quiere esto decir, que la representa- 
ción proporcional divida los partidos : lo que 
hace es impedir el yugo del jefe del Estado 
en el partido que gobierna, y la disciplina 
férrea y cerrada en los partidos del llano. 
Contra el yugo y contra esa disciplina ener- 



EN LA CONSTITUYENTE 5I 

vante es que conspira la R. P. : pero no im- 
pide que en torno de nobles ideales y altas 
inspiraciones, se congreguen las multitudes 
y se formen vigorosos partidos políticos. 

En nuestro país, otro efecto saludable ha 
de producir la representación proporcional: 
suavizar las pasiones, intensas y ardientes 
de nuestra raza: imponer como norma la 
suprema política de la tolerancia. 

Con la representación proporcional ya no 
estará frente a frente, a liquidarse de ma- 
nera bravia, el pleito tradicional de las divi- 
sas; será necesario atender el presente, mi- 
rar al porvenir, saludar con respeto al pa- 
sado, y no encontrar en él solo sombras y 
negaciones y crímenes; nuevas fuerzas en- 
trarán en la liza, y del encuentro elevado 
de las ideas, y de la necesidad imperiosa de 
armonizar y conciliar, han de surgir nuevos 
y claros tiempos. 

No en vano atribuye Barthelemy a la 
R. P., la unidad de la raza belga. Con los 
viejos sistemas electorales, la división de va- 
lones y flamencos se hacía cada vez más 
recia, imponiendo cada uno en la circuns- 



52 WASHINGTON BELTRÁN 

cripción triunfante, su voluntad exclusiva: 
valones con los liberales; con los católicos, 
flamencos. Con la R. P. el parlamento y las 
comunas han tomado aspecto nacional: es 
el país que se gobierna ; son partidos que dis- 
cuten y legislan, y no castas o razas distin- 
tas dentro de un mismo pueblo, que se exe- 
cran y maldicen. 

Finalmente, vuestra Comisión cree, que la 
aplicación de la R. P. en el país importará 
otro beneficio: servir de estímulo a la masa 
neutra para intervenir con su voto en el 
acto del sufragio. Ella le permite que, aun 
sin incorporarse a los partidos tradicionales, 
pueda actuar con eficacia. 

En la enmienda propuesta se establece 
* representación proporcional integral "^ 
dándole a esta última palabra su valor cien- 
tífico. Se quiere que al dictarse la ley res- 
pectiva, no se falsee con mentidas proporcio- 
nalidades, la base de justicia del sistema: 
dar a cada fuerza política el número de re- 
presentantes en estricto acuerdo con su ca- 
pacidad numérica. 

Establecemos la representación propor- 



EN LA CONSTITUYENTE 53 

cional integral, como regla general para 
todos los actos del sufragio. En los casos 
en que esa regla sea derogada al elegirse tal 
o cual poder, se consignará — en su carác- 
ter de excepción — de modo expreso, en la 
Constitución de la República. 

VII 

'' Todas las corporacione;s dk carácter 
electivo que se designen para inter- 
venir en las cuestiones del sufragio, 

, deberán ser elegidas con las garan- 
tías consignadas en este artículo ''i 

De poco valdrían las garantías estableci- 
das anteriormente, si los cuerpos que deben 
intervenir en los actos preparatorios del su- 
fragio y en la elección misma, estuviesen 
formados por miembros de un solo partido 
político. Sería abrir ancha puerta al fraude. 
: El medio de que las conquistas a que se 
refieren los parágrafos anteriores no se 
tornen ilusorias, reside en el contralor de 
los partidos en todo lo que concierne al su- 
fragio. Es esta verdad tan elemental e indis- 



54 WASHINGTON BERTRÁN 

cutible, que vuestra Comisión cree innecesa- 
rio insistir en ella. 

VIII 

"Hasta que no sju dictk la htv ri-gla- 

MENTANDO LA REPRESENTACIÓN PRO- 
PORCIONAL, EL VOTO SECRETO Y LA INS- 
CRIPCIÓN OBLIGATORIA, REGIRÁN LAS 
DISPOSICIONES DE LA LEY DE I.** DE SEP- 
TIEMBRE DE 191 5, EN CUANTO SEAN APLI- 
CABLES " 

Esta es una medida precaucional que 
aconseja vuestra Comisión. 

Ratificadas por el voto popular las en- 
miendas que sancione Vuestra Honorabi- 
lidad, el Parlamento deberá inmediata- 
mente, cumplir con el precepto constitucio- 
nal en que se incorporan estas garantías del 
sufragio. 

Pero, si por cualquier evento, las Cáma- 
ras demorasen la sanción de la ley respec- 
tiva, el país, para las primeras elecciones, 
ya tendría su ley dictada: la misma que sir- 
vió para la elección de la Asamblea Consti- 
tuyente. 



EN LA constituyente; 55 

En síntesis, todos los pre,ceptos cuya san- 
ción aconseja vuestra Comisión, son postu- 
lados nacionales. Su incorporación al Có- 
digo Fundamental de la República, significa 
llevar al país aliento y esperanza: asegurar 
la vida en torno de las urnas: vida que es 
libertad y democracia. 

Montevideo, 13 de Marzo de 191 7. (i) 



(i) Este informe redactado por el autor de este libi-o, 
fué suscrito sin discordia por los representantes en la 
Comisión de Constitución de todos los partidos políti- 
cos, excepto por los miembros colorados oficialistas, de- 
rrotados el 30 de Julio pero dueños del poder, que con 
su ausentismo hacían el "boycot" a la Constituyente. — 
El informe, cuyas conclusiones fueron votadas por la 
Convención e incorporadas al nuevo Código de la Repú- 
blica, fué presentado a la Constituyente, con las siguientes 
firmas: Alfredo Vázquez Acevedo (Presidente) ( nacio- 
nalista), Pedro Manini Ríos (Vicepresidente) (colorado 
anticolegialista), Aureliano Rodríguez Larreta (naciona- 
lista), Martín C. Martínez (nacionalista), Juan Blengio 
Rocca (colorado anticolegialista), Carlos A. Berro (nacio- 
nalista), Hugo Antuña (cívico - católico), Rosalío Rodrí- 
guez (nacionalista), Juan A. Cachón (colorado anticole- 
gialista), Hipólito Gallinal (nacionalista), Germán Roo- 
sen (nacionalista), Washington Beltrán (miembro infor- 
mante) (nacionalista), José Pedro Massera (colorado an- 
ticolegialista), Emilio Frugoni (socialista), Ramón P. 
Díaz (colorado anticolegialista). 



56 WASHINGTON BELTRÁN 

ENMIENDA A LA SECCIÓN II, 
CAPITULO II, DE LA CONSTITUCIÓN 

Enmienda primera — (Al artículo 
9.°) — Todo ciudadano es miembro de la 
Soberanía de la Nación, y como tal es elec- 
tor y elegible en los casos y formas que se 
designarán. 

El sufragio se ejercerá en la forma que 
determine la ley, pero sobre las bases si- 
g^uientes : 

I.* Inscripción obligatoria en el Registro 
Cíviccí. 

2.* Rigurosa prescindencia de los funcio- 
narios policiales y militares en trabajos 
electorales, bajo pena de destitución inme- 
diata. 

3.'^ Voto secreto. 

4.* Representación proporcional integral. 

Todas las corporaciones de carácter elec- 
tivo que se designen para intervenir en las 
cuestiones del sufragio, deberán ser elegidas 
con las garantías consignadas en este ar- 
tículo. 



EN LA CONSTITUYENTE 57 

Hasta que no se dicte la ley reglamen- 
tando la representación proporcional, el 
voto secreto y la inscripción obligatoria, 
regirán las disposiciones de la ley de i.** de 
Setiembre de 191 5, en cuanto sean aplica- 
bles. 



Voto Secreto 



Réplica al señor Constitayente Sosa. — Necesidad impe- 
riosa que las garantías del sufragio no queden libradas 
a la ley ordinaria. — Las Constituciones se reforman 
en puntos concretos y no derribando todo el edifi- 
cio. — Mostrarse partidario del voto secreto y no que- 
rerlo establecer en la Constitución es, dentro de la si- 
tuación política del país, ser en la realidad, adversa- 
río de aquella conquista democrática. — Una anécdota 
de Macaulay. — El voto secreto en Alemania. — As- 
piración del proletariado prusiano. — La opinión del 
Canciller Benthmann Holleweg. — El voto público 
sostén de la monarquía. — Robespierre partidario del 
voto público. — Nuestro medio ambiente. — La em- 
pleomanía y la burocracia : arma de los gobiernos 
electores. — Refutación de los argumentos sobre la res- 
ponsabilidad del elector y la cobardía fomentada por 
el voto secreto. — Síntesis de las ventajas del voto 
secreto. — Combate la abstención. — Impide la compra 
del voto. — Perfecciona la administración pública. — 
Asegura la mejor formación de los gobiernos. — Le- 
vanta la moral de la raza. — Libera a los oprimidos. 



Convención Nacional Constituyente 



SESIÓN DEL 26 DE MARZO DE I9I7 



- Sr. Beltrán (don Washington). — En 
mi carácter de miembro informante de la 
Comisión de Constitución, me creo obligado 
a pronunciar algunas palabras contestando 
los argumentos formulados por el señor 
constituyente Sosa. 

Comenzó el señor constituyente Sosa por 
hacer crítica a la obra de la Comisión, di- 
ciendo que habíamos empezado por la azo- 
tea en vez de hacerlo por los cimientos. Esta 
es una idea completamente original y nueva. 

Jamás había oído decir que los asuntos re- 
lativos al sufragio fueran cuestión secunda- 
ria, significando iniciar la obra por la 
azotea de un edificio. 

' El más elemental de los textos de Dere- 
cho Constitucional empieza en su primer ca- 
pítulo hablando del sufragio; y todos ellos. 



02 WASHINGTON DELTRÁN 

a una, repiten la frase vulgar que el sufra- 
gio es la base de la democracia representa- 
tiva. Es esto tan importante, tiene tanta tras- 
cendencia en la vida de las naciones, es tan 
fundamental todo lo que concierne al su- 
fragio, que hace más de un siglo, Montes- 
quieu, una opinión que a pesar del tiempo 
no ha perdido su autoridad, decía " que de 
la manera de reglamentar el sufragio de- 
pende la salud o la muerte de un Estado ". 

El señor constituyente Sosa manifestaba, 
también, que los constituyentes del año 30 
habían sido más previsores que nosotros, al 
hacer una declaración general sobre el sufra- 
gio libre. 

Los constituyentes del año 30 se encon- 
traron en una situación sumamente difícil: 
tuvieron que imaginar to<Ío lo que iba a ve- 
nir; no había experiencia; no había tradi- 
ciones: el país surgía recién de la lucha por 
la emancipación. 

Nosotros nos encontramos en una situación 
más favorable que los constituyentes del año 
30: tenemos a nuestras espaldas la experien- 
cia de todo un siglo de vida independiente, 



EN LA CONSTITUYENTE 63 

de todo un siglo de infortunios, de angustias, 
de dolores y amarguras por conquistar el su- 
fragio libre. Insensatos seríamos — y no 
tendríamos perdón de Dios — si echáramos 
en saco roto esa experiencia que tantos do- 
lores ha costado a la patria, y no establecié- 
ramos ahora, de una manera definitiva, 
honda, inconmovible, las bases que aseguren 
el reinado de una democracia y los funda- 
mentos de una República auténtica, verda- 
dera. 

(¡Aluy bien!). 

Decía el señor Sosa que tampoco podía 
opinar sobre este punto, porque habíamos 
enviado las enmiendas y adiciones por capí- 
tulos separados, y que era menester, para 
poder pronunciarse sobre las bases del su- 
fragio, conocer la obra en conjunto de la 
Constitución. Este, también, es un argu- 
mento completamente deleznable, que no re- 
siste al simple análisis. ; 

En primer lugar, la Comisión de Refor- 
ma, al enviar separadamente los capítulos 
que ha estudiado, se pone dentro del criterio 



64 WASHINGTON BELTRÁN 

de la Constitución de la República: se pone 
dentro del mismo criterio sentado por la Cá- 
mara que hizo las reformas de los últimos 
artículos y de cuya Cámara formaba parte 
el señor constituyente Sosa. 

Los últimos artículos reformados en 1912 
establecen que la reforma se hará por en- 
miendas y por adiciones. Ahora, en los tiem- 
pos que corremos, ya nadie cree que se debe 
reformar una Constitución desde la base a 
la cúspide: que se echa abajo todo un edifi- 
cio y se construye de nuevo. No; se reforma 
un punto concreto, determinado artículo. 

Mi ilustre amigo, el doctor Martínez, re- 
cordaba hace dos o tres días en la Comisión 
de Reforma, que la Constitución de Norte 
América se mantiene intacta y ha sido re- 
formada en puntos concretos por enmiendas 
y por adiciones. Hace poco recordaba el doc- 
tor Martínez c[ue en esa discusión se refor- 
mó un artículo concreto en cuanto al im- 
puesto progresivo. La Constitución Norte- 
americana establece el impuesto proporcio- 
nal. La Cámara dictó una ley estableciendo 
el impuesto progresivo; la Corte declaró 



KN LA CONSTITUYKNTE 65 

inconstitucional la ley y entonces se reforme» 
la constitución de Norte América tan sólo 
sobre ese punto concreto, 
í La Constitución argentina también se ha 
reformado por artículos determinados: una 
vez para los derechos de exportación y otra 
vez para aumentar el número de los Minis- 
tros. 

Yo recuerdo que la Constitución de Bél- 
gica se reformó en 1893 para establecer en- 
tre otros puntos relativos al sufragio, el voto 
obligatorio. De manera que es criterio acep- 
tado hoy en día que se puede modificar tai 
o cual capítulo de la Constitución de la Re- 
pública, separadamente. 

Además, señor Presidente, si nosotros 
aseguramos — y lo admite también el señor 
Sosa — que la representación proporcional^ 
el voto secreto, la inscripción obligatoria, ga- 
rantizan la libertad y la verdad del sufragio^ 
¿qué inconveniente hay en ponerlos en la 
Constitución de la República? ¿Necesitamos 
acaso saber si el Poder Ejecutivo ha de te- 
ner tales o cuales facultades; si debemos 
dar o no autonomía a los Municipios; si 



66 WASHINGTON BERTRÁN 

el Poder Judicial debe ejercer estas u otras 
funciones para sentar ya las bases que asegu- 
ren ]a verdad del sufragio y la independen- 
cia del voto de los ciudadanos? 

Decía también el señor constituyente Sosa 
que no se explica la prohibición a las auto- 
ridades policiales y el ejército para interve- 
nir en los actos electorales y que no sabía 
si se les prohibía también el derecho del su- 
fragio. 

El derecho del sufragio está legislado en 
el capítulo siguiente, que informó mi distin- 
guido colega el doctor Cachón, sobre suspen- 
sión de la ciudadanía. 

En cuanto a poner en la Constitución de 
la República la prohibición a los militares 
y policía en los trabajos electorales, me pa- 
rece que es de una conveniencia indiscutible, 
que rompe los ojos. 

(Apoyados). 

¿Cuál es la experiencia en el país?. . . La 
experiencia en el país, la que nosotros hemos 
sentido, revela lo siguiente: En tres sitúa- 



EN LA CONSTITUYENTE 67 

ciones de las últimas, profundamente vincu- 
ladas, todas solidarias, se siguen criterios 
completamente distintos. Primero, en Julio 
de 1910, se dicta im decreto, bajo la Admi- 
nistración del doctor Williman, en el que se 
dice lo siguiente, que como es muy breve, 
señor Presidente y con permiso de la Asam- 
blea, voy a leer : 

*' El Presidente de la República decreta : 
Artículo 1° El personal de policía a que se 
refiere el artículo lo de la ley de organiza- 
ción policial de 6 de Julio de 1874 deberá 
abstenerse de formar parte de Comisiones 
o Clubs políticos, de suscribir manifiestos 
de partidos y, en general, de ejecutar cual- 
quier otro acto público de carácter político 
c[ue no sea necesario para el ejercicio de los 
derechos de la ciudadanía ". 

Bien: por este decreto de 1910 se prohibe 
la intervención de la policía en los trabajos 
electorales. Pasan tres años : se trata de una 
situación con hondas vinculaciones con la 
anterior. El 2 de Julio de 1913, bajo la Ad- 
ministración del señor BatUe, se dicta un de- 
creto en el que se sostiene todo lo contrario. 



68 WASHINGTON BEI^TRÁN 

que dice : " Considerando que no hay incon- 
veniente en que el personal policial, siguien- 
do sus propias inspiraciones, forme parte de 
Comisiones o Clubs políticos y tome parti- 
cipación en los actos partidarios que son una 
de las tantas manifestaciones de la vida na- 
cional '\ etc., etc. — Se permite la interven- 
ción, por este decreto, de las policías en los 
actos electorales. 

Vienen después los sucesos del 30 de Ju- 
lio: este decreto es nuevamente derogado. 

Quiere decir que en nueve años se siguen 
criterios completamente distintos. ¿Podemos 
nosotros dejar esto al capricho o al arbitrio 
de los gobernantes, o a las pasiones de los 
hombres o a las necesidades de los partidos 
políticos? Me parece un profundo, un indis- 
cutible error. 

Señor! Si nosotros creemos que las poli- 
cías no deben intervenir en los actos electo- 
rales, porque ellas están armadas frente al 
pueblo indefenso y sin armas; si nosotros 
creemos que las policías y el ejército deben 
ser guardianes del orden y los ciudadanos 
no deben ver en ellos enemigos, sino que, por 



EN LA CONSTITUYENTE 69 



el contrario, deben ser una salvaguardia 
contra los atentados y una defensa contra 
las violaciones del derecho; si creemos que 
la intervención de la policía pervierte la Ad- 
ministración Pública, porque se busca en- 
tonces el mejor caudillo electoral y no el ciu- 
dadano más apto para el puesto; si creemos 
que se relaja la disciplina moral por esas 
transacciones frecuentes que tienen que ha- 
cer los superiores con los inferiores, obliga- 
dos a esas complacencias por los mismos ma- 
nejos electorales; si estamos seguros de que 
esa influencia es ejercida merced a un em- 
pleo pagado con los dineros del pueblo y no 
a la influencia personal; si creemos que no 
se restringen los derechos individuales, sino 
en un ínfimo número de los ciudadanos para 
asegurarles y garantirles el libre ejercicio 
de la ciudadanía a la totalidad de los habi- 
tantes del país; si nosotros tenemos la con- 
vicción honda y profunda de la justicia de 
esa prohibición, ¿vamos a dejarla librada a 
los intereses de círculo, a las necesidades de 
los partidos políticos, vamos a cometer el 
error de no grabarla de una manera incon- 



70 WASHINGTON BELTRÁN 

movible, sólida y estable en la Constitución 
de la República? 

Decía también el señor constituyente Sosa 
que él era partidario de la representación 
proporcional para la elección del Cuerpo Le- 
gislativo y de los municipios, pero que no 
era partidario de la representación propor- 
cional para la elección de Presidente de la 
República. 

Bien. El hecho que él acepte lo que se dice 
en este artículo, no le impide que sostenga 
su criterio, cuando se trate de la elección de 
Presidente de la República. Aquí mismo se 
dice eso en el informe : sentamos la regla ge- 
neral sobre el sufragio; pero en determina- 
dos casos, para la elección de tal o cual po- 
der, puede hacerse la excepción, y entonces, 
en el respectivo capítulo constitucional, es- 
tablecerse la excepción de un modo expreso. 

En cuanto al voto secreto, noto un tanto 
contradictorio y poco sólido el raciocinio del 
señor constituyente Sosa. Manifestó el señor 
Sosa, en un informe presentado al Cuerpo 
Legislativo, en 14 de Abril de 191 5, sus- 
cripto conjuntamente con el doctor Domingo 



EN LA CONSTITUYENTE 71 

Arena y con el doctor Juan PauUier, que el 
voto secreto es la garantía más eficaz para 
la independencia y la libertad de los sufra- 
gantes, y que está preconizado, — agregaba 
el señor Sosa, — por los tratadistas y por los 
estadistas más escrupulosos y más moder- 
nos. 

Si el señor constituyente Sosa tiene la cer- 
tidumbre que el voto secreto es la garantía 
mayor para garantir la independencia de los 
electores, si cree que los tratadistas y los es- 
tadistas más honrados, más escrupulosos y 
más modernos preconizan esta solución, ¿có- 
mo, señor, negarse a que se implante en la 
Constitución de la República? 

El señor constituyente Sosa, entonces, ar- 
gumentaba así : Puede ser que mañana o pa- 
sado el voto secreto dé malos resultados ; que 
tengamos que sacarlo, y además, aún no se 
ha pronunciado la última palabra al res- 
pecto. 

Esta manera de razonar me trae a la me- 
moria una anécdota narrada por Macaulay 
y que contaba en el Parlamento Argentino 
José Manuel Estrada. Se trataba de un loco 



WASHINGTON BELTRAN 



que recorría las calles de la ciudad comple- 
tamente desnudo, en pleno traje de Adán, y 
llevaba sobre los hombros una pieza de gé- 
nero, esperando, para hacerse el traje, a que 
hubiese aparecido la última moda. 

Nosotros, señores, no debemos proceder 
como el loco de Macaulay; si fuésemos a es- 
perar la última palabra, la última moda en 
materia de instituciones, no haríamos nada, 
porque la última palabra, la última defini- 
tiva verdad, tal vez no salga jamás de labios 
•de los hombres. Y esto, lejos de ser una afir- 
mación de escéptico, es, por el contrario, un 
aserto profundamente optimista: es el con- 
vencimiento arraigado en la marcha ince- 
sante de las ideas; es el acatamiento a las 
leyes, siempre triunfantes y fatales, del pro- 
greso. 

Kí voto secreto, señor Presidente, tam- 
poco puede decirse que sea una novelería, 
desde el momento que hay experiencia al 
respecto. Como se dice en el informe, existe 
•en diez países del mundo, en Inglaterra, en 
Bélgica, en Francia, en Suiza, en Alemania, 
en Italia, en Estados Unidos, en la República 



EN LA CONSTITUYENTE 73 

Argentina, y también lo hemos experimen- 
tado nosotros de un modo satisfactorio. 
' Puede decirse que en la actualidad los que 
resisten el voto secreto ?on tan sólo los par- 
tidarios de las fórmulas cerradas y absolu- 
tistas. No hay ningún espíritu republicano 
que pueda negar las excelencias del voto se- 
creto. 

Es interesante lo que ha ocurrido en Ale- 
mania con respecto al sufragio secreto. Allí 
hay dos Estados importantes, el de Bruns- 
wick y el de Prusia, en donde es muy resis- 
tido el voto secreto por parte del Gobierno. 
En Prusia ha sido una ardiente aspiración 
de las clases proletarias. Para conquistarlo 
corrió sangre en las calles de Berlín: tres- 
cientos hombres quedaron heridos y muertos 
en la famosa Avenida de los Tilos. Cuando 
el Langdat prusiano negó el voto secreto, 
había que ver el tono que tomó la prensa de 
Berlín. Un diario, el " Berliner Tageblat " 
decía que comprobaba con melancolía que 
se había negado el voto secreto. Y el " Wo- 
wartz " — el órgano de los proletarios, — 
concretaba su opinión sobre la materia en 



WASHINGTON BELTRAN 



esta frase sintética. " Esa negativa es una 
declaración de guerra al pueblo prusiano ". 

Es interesante saber por qué razón el ac- 
tual Canciller de Alemania, Belthmann 
HoUewg, en un discurso pronunciado en Fe- 
brero de 1910, se negaba al establecimiento 
del voto secreto en Prusia. Decía Belthmann 
Hollewg: "Somos contrarios al voto secre- 
to que favorece el terrorismo de los socialis- 
tas hacia los electores burgueses ". Esto me 
hace acordar a los que combaten aquí el voto 
secreto porque favorece a la venalidad y a 
la compra de votos. "Es menester — agre- 
gaba el Canciller — mantener el carácter 
individualista del reino prusiano, el carác- 
ter personal del Langdat prusiano. Gracias 
a él hemos podido contribuir a la formación 
del Imperio ". 

Y otro elemento, sostén de la Monarquía, 
el general Wartensleben, conde de Wedel, 
decía : " Cambiar cualquier cosa del sistema 
electoral, es aniquilar poco a poco el apoyo 
sólido de la Corona ". 

Quiere decir, pues, que en Prusia se de- 
fiende el voto público para mantener el ca- 



í;n la constituyente 75 

rácter personal del Parlamento Prusiano, 
que es el apoyo sólido del Imperio. 

Es también interesante recordar por qué 
Robespierre com'batía el voto secreto. 

Decía Robespierre que '' El voto público 
es el apoyo de la virtud, la salvaguardia de 
la verdad, el terror del crimen, el flagelo de 
la intriga. Dejad las tinieblas y el voto se- 
creto a los criminales y a los esclavos. Sin 
el voto público, señor, la República no exis- 
te ". Es curioso, y esto nos lleva a hacer psi- 
cología, de que por qué se combate el voto 
secreto. 

Robespierre quería el voto público porque 
era el terror del crimen. Bien es verdad, to- 
dos los señores constituyentes lo saben, que 
Robespierre decía que era enemigo jurado 
de la pena de muerte. . . 

Creo, señor Presidente, que en nuestro 
país se hace indispensable la implantación 
del voto secreto, no sólo por las razones que 
daba en su formidable alegato mi noble ami- 
go el doctor Frugoni, sino también por la 
necesidad imperiosa de liberar a los ciuda- 
danos de la influencia de los gobiernos elec- 



76 WASHINGTON BELTRÁN 

tores. La compra de votos y la presión de 
los patrones sobre los obreros es un fenó- 
meno relativamente escaso en nuestro país; 
pero lo otro no lo es : lo otro es el mal grave, 
el mal endémico de las democracias ameri- 
canas. Yo no sé, — sería cuestión de entrar 
en un estudio sociológico, — pero es fenó- 
meno general en casi todas las naciones de 
América la fuerte tendencia a la empleoma- 
nía que predomina en la raza nuestra. Hay 
ima tendencia decidida al empleo público. 
Falta la iniciativa individual, la iniciativa 
que lleva al comercio, a la industria y a otras 
manifestaciones de la vida. Llegamos, se- 
ñor, a que en nuestro país, como en casi to- 
das las democracias latino - americanas, la 
burocracia tiene una enorme influencia. 
Aquí hay cuarenta mil empleados públicos: 
cuarenta mil personas que estcán vinculadas 
al Presupuesto. De manera, pues, cjue hay 
que asegurar la libertad de esos miles y mi- 
les de empleados, y la manera de asegurar 
la libertad es darles el voto secreto para im- 
pedir que los gobiernos puedan hacer el so- 
borno en los momentos de elección exigién- 



KN LA CONSTITUYIvNTK 7^ 

doles la entrega de la balota o ponerlos, si 
quieren ser hombres y rebelarse, frente a 
frente a la miseria y hacer que se castigue 
con el infortunio y con el dolor a la mujer y 
los hijos inocentes. 

En cuanto al segundo argumento que se 
formula, que es necesario la responsabilidad 
y que por eso es conveniente el voto público, 
yo creo, sin que sea una paradoja, que es un 
error. La verdadera responsabilidad, aunque 
parezca paradojal, está en el voto secreto. 
Señor: si a un modesto peón de Aduana se 
le lleva a votar públicamente, si el Jefe del 
Resguardo lo manda votar y le da la lista 
oficial para que sufrague por esa lista, ese 
hombre cumple con el mandato, pero con- 
vertido en instrumento, en una máquina ; no 
tiene por qué pensar por quién va a sufra- 
gar, obedece porque le va el empleo si se 
resiste; en cambio, si ese mismo obrero, si 
ese mismo empleado de Aduana va a votar 
secretamente y entra en el " isoloir ", hay 
allí otra responsabilidad: se siente entonces 
hombre, decide, ve las listas, piensa, analiza, 
deja de ser instrumento, ya no es máquina; 



WASHINGTON BEI.TRAN 



entonces ese hombre deja que su conciencia 
falle, es responsable de su voto, piensa en 
sus convicciones, en sus ideales, siente con 
su partido, comprende los intereses de su 
pueblo. 

(¡Muy bien!). 

En cuanto a la cobardía, me parece que 
es una simple declamación y que no vale la 
pena de tomar en cuenta ese argumento. No 
hay cobardía en esos hombres humildes, y 
los que obedecen cometen generalmente un 
rasgo de suprema abnegación, en votar por 
la lista oficial. Es un padre cargado de hi- 
jos, que tiene su mujer y que tiene hogar. 
Bien: ese hombre, en una suprema abnega- 
ción, se inmola, se aniquila y se esclaviza a 
sí mismo, sofoca conciencia e ideales, se so- 
mete para que no falte fuego, luz y pan en 
su hogar y a sus hijos. 

(¡Muy bien!). 

' Señor Presidente: para terminar, concre- 
tando, quiero decir en breves palabras, — 
no voy a molestar mayormente la atención 



EN LA CONSTITUYENTE 79 

de la Asamblea Constituyente, — los bene- 
ficios que tiene la institución del voto se- 
creto. 

Primero: combate la abstención. Toda 
una masa neutra de comerciantes, industria- 
les, hombres de trabajo, obreros que están 
vinculados estrechamente a los patrones, vo- 
tan al saber que el voto es libre, que la emi- 
sión del sufragio en nada los compromete. 
Se dice que los países que tienen el voto se- 
creto aumentan el coeficiente electoral. Tomo 
el caso de Bélgica, donde el coeficiente de 
abstención es de un 5 por ciento. En Prusia 
es de un 60 por ciento. 

Segundo: impide la compra del voto. En 
el informe se ha demostrado con documen- 
tos incontrovertibles de autoridades como 
Pellegrini y Sáenz Peña que el voto secreto 
impide la venalidad. Es exacta la frase de 
Sáenz Peña: "El voto secreto pone espesa 
venda sobre los ojos de la plutocracia; nadie 
compra cuando no ve la mercadería que com- 
pra ". 

Tercero: Perfecciona la Administración 
Pública. Con el voto secreto no se recluta- 



8o WASHINGTON BULTRÁN 

rán elementos electorales para los empleos, 
no se buscarán ciudadanos para darles una 
prebenda a fin de que puedan votar por la 
lista oficialista, porque saben que no podrán 
contar con la fidelidad de ellos en el acto de 
la elección. Esto beneficia a la Administra- 
ción Pública, pues la politica metida dentro 
de ella la degrada y la corrompe. 

Cuarto: Asegura la mejor formación de 
los gobiernos. El voto secreto hace que los 
ciudadanos traten de predicar ideales más 
altos, aspiraciones más nobles, más levanta- 
tadas, para conquistar la conciencia, no de 
una manara superficial, sino para conquis- 
tarla de una manera honda, cierta y defini- 
tiva. 

Quinto: Levanta la moral de la raza. A 
la larga, quebrado y muerto se ha de sentir 
el carácter de los ciudadanos con este ince- 
sante y tenaz soborno efectuado por los go- 
biernos electores. Al isegurar la libertad del 
sufragio impedimos este soborno y los hom- 
bres se hacen más viriles y más altivos. 

Sexto: Libera a los oprimidos. A los obre- 
ros los libera de los organismos industria- 



EN LA CONSTITUYENTE 8l 

les ; a los sirvientes del patrón; a los ciudada- 
nos, de los funcionarios; a los funcionarios, 
del jefe del Estado. 

Decía, con razón, Jaurés : " El voto secreto 
es la sola garantía eficaz para los proletarios, 
para los oprimidos, para todos aquellos cuya 
dependencia social contrasta tan dolorosa- 
mente con una soberanía política con harta 
frecuencia ilusoria o amenazada ". 

Señores: para terminar, debo decir que la 
civilización y las ideas modernas han pros- 
crito, por crimen y por infamia, la esclavi- 
tud de los cuerpos. Completemos la obra y 
al escribir en la Constitución de la República 
el voto secreto habremos abolido la esclavi- 
tud de las conciencias. 

(¡Muy bien!). 

(Aplausos en la Sala y en la barra). 



6. 



Intervención en trabajos electorales 



La enumeración de la Constitución no es taxativa. — La 
ley puede extender las prohibiciones de intervenir en 
trabajos electorales a otros funcionarios o autoridades. 
— El parlamento tiene facultad para crear nuevas in- 
compatibilidades. 



CONVENCIÓN NACIONAL 
CONSTITUYENTE 

SESIÓN DEL 30 DE MARZO DE Í9I7 



Sr. Beltrán. — Pero lo que interesa pun- 
tualizar es que la fórmula presentada a la 
consideración de la Constituyente es una 
fórmula de conciliación, una fórmula que 
armoniza el sentir de los representantes de 
todos los partidos políticos. 

En este caso, como en otros, hemos hecho 
tina obra de transacción, de conciliación en- 
tre los representantes de los diversos mati- 
ces de la opinión que se encuentran dentro 
de la Comisión de Reforma. 

Creímos que debíamos establecer expre- 
samente en la Constitución de la República 
la prescindencia de los funcionarios policia- 
les y militares en trabajos electorales, por 
ser ese el mal más grave que aqueja al país 
en esta materia, esto es, porque esa catego- 
ría de funcionarios constituye seria ame-. 



86 WÁSIIINGTOX BELTRÁN 

naza para la verdad y pureza del sufragio. 
Con esto no quisimos decir que otros fun- 
cionarios quedarían con amplia libertad 
de acción para intervenir en política. Por 
eso hemos encontrado conveniente agre- 
gar a este inciso otro que diga lo siguiente, 
y el señor Secretario se servirá tomar" 
nota: 

(Dicta) " La ley podrá extender la prohi- 
bición de estos incisos a otras autoridades ". 
De manera que deja librado a las Cáma- 
ras futuras el que puedan ampliar o exten- 
der las prohibiciones de la Constitución a 
otras categorías de funcionarios cuya inter- 
vención se considere que puede ser un peli- 
gro para la verdad del sufragio. 

En cuanto al otro agregado que propone 
el doctor Ponce de León, la Comisión no lo 
acepta. Considera que ya es bastante con 
poner que serán destituidos los funcionarios 
policiales y militares que falten a su deber. 
Si hacemos las penas demasiado severas, 
pasará lo que ocurre en la práctica con las 
penas demasiado fuertes establecidas en el 
Código Penal, que no se aplican. Está bas- 



EN LA CONSTITUYENTE 87 

tante precisado el espíritu de la Constitu- 
yente al poner "rigurosa prescindencia de los 
funcionarios policiales y militares en los 
trabajos electorales y bajo pena de destitu- 
ción inmediata ". Si se busca algún otro 
subterfugio, será una violación de la Cons- 
titución, pero no está dentro de nuestro 
espíritu, que es prohibir todo trabajo electo- 
ral a los funcionarios militares y policiales. 

En síntesis, señor Presidente, creo que se 
debe votar el inciso propuesto por la Comi- 
sión con este agregado : " La ley podrá ex- 
tender la prohibición de este inciso a otras 
autoridades ". 

Sr. Presidente. — ¿Sin incluir a los ma- 
gistrados? 

Sr. Beltrán ( don Washington ) — No 
se pone en la Constitución de la República 
para no hacer una larga enumeración, aun 
cuando nuestro espíritu es que los magis- 
trados no deben intervenir en la política. 



Voto obligatorio 



El doble aspecto del voto obligatorio: jurídico y político. 

— Concepto del sufragio. — Opinión de Duguit. — 
Opinión de Jellíneck. — El sufragio : deber. — Aún 
dentro del concepto del sufragio como derecho, cabe 
la obligatoriedad del voto. — Opinión de Janson en 
la Constituyente de Bélgica : derecho social. — Otros 
argumentos. — Examen del aspecto político del pro- 
blema. — El fenóiueno general de la abstención. — 
La marea montante del abstencionismo. — Las nacio- 
nes latino-americanas. — Porcentaje de abstención de 
las naciones mejor organizadas : Francia, Inglaterra, 
Suecía, Italia, Suiza, Estados Unidos. — Otros países. 

— Movimiento a favor del voto obligatorio. — Pro- 
yecto de Luzzatti en Italia. — La reforma de Maura 
en España. — Sus resultados. — Los proyectos de 
sufragio obligatorio en Francia. — Países que lo han 
incorporado a su legislación. — El ejemplo de la 
República Argentina. — Otro ejemplo elocuente : la 
experiencia de Bélgica. — Importancia de la reforma 
desde el punto de vista moral. — Refutación de las 
objeciones formuladas en la Comisión de Constitución. 

— El voto secreto pierde en algo su eficacia sino va 
unido el voto obligatorio. — Quid leges sine medíbus. 

— El ideal y la realidad. 



CONVENCIÓN NACIONAL 
CONSTITUYENTE 

SESIÓN n DE ABRIL DE J9I7 



Sr. Beltrán. — El asunto propuesto a la 
Convención por el señor constituyente doc- 
tor Gutiérrez, fué debatido en el seno de la 
Comisión de Reforma. Allí las opiniones se 
dividieron: los partidarios del voto obliga- 
torio perdimos la votación por un sufragio 
de diferencia. De manera que al hablar lo 
hago en nombre propio, o, cuando más, in- 
terpretando el sentir de la minoría de la Co- 
misión. 

Estoy convencido que sería un error pro- 
fundo y lamentable que la Constituyente no 
incorporase al Código Fundamental de la 
República, el voto obligatorio. Nos habría- 
mos quedado en la mitad del camino, y en 
vez de organizar el sufragio de una manera 
amplia y sólida, lo habríamos organizado a 
medias. El voto obligatorio tiene un doble 



92 WASHINGTON BELTRAN 

aspecto: jurídico y político. No entro al as- 
pecto ético de que habla Posadas, porque 
para mí está incluido en la faz política: no 
hay ninguna reforma que pueda ser conve- 
niente si va contra la moral de la sociedad. 

El concepto del sufragio ha evolucionado 
mucho en los últimos tiempos, y, dentro de 
cualquiera de las doctrinas actuales, es in- 
discutible que el sufragio debe ser obliga- 
torio. Para Duguit, el conocido profesor de 
la Universidad de Burdeos, " el elector es 
el titular de un derecho; está, a la vez,' 
investido de una función: de ahí el con-i 
cepto del sufragio de derecho y de función 
a la vez. Siendo el sufragio una función, 
el ciudadano está obligado a votar, como el 
funcionario está obligado a desempeñar 
las funciones de que se encuentra inves- 
tido ". *' Es una función, — agrega Duguit, 
— que se desempeña en interés de la socie- 
dad, una carga que pesa sobre el ciudadano, 
y, por consiguiente, no puede sustraerse 
nadie a esa carga ". 

Por distintos caminos, Jellinek, el profe- 
sor de la Universidad de Heldelberg, llega 



EN LA constituye;ntí; 93 

al concepto de que el elector es un funcio- 
nario. 

Para otros es un deber, desde el momento 
que si fuertes núcleos de opinión se abstie- 
nen y no intervienen en la vida pública, 
queda falseado el régimen representativo y 
herida en su esencia la vida misma de la de- 
mocracia. 

Pero aunque no se acepte el concepto del 
sufragio función o del sufragio deber, aún 
aceptándolo como un derecho, aún asi se ex- 
plica que el Estado pueda imponer la obliga- 
toriedad del voto. 

Asi se demostró en la Constituyente de 
Bélgica de 1893, donde el leader progresista 
Janson sostuvo que el sufragio era un dere- 
cho, pero un derecho que se ejerce en interés 
de la sociedad, un derecho social, y que, por 
lo tanto, la sociedad puede reglamentarlo. 

El doctor Antuña recordaba, con oportu- 
nidad, un argumento que formulan los tra- 
tadistas con respecto al jurado. Si nadie dis- 
cute el derecho que tiene la sociedad de im- 
poner a los ciudadanos el formar parte de 
los jurados, vale decir, que los ciudadanos 



94 WASHINGTON BELTRAN 

intervengan en la ejecución de las leyes, ¿no 
es evidente que la sociedad pueda obligar a 
los ciudadanos a elegir los cuerpos que han 
de dictar esas mismas leyes? Por lo demás, 
la Constituyente ya se ha pronunciado al 
respecto. Ha admitido la inscripción obliga- 
toria, y no me explico en virtud de qué razo- 
nes jurídicas podría rechazar la obligación 
del voto, desde el momento que son dos pro- 
blemas que están íntimamente ligados, de 
tal modo, que forman un solo y único pro- 
blema. 

Bajo el aspecto político, que puede ser el 
más interesante para nosotros, tampoco me 
cabe duda alguna de la conveniencia del voto 
obligatorio. 

Antes de producirse la conflagración ac- 
tual, era intenso el movimiento que existía 
en Europa a favor del sufragio obligatorio. 
Los más altos espíritus, pensando en la salud 
de la democracia, reconocían esta medida 
como saludable. En Europa se observaba, 
antes de estallar la guerra, en las primeras 
naciones, este fenómeno general : que la abs- 
tención iba siempre en aumento. Egoístas, 



EN LA CONSTITUYENTE 95 

escépticos, indiferentes, desesperanzados, 
toda una coalición, un conjunto de senti- 
mientos diversos, pero coincidentes, conspi- 
raban contra la realidad del sufragio. Se 
veían núcleos grandes y poderosos despre- 
ocuparse del acto más vital para la demo- 
cracia. 

La abstención crecía, al extremo que un 
escritor, parodiando la expresión de Garó- 
falo respecto a la criminalidad, hablaba de 
la "marea montante" del abstencionismo. 
Contra este fenómeno, como reactivo contra 
la abstención, ha surgido el voto obligatorio. 

Si la abstención crece y aumenta en las 
naciones de Europa con larga vida libre, si 
allí se considera indispensable el voto obliga- 
torio, es evidente que esa necesidad se torna 
imperiosa en las democracias latino-ameri- 
canas, donde el pueblo no cree en la eficacia 
del voto, burlado una y cien veces por go- 
biernos electores, y donde si el pueblo llega 
una vez a creer en la fuerza del sufragio, 
porque se siente mayoría avasalladora, se 
observa, como ocurre ahora entre nosotros,, 
la tremenda aberración que el Gobierno 



96 WASHINGTON BELTRÁN 

amenaza con la abstención, la abstención 
inconcebible del Poder que dispone de la 
fuerza contra el pueblo que sólo tiene el de- 
recho. 

(¡Muy bien!). 

Es interesante, señores, molestar breves 
momentos la atención de la Convención para 
que se dé cuenta del porcentaje enorme de 
abstenciones que se observa en las naciones 
mejor organizadas del mundo. 

He consultado los datos que trae Mau- 
ricio Block " Europa Politique et Sociale '* 
y Dupriez " Suffrag-ie Universell en Bel- 
gique ", y con breve discrepancia coinci- 
den en las cifras. 

En Francia la abstención es de un 30 por 
ciento. Una sola vez en la te'/cer República, 
en 1877, la abstención fué del 20 por ciento. 
En Alemania la abstención es de 30 por 
ciento; en algunos Estados, del 50 por 
ciento; en Prusia ha llegado hasta el 60 por 
ciento; en Suecia es del 62 por ciento; en 
Italia, el 40 por ciento de abstención, a veces 



EN LA constituyentí; 97 

el 45; en Suiza, el 40 por ciento en las elec- 
ciones de Consejo Federal; en España, antes 
del voto obligatorio, la abstención era del 
30 por ciento; Portugal, 34 por ciento; Es- 
tados Unidos, en las elecciones presidencia- 
les, que son las que despiertan mayor inte- 
rés en el pueblo, la abstención es del 30 por 
ciento; Inglaterra, en aquellas elecciones 
que más agitan al pueblo, la abstención llega 
al 18 por ciento. En nuestro país, lo recor- 
daba en sesiones anteriores el doctor Secco 
Illa, han habido legislaturas, de las últimas 
formadas, por el voto del 18 por ciento de 
los ciudadanos: una abstención de 82 por 
ciento. 

Veamos someramente, para no distraer 
la atención de la Convención, el movimiento 
que existía en Europa a favor del sufragio 
obligatorio. 

En Italia, uno de los más altos cerebros, 
Luzatti, lo preconizó como medida salva- 
dora contra esa formidable abstención del 
40 al 45 por ciento. Presentó un proyecto al 
Ministerio, y debido a la guerra con Tur- 
quía y luego a la conflagración europea ha 



98 WÁSIIIXGTON BELTRÁN 

quedado encarpetado, pero tenía gran am- 
biente, j 

En España existe el voto obligatorio: fué 
una reforma saludable de IMaura, incorpo- 
rada a la legislación en 1907. 

La reforma de Maura dio resultados con- 
trarios a los que él buscaba: creyó que con 
el sufragio obligatorio iba a obtener la de- 
fensa de la monarquía, incorporando a la 
vida política de la nación a la masa neutra 
de elementos netamente conservadores. 

El resultado fué a la inversa: aumentó el 
número de sufragios de los elementos repu- 
blicanos y en algunas comarcas también de 
los elementos socialistas. Y se explica : fué 
Madrid, fué Barcelona, fué Zaragoza, los 
grandes núcleos de población, los que se sin- 
tieron más movidos por la ley del sufragio 
obligatorio. 

Aún los espíritus que se sentían escépti- 
•cos ante esta reforma, como el tratadista 
Posadas, tuvieron que reconocer que el su- 
fragio obligatorio dio buenos resultados en 
España. Antes, las abstenciones eran más 
de un 30 por ciento; después del sufragio 



KX LA CONSTITUYEIXTE 99 

obligatorio, votan en España el 8o por 
ciento. 

En Francia se discutió el sufragio obli- 
gatorio en la Constituyente de 1848 y no se 
logró incorporarlo a la Constitución. 
• Existe el sufragio obligatorio en lo que 
concierne a las elecciones de senador, esta- 
blecido por ley de 1875, y se ve que hay una 
gran diferencia en el porcentaje de votantes 
en esas elecciones donde el sufragio es obli- 
gatorio y en las otras elecciones en que no 
existe la obligatoriedad del voto. 

Se han depositado en la Cámara francesa, 
desde el 75 a la fecha, más de 15 proyectos 
de sufragio obligatorio, y según dice 'Du- 
guit, en cualquier momento será ley de la 
Nación. 

También está incorporado el sufragio 
obligatorio en Baviera, por ley de 29 de 
Marzo de 1881 ; en Badén, por ley de 25 de 
Agosto de 1876; en Dinamarca, por ley de 
12 de Julio de 1867; }" c^'^ Bulgaria, por ley 
de 25 de Agosto de 1882. 

Lo tienen varios cantones suizos; lo tiene 
también la República Argentina; pero el 



lOO WASHINGTON BELTRAN 

país que nos puede servir de ejemplo, donde 
están bien de relieve los efectos del voto 
obligatorio, es Bélgica, esa nación que ahora 
es la primera en la gloria y en el heroísmo., 
como era, en la paz, la primera en la legisla- 
ción y en el derecho. 

En Bélgica puede creer el observador su- 
perficial que era un país donde todo el 
mundo votaba. ¡No! El fenómeno de Bél- 
gica es el mismo fenómeno que el de las de- 
mocracias latino - americanas : el pueblo era 
escéptico, era desconfiado, era indiferente 
frente a la suerte de su país. Nadie votaba. 

En 1840, las abstenciones son del 70 por 
ciento; en 1861 — son datos que suministra 
Barthélemy — en las elecciones de Bruxe- 
las, es el Q2 por ciento la cifra de los ciuda- 
danos que se abstienen: sólo el 8 por ciento 
de ciudadanos eligen los Poderes Públicos. 
Diez años después, en 1871, se abstiene tam- 
bién la mitad de los ciudadanos. 

Veamos los años más cercanos a la im- 
plantación del voto obligatorio: los años 
1880, 1890 y 92, en las elecciones provincia- 
les. En las elecciones de 1880 se abstiene el 



EN LA CONSTITUYENTE lOI 

49.6 por ciento; en las de 1890, el 46 por 
ciento; en las de 1892, el 52 por ciento. Digo 
cifras redondas para hacer más claras las 
citas. En las elecciones de representantes la 
abstención es algo menor. 

Bien. En 1893 se establece en la Consti- 
tución el voto obligatorio, y en 1894 se dicta 
la ley reglamentando la obligatoriedad del 
sufragio. ¿Cuál es el efecto de esa ley? El 
efecto es sorprendente: ese pueblo, que en 
1892 se abstenía el 50 por ciento de los ciu- 
dadanos, implantado el voto obligatoriq, 
vota el 95 por ciento; la abstención es re- 
ducida a un 5 por ciento. Y el fenómeno no 
es, como lo decía en la Comisión algún emi- 
nente compañero, que sólo produce su efecto 
la primera vez; no es verdad: el efecto se 
ha venido sintiendo en Bélgica. En 1894, la 
abstención es del 5.4 por ciento; en 1896, 
es del 7.5; en 1898, es del 5.3; en 1900, es 
del 5.9. Si a estas abstenciones de 5 por 
ciento se restara los muertos, los enfermos 
de gravedad, los obreros que emigran a 
Francia, resulta que en Bélgica la absten- 
ción es nula. En aquellas regiones como 



102 WASIIIN'GTON BI-I^TRAX 

Aíons, donde existe la hulla y la población 
obrera no se ausenta, sino que queda allí, la 
abstención baja todavía del 5 por ciento. 

En Bélgica se notaba también, antes de 
ia implantación del sufragio obligatorio, 
otro fenómeno que se produce en nuestro 
país. La gente creía que al votar hacía un 
servicio al elegido: de ahí que exigiera di- 
nero, ropa y alquiler de casa, vehículos, tra- 
jes, recompensas de todas clases. Vino el 
sufragio obligatorio y todo eso desapareció: 
la gente se dio cuenta que tenía que votar 
no haciendo un servicio a nadie, sino cum- 
pliendo con un deber elemental de ciuda- 
dano. Esto, que parece una cosa pequeña, 
tiene su importancia del punto de vista mo- 
ral : en realidad, ella c[ueda maltrecha si hay 
que pagar a los ciudadanos para que vayan 
a cumplir con lo que es exigencia perentoria 
del patriotismo. 

Las objeciones que se hicieron en la Comi- 
sión de Reforma de la Constitución, — yo 
he meditado sobre ellas y las encuentro 
también insubsistentes, — no convencen. Se 
hacía esta objeción: se decía "la. ley es ine- 
ficaz ■'. 



líN LA CONSTITUYENTE IO3 

En primer lugar, existe una contradic- 
ción seria en argumentar así; porque si se 
considera que es ineficaz el precepto que es- 
tablece el voto obligatorio, para ser lógico 
debería considerarse que es ineficaz el 
precepto que establece la inscripción obli- 
gatoria. 

Si la ley tiene eficacia e influye sobre los 
ciudadanos, estableciendo la inscripción 
obligatoria, obligándolos a que vayan a los 
padrones electorales, la ley debe tener la 
misma eficacia para obligar a los ciudada- 
nos remisos a que vayan a depositar su 
voto en el acto de las elecciones. 

Después se argumentaba también en la 
Comisión de Reforma diciendo; "¡Bah! Las 
penas no se aplican. Se efectúan las eleccio- 
nes, y al ver que un número de ciudadanos 
grande queda sin intervenir en la cosa pú- 
blica, como no se aplican las penas, en las 
elecciones venideras ya nadie va a votar ". 

Esto tampoco es verdad. La experiencia 
de Bélgica revela lo contrario. Las penas se 
aplican. El principio fué incorporado a la 
Constitución de Bélgica, como recordaba, en 



I04 WASHINGTON KELTRAN 

Junio de 1893; y bien: nueve años después, 
en 1902, se hacían procesos sobre abstencio- 
nes. En 1902, 695 personas son absueltas; 
704 sufren reprimendas; 1.182, condena de 
multa. En 1904 instauran procesos: 504 son 
absueltos; 849 sufren reprimendas; 1.150, 
condenas por multa. En 1906, 197 son ab- 
sueltos; 250 sufren reprimendas; 450, con- 
denas de multa. 

Además, todo esto depende de la regla- 
mentación hábil e inteligente que se haga en 
la ley. En España, por la ley de Maura, se 
recargaba, por ejemplo, a las personas pu- 
dientes que no iban a votar, con un 2 por 
ciento en la contribución, hasta que no vol- 
viesen a cumplir con su deber de ciudadano, 
y por cierto que fué eficaz la medida. Tra- 
tándose de los funcionarios, no se les as- 
ciende si no votan, y los ciudadanos, cuando 
reinciden varias veces, como ocurre en Bél- 
gica, no pueden ocupar ningún empleo pú- 
blico durante diez años. Hay, en fin, pena- 
lidades que no son ni muy fuertes ni muy 
leves, que hacen eficaz la obligatoriedad del 
voto. 



EN LA CONSTITUYENTE I05 

La otra objeción que se hacía en la Co- 
misión de Reforma, y que es la que parece 
que más impresiona a algunos distinguidos 
compañeros, es la de que al establecer el su- 
fragio obligatorio le damos un arma a los 
gobiernos. 

Creo que este es un error. En los países 
en que existe el voto obligatorio, el Go- 
bierno no interviene en la aplicación de las 
penas. En Bélgica, son los Jueces de Paz ; en 
España, por la ley de Maura, son las Juntas 
Municipales. 

Además, tiene importancia el argumento 
del doctor Gutiérrez y en que insistió tam- 
bién el doctor Antuña: el arma se la damos 
a los gobiernos si no establecemos el voto 
obligatorio. El voto secreto pierde en algo 
su importancia si no se establece la obliga- 
toriedad del voto. El Gobierno sobre los em- 
pleados; el patrón sobre los dependientes; 
el plutócrata sobre el que está sometido 
a su dominio, pueden hacer que todos ellos, 
si son de ideas contrarias o sospechados, se 
abstengan en las elecciones si el sufragio no 
es obligatorio. 



I06 WASHINGTON BELTRÁN 

Finalmente, se hace el argumento de que 
ésto no debe ser impuesto por la ley, y se 
repite la conocida frase latina : " quid leges 
sine moribus ". 

Es cuestión de costumbre: esto no se im- 
pone por la ley. Cierto que el ideal seria que 
la ley no tuviera que imponer el voto obliga- 
torio; que eso surgiera del fondo mismo de 
las conciencias de los ciudadanos. Yo sé 
también que sólo con un criterio unilateral 
y simplista podría creerse que el fenómeno 
tan complejo de la abstención puede ser 
desarraigado por solo el establecimiento del 
voto obligatorio. Nosotros no decimos eso: 
lo que decimos es que el voto obligatorio es 
un factor eficaz para combatir la absten- 
ción; es un factor que contribuye en el pue- 
blo a formar la costumbre del voto. Pero 
para su éxito completo necesita otros facto- 
res coadyuvantes. 

Para mí, los dos grandes factores coad- 
yuvantes con el voto obligatorio, son la es- 
cuela primaria y la escuela del municipio : la 
escuela primaria difundida por todo el país, 
por millares de establecimientos, llevada a 



líN LA CONSTITUVKNTi: I07 

los extremos más lejanos, inculcando en los 
niños, desde qne su conciencia despierta, el 
concepto de que deben votar y que los ciu- 
dadanos tienen que llenar la función del 
voto con el espíritu alto y sano como si des- 
empeñaran una función sagrada; y la es- 
cuela del municipio, educando a los hombres 
en la práctica del gobierno propio y en la 
grandeza de la vida libre. 

Por estas razones, a nombre de la mino- 
ría de la Comisión acepto la fórmula pro- 
puesta por el constituyente por Paysandú, 
doctor Gutiérrez. 

(¡Muy bien!). 



CONVENCIÓN NACIONAL 
CONSTITUYENTE 



SESIÓN DEL J6 DE ABRIL DE I9I7 



Sr. Maldonado. — El doctor Beltrán 
formulaba, creo, otro argumento que me pa- 
rece también de poca consistencia, a favor 
de la inclusión del voto obligatorio entre 
los preceptos constitucionales. Decía este 
distinguido constituyente, que sin el voto 
obligatorio el voto secreto pierde gran parte 
de su eficacia. Yo creo que el voto secreto 
que tiene la gran virtud de extirpar el 
fraude y la coacción, que permite a todo ciu- 
dadano votar con entera independencia, 
que reintegra a todo ciudadano en la plena 
libertad cívica, pondrá remedio a gran 
parte de nuestros males, a gran parte de los 
males de nuestra vida política. Además el 
voto secreto. . . 

Sr. Beltrán. — Yo, en estas cosas, no 
he hecho afirmaciones en el aire : han sido 



no WASHINGTON BELTRAN 

basadas en experiencias de otros países. 

En Bélgica, por ejemplo. . . 

Sr. Maldonado. — Eso sirve poco; esa 
experiencia de Bélgica tiene muy poco 
valor como argumento. Yo le demos- 
traré. . . 

Sr. Beltrán. — Permítame, señor Consti- 
tuyente. He formado la idea de acuerdo con 
las necesidades del país y dentro del am- 
biente nuestro; pero lo que ha pasado con 
el voto obligatorio lo debo observar en 
Bélgica, y en todo aquello que puede ser apli- 
cable a cualquier medio. 

Bien: antes de 1893 ya estaba el voto 
secreto en Bélgica y no existía el voto 
obligatorio. Entonces era frecuente la 
compra de abstenciones, y eso podrá su- 
ceder en nuestro país. . . ' 

Sr. Maldonado. — Y no cree el señor 
constituyente que... 

Sr. Beltrán. — ... y es un fenómeno 
que puede suceder en cualquier democra- 
cia. Si no hay el voto obligatorio, el patrón 
sobre el obrero que depende de él, sabiendo 
que es contrario, puede decirle que no vaya 
a votar; lo mismo puede hacer el gobierno 



EN LA CONSTITUYENTE III 

sobre los empleados públicos que son nacio- 
nalistas, o socialistas, o colorados indepen- 
dientes. De manera que puede haber la pre- 
sión por amenaza y compra de abstenciones, 
y para evitar eso, se pone el voto obligatorio. 

Sr. Ma!donado. — Pero la compra de 
la abstención se puede hacer bajo el rei- 
nado del voto obligatorio. 

Sr. Beltrán. — Es más difícil. La expe- 
riencia belga demuestra que es mucho 
más difícil. 

Sr. Maldonado. — Es más difícil; pero 
cuando hay interés en hacerlo no se van 
a detener en pequeneces. 

Sr. Ramírez. — No hay procedimiento 
que sea perfecto: pero debemos tratar de 
corregir las imperfecciones. 

Sr. Maldonado. — Pero para corregirlas 
hagamos el ensayo por medio de una ley 
ordinaria. 

Sr. Beltrán. — Las compras de absten- 
ciones que existían en Bélgica han desapa- 
recido casi por completo con el voto obli- 
gatorio. A esa experiencia es a la que yo 
aludía: experiencia perfectamente aplica- 
ble a nuestro medio como a cualquier país. 



112 WASHINGTON BEl^TRAN 

Sr. Maldonado. — Yo tendría que con- 
testar a esta última objeción formada por 
el señor constituyente, doctor Beltrán, ya 
que a ello me obliga su interrupción. Yo 
creo que no es un argumento poderoso ci- 
tar la experiencia de Bélgica, ni la expe- 
riencia de Alemania, ni la experiencia de 
la Argentina, porque ya se ha demostrado, 
y creo que en el seno de esta Constitu- 
yente, que otros factores importantísi- 
mos, interesantísimos, han intervenido e 
intervienen en esos pueblos, contribu- 
yendo a disminuir en grado sensible, las 
abstenciones electorales. 

Sr. Beítrán. — La Argentina es una so- 
ciedad semejante a la nuestra, señor cons- 
tituyente Maldonado. 

Sr Maldonado. — Hay que tener en 
cuenta esa diversidad de factores, esa 
compleja vida política de los países ya ci- 
tados, que no debe ser muy semejante a 
la nuestra. 

Sr. Beltrán. — No cabe duda que deben 
tenerse presente esos diversos factores y de 
ellos me hago cargo. 



EN LA CONSTITUYENTF: IIJ 

Sr. Maldonado. — Por consiguiente, no- 
puede ser un dato seguro, un dato que 
deba ser aceptado en todas sus partes, el 
argumento de lo que pasa en otros paí- 
ses. . . 

Sr. Beltrán. — Bueno: pues le contes- 
taré con lo que ha pasado en el país. 

Sr. Maldonado. — ... y en cambio, ten- 
go a favor de mi tesis la experiencia de mi 
país, lo que ha pasado con el voto secreto, 
el cual no me negará el señor constitu- 
yente, volcó una gran cantidad de ciuda- 
danos en las urnas. . . 

Sr. Beltrán. — Es cierto. 

Sr. Maldonado — ... llegando hasta 
más del sesenta por ciento de los inscrip- 
tos el número de votantes. . . 

Sr. Beltrán. — Pero no prescinda del 
gran factor de la inscripción obligatoria 
que, como lo saben todos los .hombres de 
la campaña, ha sido importantísimo para el 
triunfo de los partidos populares. 

(Apoyados). 



La ley 1.° de Septiembre de 1915 y sus 
complementarios 



CONVENCIÓN NACIONAL 
CONSTITUYENTE , 



SESIÓN DEL 18 DE ABRIL DE Í9Í7 



Sr. Beltrán ( don Washington ). — El 
ilustrado constituyente, doctor Blengio 
Rocca, formula, para oponerse al último 
inciso, dos argumentos. Primero, que la 
Constituyente no tiene facultades para 
poner en vigencia la ley de i.° de Septiem- 
bre de 191 5 y sus complementarias. 

Sr. Blengio Rocca. — Porque eso es 
atribución del Cuerpo Legislativo. 

Sr. Beltrán (don Washington). — 
Bien. 

El segundo argumento que formula el 
señor Blengio Rocca, es su anhelo de que 
se haga una obra inatacable y que sea,' a 
la vez, una obra práctica y de realidad. 



Il8 WASHINGTON BELTRAN 

El primer arg-umento lo ha contestado, 
a mi juicio, con elocuencia decisiva, el se- 
ñor constituyente, doctor Ramón Díaz. 
Conviene insistir en el segundo argu- 
mento que formula el doctor Blengio 
Rocca para demostrar lo inconsistente de 
la tesis que sostiene. 

Precisamente, para hacer una obra 
práctica, para hacer una obra dentro de 
la realidad, para no perdernos en una ilu- 
sión quimérica de doctrinarios y teóricos, 
es que se ha establecido en este proyecto 
la disposición transitoria, poniéndose en 
vigencia, hasta que no se dicte otra ley, 
la ley de i." de Septiembre de 191 5 y sus 
complementarias. 

En efecto, es fácil demostrarlo. Si no se 
pone este último inciso en el capítulo 
constitucional, quedará la obra de la Cons- 
tituyente como una obra de doctrinarios 
y de teóricos; habremos proclamado nada 
más que nuestra adhesión al voto secreto, 
a la representación proporcional y a otros 
principios básicos de la democracia; pero 
para que puedan haber elecciones con 



EN LA CONSTITUYENTE IIQ 

voto secreto y con representación propor- 
cional es menester que las Cámaras dic- 
ten la ley reglamentando esos principios. 

Ahora bien: si las Cámaras se cruzan 
de brazos; si por indiferencia, por inercia, 
o por menguados intereses políticos no 
dictan esa ley durante varios años, ¿ en 
qué quedan convertidos estos principios 
constitucionales ? 

Quedan reducidos completamente a 
una simple manifestación teórica. 

Sr. Blengio Rocca. — Pero será nece- 
sario que se viole la Constitución en ese 
caso. 

Sr. Beltrán (don Wás"hington). — No 
señor: pueden demorar el cumplimiento 
del mandato constitucional con cualquier 
pretexto y no dictar la ley. 

Sr. Blengio Rocca. — Sí, señor : o que se 
viole su letra o su espíritu, desde que hay 
una disposición constitucional que dispone 
imperativamente que deben declararse 
leyes. 

Sr. .Beltrán (don Washington). — 
Pero evitemos esa violación. 



I20 WASHINGTON BELTRAN 

Sr. Frugoni. — Pero no la cumple. 

Sr. Blengio Rocca. — ¡ Cómo no se ha de 
cumplir! Si vamos a dictar una Constitu- 
ción y desde ya afirmamos que no va a ser 
cumplida, entonces, lo mejor, es no dictarla. 

(Murmullos) 

Sr. Beltrán ( don Washington ). — Ade- 
más, el admitir esta ley de Septiembre de 
191 5 ya fija nuestro criterio sobre ciertas 
garantías en lo que concierne, por ejemplo, 
al voto secreto: que debe haber "isoloir", 
que los sobres serán opacos, las listas del 
mismo tamaño, sin marcas ni testaduras, 
controlado por todos los partidos: todo lo 
que asegura la inviolabilidad del secreto y 
la verdad del voto. 



Informe sobre el pacto Constitucional 



CONVENCIÓN NACIONAL 
CONSTITUYENTE 

Comisión de Constitución, 
INFORME 

Honorable Convención Constituyente : 

Vuestra Comisión os envía concretadas en 
veinticuatro enmiendas a la Constitución de 
la República, el proyecto presentado por los 
señores constituyentes, doctores Martín C. 
Martínez, Ricardo J. Areco, Carlos A. Be- 
rro, Alejandro Gallinal, Domingo Arena. 
Leonel Aguirre y Juan Antonio Buero, cre- 
yendo que es patriótico y conveniente para 
los intereses del país y de la democracia, que 
vuestra Honorabilidad le preste su voto. — 
La Comisión no ha considerado del caso ha- 
cer un informe extenso, dando las razones 
jurídicas de esas reformas. Ese proyecto 
es el fruto de un acuerdo constitucional 



124 WASHINGTON BERTRÁN 

efectuado por los representantes de las 
dos mayores fuerzas políticas del país, y 
aún cuando se puedan suscitar discrepan- 
cias sobre tal o cual parte aislada del pro- 
yecto, vuestra Comisión lo ha aprobado, 
entendiendo que el acuerdo debe ser apre- 
ciado en su conjunto, donde si cada uno 
cede algo de sus ideas, obtiene, en cambio, 
el triunfo de postulados que iconsidera 
útiles a la vida de la República y a la rea- 
lidad de las instituciones libres. 

Para vuestra Comisión, la aprobación 
de este avenimiento, primero por Vuestra 
Honorabilidad y luego por el pueblo en la 
ratificación plebiscitaria, lleva consigo la 
solución de una de nuestras crisis más 
graves, asegurando el bienestar y la paz 
a cuyo amparo y bajo el influjo de sanos 
principios democráticos, podrá el país im- 
poner sus designios y reparar, por medio 
de la tranquilidad y el trabajo, el des- 
gaste de una recia y continuada lucha po- 
lítica. 

A la vez entiende vuestra Comisión, 
que siendo la Constitución la ley funda- 



EN LA CON'STITUYKNTK 12 5 

mental de un pueblo que regirá para el 
presente y para el futuro, debe reunir el 
mayor número de sufragios para que sea 
prestigiosa y eficaz. 

Piensa vuestra Comisión como Labou- 
laye, cuando afirmaba que no basta dic- 
tar una Constitución, sino que es menes- 
ter que cada ciudadano se convierta en su 
defensor. Por lo que es preferible una 
Constitución con imperfecciones, vacíos 
o defectos, aceptada por la casi unanimi- 
dad del país, a una Constitución perfecta 
pero resistida por una parte importante 
de la República, Constitución que contri- 
buiría a exacerbar las turbulencias y pa- 
siones de nuestra agitada política. 

Las razones y la imperiosa necesidad 
del pacto constitucional están en el am- 
biente y las conoce el país entero. Por ello 
vuestra Comisión cree innecesario abun- 
dar en explicaciones, persuadida de que 
la Convención Constituyente con su voto 
aprobatorio interpretará el anhelo de la 
República. 

Para los efectos de la discusión — y de 



120 WASHINGTON BELTRÁN 

acuerdo con las facultades del articulo 54 
del Reglamento, — vuestra Comisión fija 
el orden y el número de los capitulos del 
modo siguiente: i.** Sufragio y ciudada- 
nía; 2."* Del Poder Legislativo y sus Cá- 
maras; 3.° Del Poder Ejecutivo: sus atri- 
buciones, deberes y prerrogativas; 4.° Del 
gobierno y administración local; ^.^ De la 
revisión de la Constitución; ó.** Artículo 
5.° de la Constitución; 7.* Disposiciones 
transitorias. 

Sala de la Comisión, Montevideo, Junio 
20 de 1917. (i) 



(i) Este informe sobre el pacto constitucional redac- 
tado por el autor de este libro, sufrió algún simple cambio 
de palabras en el seno de la Comisión. Fué presentado con 
las firmas de los doctores Rodríguez Larreta, Beltrán, 
Buero, ATeco, Berro, Arena, Terra, Martínez, Roosen, 
Aguirre, Vidal Belo, Aragón y Etchart, Miranda. Suscri- 
bieron, además, ese informe el doctor Emilio Frugoni 
(discorde en diversas partes del proyecto), Hugo Antuña 
(discorde en la extensión de la obra constitucional y en 
algunos puntos), Julio M. Sosa (discorde en varios 
puntos). 



Ciudadanía 



Liberalidad de nuestras leyes con los extranjeros. — To- 
dos los miembros de una sociedad deben tener dere- 
chos políticos, pero cuando formen parte integrante 
de esa sociedad. — El ejemplo de la República Argen- 
tina. — Opinión de José Manuel Estrada. — Comple- 
jidad del fenómeno de por qué los extranjeros no 
quieren intervenir en la vida política del pais. — Su 
alejamiento no se combate con el simple acortamiento 
del plazo de tres a dos años. — La disposición con 
respecto a los hijos de padre o madre oriental. 



CONVENCIÓN NACIONAL 
CONSTITUYENTE 



SESIÓN DEL 27 DE JUNIO DE Í9Í7 



Sr. Beltrán ( don Washington ) . — Tal 
vez tenga razón en el campo de la doc- 
trina el señor constituyente Mendiondo, 
en esa confusión producida entre nació-, 
nalidad y ciudadanía, que ya había hecho 
notar el señor Aréchaga a que alude tam- 
bién Jorge Hunneus, pero la verdad es 
que esa es una cuestión doctrinaria que 
nunca ha producido ningún mal en el 
país; y para no enredar este asunto, y 
desde que no trae ninguna dificultad tal 
como está redactada en la Constitución 
de la República, me parece prudente y 
conveniente mantener el artículo tal 
como se halla en el repartido que está a 
consideración de esta Asamblea. 

Por eso, señor Presidente, la Comisión 



9. 



130 WASHINGTON BELTRAN 

mantiene la enmienda tercera tal como 
está presentada. 

Sr. Beltrán ( don Washington ). — ■ Los 
argumentos que nuevamente acaba de 
aducir el señor constituyente Frugoni, no 
son bastante fuertes para modificar el 
juicio de la Comisión de Reforma. Pode- 
mos asegurar que nuestra Constitución y 
nuestras leyes, con respecto a los extran- 
jeros, son las más liberales del mundo. 
Ya por el articulo 22 del Código Civil se 
establece que la ley oriental no hace dis- 
tingo entre extranjeros y orientales ,en 
cuanto a la adquisición y al goce de los 
derechos civiles que ese Código regla- 
menta. 

Sr. Frugoni. — En ningún país del 
mundo se hace la diferencia. 

Sr. Beltrán ( don Washington). — Se 
ha establecido, pues, la igualdad civil de 
los extranjeros y de los orientales. 

El señor constituyente Frugoni, pro- 
pone tres modificaciones al liberal ar- 
tículo 8." de la Constitución de la Repú- 
blica. Esas tres modificaciones que pro- 
pone la delegación socialista, son las si- 



EN LA CONSTITUYENTE I3I 

g-uientes : primera, la supresión de la exi- 
gencia constitucional que el extranjero 
para obtener la ciudadanía legal debe te- 
ner alguna ciencia, arte o industria o po- 
seer algún capital en giro o propiedades 
en el país ; segunda . . . 

Sr. Frugoni. — ¿ Me permite el señor 
miembro informante ? 

Sr. Beltrán (don Washington). — Sí, 
señor. 

Sr. Frugoni. — Es un error ; yo no he 
propuesto la supresión de esas condicio- 
nes : me he referido exclusivamente a la 
residencia y al procedimiento para la ad- 
quisición de la ciudadanía. 

Sr. Beltrán ( don Washington). — De 
hecho, en la forma está suprimida esa 
exigencia. 

Me extraña la rectificación del distin- 
guido constituyente doctor Frugoni, por 
cuanto el proyecto socialista, en ese ar- 
tículo está redactado exigiendo nada más 
que dos años de residencia y la inscripción 
en el Registro Cívico y suprimiendo en 
absoluto aquellas condiciones que re- 



132 WASHINGTON BELTRAN 

quiere el artículo 8.°. Si el señor constitu- 
yente no hace cuestión de ello, yo no 
tengo interés y me evita discutir el punto. 
' Sr. Frugoni. — Yo no hago cuestión de 
ello, porque el señor miembro informante 
se habrá dado cuenta de que nuestra pro- 
posición de ahora no coincide exacta- 
mente con el articulo de nuestro proyecto 
de nueva Constitución. 

Sr. Beltrán ( don Washington ). — Pe- 
ro habían propuesto otro la vez pasada... 

Sr. FriHgoni. — La vez pasada, si yo no 
recuerdo mal, le habíamos dictado al se- 
ñor Secretario de la Convención una fór- 
mula por la cual se dejaban subsistentes 
esas otras condiciones y se modificaba 
tan sólo el plazo de residencia, habién- 
dome olvidado, como dije al principio de 
mi disertación, que yo aceptaba el proce- 
dimiento para adquirir la ciudadanía. 

Sr. Beltrán (don Washington), — Muy 
bien. Quiere decir que la delegación socia- 
lista sólo modifica la residencia, redu- 
ciéndola a dos años, y exige la inscripción 
en el Registro Cívico. 



KN LA COXSTITUYKXTE I33 

Bien: esas dos modificaciones tampoco 
creemos que se deban aceptar. Es evidente, 
con evidencia que rompe los ojos, que 
el plazo de tres años exigido a un extran- 
jero para que pueda optar a la ciudadanía 
legal, es un plazo mu}' breve. Yo soy par- 
tidario de las leyes liberales para todos 
los extranjeros, enhorabuena; pero no 
es posible que los extranjeros que recién 
han desembarcado, que vienen aquí igno- 
rando nuestra tradición, nuestra historia, 
nuestros sentimientos, nuestras necesida- 
des, hasta nuestro idioma, esos extranje- 
ros puedan inmediatamente hacerse uru- 
guayos e ir a depositar su voto, — un 
voto que muchas veces lo otorgan bajo 
la presión, convertido en una mercancía, 
un voto que lo dan sin conciencia, sin res- 
ponsabilidad y sin conocimiento de las ne- 
cesidades de la República. 

Sr. Frugoni. — No es preciso ser ex- 
tranjero para eso. 

Sr. Beltrán (don Washington). — ■ Sea- 
mos liberales con los extranjeros y dé- 
mosles facilidades para la ciudadanía, 



134 WASHINGTON BELTRAN 

pero cuando sientan algo de nuestras co- 
sas, cuando sean algo de nosotros mis- 
mos. Yo creo conveniente que todos los 
miembros de una sociedad, intervengan 
en la formación de los Poderes Públicos, 
pero cuando formen parte de esa socie- 
dad, cuando sean, como decía el señor 
constituyente Frugoni, parte integrante 
de esa misma sociedad. 

Por lo demás, me parece que es obser- 
var este fenómeno, tan complejo y tan 
importante, con un criterio un poco uni- 
lateral y no profundo, al creer que esta 
simple modiíicación de tres a dos años. 
pueda hacer que se incorporen los extran- 
jeros a la vida politica del país. No; nos- 
otros tenemos la experiencia de nuestro 
país y de casi todas las naciones de Amé- 
rica. 

Sabemos que hay extranjeros que hace 
veinte y treinta años que residen en nues- 
tro país, elementos dignísimos, de pro- 
greso, que han formado su hogar, casa- 
dos con orientales, con hijos orientales, y 
sin embargo, no quieren hacerse ciudada- 



EN LA CONSTITUYENTE I35 

nos: permanecen al margen de nuestras 
cosas. Era lo que consignaba José Manuel 
Estrada, hablando de la República Ar- 
gentina. . . 

Sr. Mibelli (don Celestino). — No se 
olvide de las revoluciones. 

Sr. Beltrán ( don Washington ). — Sí, 
señor; pero quiero decir que hay que bus- 
car la solución del fenómeno en otra 
parte: no en el acortamiento del plazo. 

Sr. Frugoni. — Todo puede contribuir a 
eso. 

Sr. Beltrán ( don Washington ). — Es- 
cribía José Manuel Estrada, diciendo que 
la Constitución argentina era la más libe- 
ral del mundo. El plazo era de dos años; 
a los extranjeros se les exoneraba de la 
carga del servicio militar obligatorio du- 
rante diez años; y, sin embargo, a pesar 
de la existencia de esos dos años, el cua- 
dro que presenciaba Estrada en la Argen- 
tina era el siguiente: "A pesar de todo, 
los extranjeros desdeñan la ciudadanía 
argentina y disfrutan de sus propiedades 
inmuebles, de su comercio, de sus heren- 



136 WASHINGTON BELTRÁN 

cias, de su libertad de hablar, de escribir, 
de religión, de asociarse, dejando que las 
tormentas truenen, que los gauchos de- 
fiendan los rebaños de los irlandeses y los 
correntinos la ley en cuya virtud viven en 
el suelo de la República, trabajan y se en- 
riquecen nuestros huraños huéspedes, sal- 
vando sus derechos para entablar accio- 
nes diplomáticas contra actos jurídicos y 
municipales ". 

Quiere decir, pues. . . 

Sr. Mibelli ( don Celestino ). — ¿ Qué 
fecha tiene ese documento ? 

Sr. Beltrán (don Washington). — Per- 
mítame : el fenómeno de la Argentina ha 
cambiado, pero no ha cambiado por acor- 
tamiento del plazo: ha sido por otras cau- 
sas internas, cuando se ha asegurado la 
paz y el orden, la tranquilidad en el país, 
ios gobiernos libres; cuando el extranjero 
ha sentido el incentivo de intervenir en la 
vida pública; cuando han comprendido 
que su voto sería eficaz ; que ninguna 
amenaza ni peligro alguno implicaba el 
liacerse ciudadano y llegar a las urnas; 



i-:n la constituyente 137 

entonces ha obtenido la ciudadanía legal, 
pero no ha sido por el acortamiento de 
tres a dos años. En cambio, tres años tiene 
la garantía que antes anotaba, de que sea 
un hombre incorporado un tanto a la so- 
ciedad en que vive, y no un recién bajado 
de a bordo, sin amor para nuestras cosas 
y sin arraigo en el país. 

La otra modificación que proponía el 
ilustrado constituyente socialista, fué re- 
futada, a mi juicio, de una manera victo- 
riosa por el señor constituyente Buero. El 
precisar las condiciones o el modo cómo 
debe obtenerse la carta de ciudadanía, es 
una cuestión que debe dejarse librada a 
la ley: no es materia constitucional. 
' Y si se me permitiera, — o si yo pudiera 
expresar mi opinión o avanzar opinión 
con respecto a la ley, — manifestaría que 
la fórmula socialista me parece mala, que 
es preferible la fórmula actual: obtener la 
carta de ciudadanía ante los tribunales, 
ante los jueces, con el control del Ministe- 
rio Público. 

Hace poco tiempo que se denunciaba 



138 WASHINGTON BERTRÁN 

que había cientos y cientos de cartas de 
ciudadanías mal obtenidas, a pesar de que 
se tramitaban con todns las garantías y 
los testigos declaraban ante los jueces, con 
el control personal del Fiscal de lo Civil. Se 
abriría ancha puerta al fraude, si se pudie- 
ran hacer ciudadanos con la simple decla- 
ración ante el registro cívico, ante tribuna- 
les políticos, influenciados por la pasión 
carentes de la imparcialidad que tienen los 
jueces. 

El argumento que formulaba última- 
mente el señor constituyente Frugoni, que 
ya hemos sentado criterio en el artículo 
7.° con respecto a los hijos de padre o ma- 
dre uruguayos, no es fuerte, porque son 
casos completamente distintos. 

Un hijo de madre o de padre oriental, 
no está en la misma situación que un ex- 
tranjero cualquiera. Algo puede en los 
hombres la ley de la sangre; mucho puede 
en el alma los sentimientos que se respi- 
ran en el hogar paterno o el amor que la 
madre inculca a los hijos. 

Esto se ha establecido en el artículo 7.°, 
teniendo en cuenta la situación de muchísi- 



í;n la constituyente 139 

mos hijos de orientales que habían nacido en 
el extranjero, precisamente en momentos en 
que sus padres se han sentido más orientales 
que nunca. El Vicepresidente de la Constitu- 
yente, doctor Vázquez Acevedo; los ilustres 
Ramírez, Carlos y Gonzalo; Juan Andrés 
Ramírez, Alfonso Lamas, el doctor Rodrí- 
guez Larreta, una buena cantidad de digní- 
simos ciudadanos que han descollado en 
nuestro país y que se encontraban en esta 
situación, son casos que, en realidad, reve- 
lan con elocuencia que un hijo de padre o 
madre oriental es también oriental. 

Creo que por estas razones debe mante- 
nerse el artículo propuesto por la Comi- 
sión. 



Ciudadanía facultativa 



Modificaciones al artículo &° de la Constitución de 1830. 
La Comisión acepta una supresión propuesta por el 
Constituyente señor Mibelli. — Se cambia la redacción 
del artículo constitucional para precisar que la ciuda- 
danía no es obligatoria. 



CONVENCIÓN NACIONAL 
CONSTITUYENTE 



Sr. Beltrán ( don Washington ). — La 
Comisión encuentra razonables las ideas 
emitidas por el señor constituyente Mibelli 
con respecto a la supresión de este pri- 
mer inciso de la enmienda 4." al artículo 
8.". Ya en las "Bases" de Alberdi se hace 
la crítica de este inciso, inciso que en la 
actualidad no tiene razón de ser. Fué 
tomado de la Constitución de 1826; ésta 
a su vez la tomó de la Constitución de 
1819, y el pensamiento inspirador de esa 
disposición era sencillamente el de atraer 
a los extranjeros en aquellos momentos 
para la guerra que tenían los países del 
Plata con la corona. 

De modo que la Comisión acepta que se 
suprima el inciso que dice : " Los extran- 
jeros que en calidad de oficiales han com- 
batido o combatieren en los ejércitos de 
Mar y Tierra de la Nación ". 



144 WASHINGTON BERTRÁN 

A la vez en esta enmienda conviene ha- 
cer otra modificación que propongo a 
nombre de la Comisión. Deben cambiarse 
los términos: "Ciudadanos legales son", 
por, "Tienen derecho a la ciudadanía le- 
gal ". Este cambio obedece a solucionar la 
cuestión discutida al amparo de la expre- 
sión " Ciudadanos legales son ", por algu- 
nos hombres enminentes del país que en- 
tendían que la ciudadanía era obligatoria. 
Nosotros queremos que la ciudadanía sea 
facultativa. 

Sea cual fuere el criterio jurídico que 
se tenga al respecto, no puede caber duda, 
y lo admitían los señores constituyentes 
socialistas, que existen razones prácticas, 
de conveniencia nacional, en que la ciuda- 
danía sea facultativa, a fin de atraer a los 
extranjeros cuyo concurso es imprescin- 
dible, para poblar la América, para vencer 
el desierto a fin de que en él surja la vida 
y el trabajo. 

Sintetizando, señor Presidente, la Co- 
misión redacta la enmienda 4.'* al artículo 
8.° del siguiente modo : " Tienen derecho a 



EN LA CONSTITUYENTE 145 

la ciudadanía legal", luego comienza: 
" Los extranjeros casados que profesando 
alguna ciencia, arte ", etc. Se suprime el 
inciso a que hacían alusión los señores 
constituyentes Mibelli y Salgado. 



10. 



La situación de los guardia civiles 



CONVENCIÓN NACIONAL 
CONSTITUYENTE 



SESIÓN DEL 2 DE JULIO DE Í9Í7 

Sr. Ramírez. — Entiendo que el sentido 
de este artículo es que los guardias civiles 
queden en la situación en que se encuen- 
tran por las leyes actuales, pero la redac- 
ción que se le ha dado podría dar lugar a 
que se creyera que los guardias civiles tie- 
nen derecho a votar, considerando que es- 
tán comprendidos en esa denominación de 
'■' funcionarios policiales ". 

Desearía que la Comisión explicara 
cuál es el verdadero sentido del artículo. 

Sr. Beitrán (don Washington). — El 
sentido de la Comisión es, en efecto, el 
■que ha expresado el señor constituyente 
Ramírez. 

El pensamiento de los autores del pro- 
yecto a la consideración de la Honorable 
Constituyente, fué que la situación de los 



150 WASHINGTON BELTRAN 

guardias civiles quedase tal como se en- 
cuentra en la actualidad, que no fuese mo- 
dificada por la Constitución de la Repú- 
blica. 

La Comisión entiende que los guardias 
civiles quedan en la misma situación que 
tienen en el presente. 

Sr. Ramírez. — Pueden incribirse pero 
no votar. 

Sr. Miranda ( don César ). — ^ Pero la 
ley podrá acordar el derecho de sufragio 
a los guardias civiles. 

Sr. Martínez ( don Martín C. ). — Eso 
es otra cosa. 

Sr. Miranda ( don César ). — La Cons- 
titución no les prohibe a los guardia civi- 
les el ejercicio del voto. Nosotros, simple- 
mente, no niodificamos la situación ac- 
tual. 

Más adelante la ley podrá acordar a los 
guardias civiles el derecho de sufragio: 
pero la Constitución no se opone a que 
se les acuerde ese derecho. 

Sr. Jiménez de Aréchaga ( don Hora- 
cio ). — El doctor Ramírez les quiere qui- 
tar ese derecho. 



KN LA CONSTITUYENTE I5I 

Sr. Ramírez. — Lo que yo quiero es que 
se establezca que el artículo este no les da 
el derecho al voto. 

Sr. Beltrán (don Washington). — Que- 
dan en la situación actual: ni se les da ni 
se les quita. 

Sr. Miranda ( don César ). — Quedan 
en la situación actual: de manera que 
más adelante el legislador podrá estable- 
cer que los guardias civiles tienen derecho 
al sufragio. 

Sr. Beltrán. — O podrá negarlo. 

Sr. Miranda ( don César ). — O podrán 
negarlo. De manera que es la misma solu- 
ción que hoy. 

Sr. Buero. — Entonces, quedan como 
estaban antes. 

Sr. Miranda, (don César). — ¡ Ah! Bueno. 



La supresión del Senado 



Réplica al " leader " socialista doctor Emilio Frugoni. — 
Una novedad y el sistema de novedades. — Falso ar- 
gumento que el Senado es un resabio monárquico o 
que a lo sumo se explica sólo en la República Fede- 
ral. — El Senado impide una legislación intempestiva 
y precipitada. — Refutación del argumento que la 
buena legislación está garantida con la doble discu- 
sión que establezca el Reglamento de la Cámara 
única. — La opinión de Bentham. — La existencia del 
Senado favorece la libertad. — Los partidarios de la 
Cámara única, son o sin quererlo, partidarios de la ti- 
ranía. — La experiencia de Francia. — Opinión de Al- 
berdi sobre lo ocurrido en la República Argentina. — 
Una anécdota de "Washington y Jefferson. — Refuta- 
ción de dos argumentos del doctor Frugoni. — El razo- 
namiento metafísíco de Síeyes tomado de Rousseau, 
comparable con la argumentación de Omar frente a la 
biblioteca de Alejandría. — Opinión de Aréchaga, de 
Montes de Oca y de Laboulaye sobre el carácter de 
la ley. — El Senado, elemento moderador. — Los par- 
tidos ingleses, según Macaulay. — Misión de la Cá- 
mara de Representantes y misión del Senado. — Sus 
diferencias. — La experiencia en nuestro país de un 
siglo de vida independiente. 



CONVENCIÓN NACIONAL 
CONSTITUYENTE 

SESIÓN DEL 4 DE JULIO DE Í9I7 



Sr. Beltrán. — La Comisión de Refor- 
ma — en defensa de la libertad y de la 
democracia — se cree en el deber de man- 
tener el Senado de la República. 

Las razones dadas por el ilustrado 
constituyente socialista, son insubsisten- 
tes, como lo voy a demostrar en seguida. 
Ha empezado por reconocer, con toda leal- 
tad, el doctor Frugoni, que sus ideas no 
tienen aceptación en la práctica. Sólo allá, 
en alguna perdida República centro-ame- 
ricana o en alguna lejana provincia argen- 
tina pueden encontrarse ejemplos de una 
Cámara única ; pero nos ha dicho el doctor 
Frugoni que nosotros no nos podíamos 
asustar de este hecho, por cuanto presen- 
tábamos un Poder Ejecutivo que no tiene 
ejemplo en la legislación universal. 



156 WASHINGTON BElvTRÁN 

Es exacto que el Poder Ejecutivo pro- 
yectado no está en otras Constituciones; 
pero, en cambio, no se puede decir que 
haya una experiencia en contra de ese Po- 
der Ejecutivo, cosa que no ocurre con la 
Cámara única, porque hay experiencia a 
favor del sistema bicameral, y hay una 
experiencia contraria en los países donde 
se ha ensayado el sistema de la Cámara 
única. 

Sr. Ramírez. — - Apoyado. 

Sr. Frugoni. — También hay experien- 
cia contraria al sistema bicameral: en 
algunos países ha dado resultados desas- 
trosos. 

Sr. Beltrán. — Yo le pediría a mi dis- 
tinguido colega el doctor Erugoni, que me 
dejara rebatir, uno por uno, sus argumen- 
tos, pero no haciendo diálogos. Lo he oído 
con mucho placer, y deseo, para demos- 
trarle la falta de razón de sus ideas, tener 
cierto orden en mi exposición, 
' Sr. Frugoni. — Yo me permití hacer 
esa interrupción para no verme obligado 
a responder al ciudadano, al constituyente 
Beltrán. . . 



EN LA CONSTITUYENTE I57 

Sr. Beltrán. — Constituyente y ciuda- 
dano, está bien. 

Sr. Frugoni. — ... con un discurso. 

Sr. Beltrán. — Muy bien, señor Presi- 
dente, continúo. 

Una cosa es que la Constitución de la 
República traiga una novedad y, otra cosa, 
es que se llene de novedades la misma 
Constitución. La estricnina, en dosis, 
puede ser buena como excitante, para las 
personas ; pero un frasco de estricnina las 
lleva en seguida al otro mundo. 

Decía el señor Frugoni que el Senado 
es inútil, es perjudicial, es un resabio mo- 
nárquico, aristocrático, y que va contra 
la democracia. Yo creo que mi ilustrado 
amigo está en un lamentable error. 

Unos sostienen que el Senado no es 
nada más que un resabio aristocrático, 
teniendo en cuenta lo que ocurría en la 
Constitución Francesa de 1814, o en la 
Cámara de Prusia, que se llama Cámara 
de los Señores, o en la Cámara de Hun- 
gría, que se llama Cámara de Magnates. 

Otros han ampliado el concepto del 



158 WASHINGTON BELTRÁN 

doctor Frugoni y han dicho: no; no pode- 
mos razonar asi porque hay democracias 
tan Ubres, que son modelo de democracia, 
como la Suiza o los Estados Unidos, que 
tienen dos Cámaras; pero entonces de- 
cían: las dos Cámaras sólo deben apli- 
carse a los países de sistema federal. ¿Por 
qué? Porque a la Cámara baja va la re- 
presentación del pueblo; a la Cámara alta 
va la representación de las provincias. 
Pero unos y otros están en un profundo 
error. Las dos Cámaras sirven no sólo 
para las monarquías, no sólo para las Re- 
públicas federales: sirven también para 
las Repúblicas unitarias. 

Es evidente que la existencia del Se- 
nado impide una legislación intempestiva, 
precipitada, peligrosa, que no esté bien es- 
tudiada, y corrige todos sus errores. Una 
Cámara popular, una Cámara sola, bajo 
la impresión de un discurso elocuente, 
bajo un arranque de la pasión, adopta tal 
o cual temperamento. Es necesario que 
vaya a otra Cámara para que estudie esos 
hechos, y entonces, con el acuerdo de las 
dos voluntades, salga la ley. 



EN LA CONSTITUYENTE 1 59 

Pero, nos decía 'el señor Frugoni: esto 
se puede corregir haciendo un Reglamento 
en virtud del cual la Cámara tenga dos 
deliberaciones. 

Pero también esto es un error. Los Re- 
glamentos no atan a una Asamblea. 

Cuando ella es dueña absoluta de sus 
actos }'■ no hay otro centro que pueda con- 
trolarla, es fácil que la Asamblea vaya a 
la violación del Reglamento. 

Ya decía Bentham, refutando este 
mismo argumento, que sería lo mismo que 
un juez ante el cual se entablara la ape- 
lación revocara la sentencia que él ha dic- 
tado. 

Es evidente que la existencia del Senado 
favorece la libertad, la cual no puede ci- 
mentarse sin el orden, y perfecciona la 
democracia. Los partidarios de la Cámara 
única, son, sin saber, los partidarios del 
despotismo y partidarios de la tiranía. 

Todo poder que se encuentra en un solo 
cuerpo se hace, por su fuerza, expansivo, 
despótico. Sabe que nada lo limita y llega 
a creerse soberano él mismo. Es lo que ha 



l6o WASHINGTON BEI^TRÁN 

pasado con las Cámaras que citaba el se- 
ñor constituyente Frugoni, con la Cá- 
mara de la Revolución Francesa y con la 
Cámara de 1848. Se creyeron dueñas de 
los destinos de Francia. No tenían freno 
para sus exageraciones, y asi, llevaban al 
país rodando por el camino de todos los 
extravíos y de todas las insensateces. 

(¡Muy bien!). 

Nos hablaba también el sen jr constitu- 
yente Frugoni, de la experiencia argentina 
de antes de 1819. Pero ¿cuál ha sido 
la experiencia argentina antes de esa 
época ? 

' Dejemos que falle el asunto Alberdi. 
Alberdi, por cuya opinión — ^ y con justicia 
— tanto respeto tiene el ilustrado consti- 
tuyente socialista, como lo ha demostrado 
en sesiones anteriores. 

Y bien. Alberdi, pronunciándose en con- 
tra de esa experiencia argentina, dice más 
o menos lo siguiente : " Las cuatro veces 
que la República Argentina ha ensayado 



RN LA CONSTITUYENTE l5l 



la experiencia de una Cámara única, ha 
sido completamente desgraciada para 
nuestro país '*. 

Sobre que el Senado modera los impul- 
sos irreflexivos y ligeros de la Cámara de 
Diputados, hay una anécdota muy expre- 
siva, de Washington. 

Este asunto que nos trae aquí al debate 
el señor constituyente Frugoni, lejos de 
ser un asunto avanzado, como podría pa- 
recer por estar en boca del " leader " de 
un partido de esas ideas, es, en realidad, un 
asunto que está pasado de moda. 

Tuvo su auge en la época de la Revolu- 
ción Francesa. Hoy ya las legislaciones y 
los constitucionalistas están en contra por 
un acuerdo unánime. Se discutió mucho 
en la Constituyente de Norte América. 

Espíritus tan esclarecidos como Fran- 
klin y Jefferson, sostenían las mismas 
ideas que el doctor Frugoni. Washington, 
con un gran sentido de la realidad, era 
contrario a esas ideas. En cierta ocasión 
Jefferson fué a su casa. Le ofreció allí 
una taza de café. Entonces, Jefferson, 

11. 



102 WASHINGTON BELTRÁN 

volcó el café de la taza al plato. Washing- 
ton le interroga: "¿Por qué volcáis el café 
de vuestra taza al plato?" — "Para en- 
friarlo, porque está muy caliente ", res- 
pondió Jefferson. Pues lo mismo, contestó 
Washington, queremos nosotros los par- 
tidarios de las dos Cámaras: que los actos 
legislativos se lleven al refrigerio del 
plato senaturial ". 

(¡Muy bien!). 

Hacia dos argumentos el ilustrado cons- 
tituyente socialista: uno, práctico, esen- 
cialmente material, y otro, seguramente 
por aquello de las compensaciones de 
que nos habla Emerson, se iba a un ex- 
tremo completamente distinto: volaba al 
campo de la más elevada y complicada 
metafísica, de la época de Sieyes y Rous- 
seau. 

Por un lado nos habla el doctor Fru- 
goni de que era menester suprimir el Se- 
nado, bajo la faz de la economía nacional, 
por los pesos que se ahorraría el Tesoro 



EN LA CONSTITUYENTE 163 

Público; pero el doctor Frugoni es parti- 
dario de que se duplique o triplique la 
Cámara de Diputados, que se eleven a 250 
o 300 diputados. Nosotros nos ponemos en 
un término más modesto: que se deje la 
Cámara de Representantes como está, y, 
en cambio, que se mantenga también el 
Senado. 

Vale decir, pues, que siempre dentro 
de nuestras ideas, habrá más ahorro para 
la economía nacional que dentro de lo que 
propone el distinguido constituyente so- 
cialista. 

El otro argumento que formulaba este 
colega, como antitesis del argumento de 
orden material, pertenece al campo de la 
abstrusa metafísica: el argumento de Sie- 
yes, tomado de Rousseau : " No hay más 
nada que una voluntad nacional : o la Cá- 
mara de Diputados tiene esa voluntad, o 
no la tiene. Si la tiene, está demás el Se- 
nado. Si no la tiene, habría una usurpa- 
ción en el caso de que el Senado se pusiera 
de acuerdo con esa Cámara para hacer la 
ley, contra la voluntad del pueblo. En 



164 WASHINGTON BELTRÁN 

ese caso, estaría también de más el Se- 
nado ". 

El doctor Martínez recordaba aquí, 
" sotto vocee " el argumento que formu- 
laba Omar delante de las bibliotecas de 
Alejandría. Se presentó frente a la biblio- 
teca y dijo: "O todos estos libros están 
de acuerdo con el Corán o no lo están ; si 
se hallan de acuerdo con el Corán, están 
de más, y hay que prenderles fuego. Si no 
se hallan como están contra el Cor: n, hay 
también que prenderles fuego." 

Es un razonamiento sumamente efec- 
tista, pero sin fuerza. Ese razonamiento 
ha sido victoriosamente rebatido en sus 
tratados de Derecho Constitucional por 
Aréchaga y Montes de Oca. Ellos recha- 
zan la teoría que la ley deba ser la ex- 
presión de la voluntad popular. Para algo 
está el sistema representativo: porque 
precisamente el pueblo se reconoce in- 
competente para legislar él mismo. Por 
eso delega la representación para que le- 
gislen. ■ 

Aun cuando se tengan, como es lógico, 



IvN LA COXSTITUVrCXTK 1 65 



en cuenta, los anhelos y los sentimientos 
de la Nación, la ley es dictada por los re- 
presentantes que aquélla se da, pero aún 
poniéndome dentro del criterio del señor 
constituyente Fru^oni, aún aceptando — 
como lo hace Laboulaye — que la ley es 
la voluntad del pueblo, aun así, es induda- 
ble que la existencia de las dos Cámaras 
sólo quiere decir que esa voluntad del 
pueblo salga más indiscutida, más pres- 
tigiosa, porque si se ampliara el argu- 
mento del señor constituyente Frugoni, 
resultaría que dentro de una misma Cá- 
mara no podrían haber discrepancias. 
¿Por qué unos están de un lado y otros 
están de otro?... Porque cada cual en- 
tiende a su manera la voluntad del pueblo. 
Con ese criterio, en estricta lógica, se Ue- 
g-aría — no ya a que debe haber una Cá- 
mara única — ' sino que esa Cámara debe 
estar formada por una sola persona. 

Pues bien : como garantía, precisa- 
mente, de que esa voluntad ha de mani- 
festarse de modo claro y terminante, que 
no deje resquicio a la duda, es que se exige 



l66 WASHINGTON BELTRÁN 

el acuerdo de los dos cuerpos, emanados 
los dos de la voluntad del mismo pueblo. 

Finalmente, creo que es indispensable 
la existencia del Senado — lo mismo en la 
monarquía, que en la República federal, 
que en la República unitaria — como una 
fuerza moderadora para refrenar los im- 
pulsos de la Cámara joven. Recuerdo ha- 
ber leído en Macaulay, tratando la vida 
de Lord Chatham, el carácter que tienen 
el partido " w^higs " y el partido " tories " 
en Inglaterra. Los dos, dice Macaulay, 
son esenciales para establecer la gran-' 
deza, el bienestar y la felicidad de los in- 
gleses. Uno es la fuerza liberal, el otro es 
la fuerza conservadora; pero los dos son 
necesarios para la Nación. De su armónico 
equilibrio nace la libertad en el orden y 
arraiga la democracia. 

Según Macaulay, el partido liberal es 
como el viento que empuja las velas de la 
nave. El partido conservador es como el 
lastre que lleva el barco para no zozobrar 
en las tempestades. 

Lo mismo debemos decir del Senado y 
de la Cámara de Diputados. 



í;n la constituyente 167 



Una, reflejo de todos los movimientos, 
de todas las palpitaciones del sentimiento 
público, formada principalmente por ele- 
mentos jóvenes, debe ser el cuerpo que se 
agite impulsado por ansias de progreso y 
por un inquietante anhelo de porvenir; la 
otra Cámara, conservadora y reposada, 
debe ser el freno moderador para que el 
impulso no sea exagerado, y asegure, en 
consecuencia, su victoria. 

El señor constituyente Frugoni, nos 
decía: ¿pero dónde va a estar el elemento 
conservador, si aquí el Senado está cons- 
tituido de la misma manera que la Cá- 
mara de Diputados, si no hay aquí clases 
aristocráticas que puedan darle ese ca- 
rácter de elemento conservador? "... Aqui 
está el error de la argumentación del se- 
ñor constituyente doctor Frugoni. 

En primer término, no es exacto que en 
nuestro país sea igual la organización del 
Senado que la organización de la Cámara 
de Diputados. 

Hay diferencia de edad: veinticinco 
años en la Cámara de Diputados y treinta 



l68 WASHINGTON BELTRÁN 

y tres en el Senado, y sin puntualizar los 
nombres, la verdad es que en todos los 
partidos hay una tendencia grande en 
llevar a la Cámara baja a los elementos 
jóvenes y en llevar a los ancianos a la Cá- 
mara alta. 

Hay también diferencia de número, que 
ya le da un carácter conservador. Una 
cosa es una Cámara que tenga cien o dos- 
cientas personas, y otra es una Cámara de 
diez y nueve o de treinta. El número le da 
carácter conservador a un cuerpo; cuando 
reducidos, prima la reflexión y el racioci- 
nio; cuando más numerosos, no es difícil 
que en muchas ocasiones el raciocinio 
caiga vencido por la palabra que más exa- 
gera o que vibra con más ardiente acento 
de pasión. 

Ha}- también una diferencia que no te- 
nía en cuenta el señor constituyente Frugo- 
ni : la diferencia en la renovación. La Cáma- 
ra de Diputados se renueva totalmente; la 
Cámara de Senadores se renueva parcial- 
mente, y digo verdad elemental y sabida 
al afirmar que la renovación parcial de un 



EN L,A CONSTíTUYF,N'TK 169 

cuerpo le da a ese mismo cuerpo carácter 
conservador. 

Hay también diferencia en la duración. 
Mientras que la Cámara de Diputados dura, 
tres años el Senado dura seis, y eso acen- 
túa su carácter conservador. Hay diferen- 
cia en la elección, en que una es directa y 
la otra es indirecta, y aunque en la reali- 
dad de los hechos tiene razón el señor 
constituyente Frugoni, en que la elección 
indirecta del Senado ha venido a quedar 
convertida casi en una elección directa, no 
es también menos cierto que dentro del 
mismo régimen de la Constitución, — 
como ya lo preconizaba el maestro Aré- 
chaga, — podría acentuarse el carácter 
indirecto del Senado. Si el Colegio Electo- 
ral que proclama al Senado, fuese elegido 
como lo pretendía Aréchaga, es decir, por 
la representación proporcional, es evi- 
dente que entonces la elección seria real- 
mente de segundo grado, y habría ahí 
una diferencia más acentuada todavía con 
la Cámara de Diputados. 

En síntesis, señor Presidente, para no 



I/O WASHINGTON BERTRÁN 

molestar más la atención de esta Asam- 
blea, creo que es de una evidencia que 
rompe los ojos la necesidad de mantener 
el Senado de la República. Tenemos a 
nuestro favor la experiencia del mundo 
entero; tenemos a nuestro favor la misma 
experiencia del país. 

Yo no voy a seguir al señor constitu- 
yente Frugoni en el análisis de la actua- 
ción del Senado en los últimos años; sobre 
esta actuación la República tiene concien- 
cia: yo dejo que falle el país sobre esa 
conducta. 

He terminado. 

(¡Muy bien!). 
(Aplausos en la barra). 



El pacto constitucioflal 



Síntesis de las conquistas democráticas que se obtienen. — 
Inscripción obligatoria. — Voto secreto. — Representa- 
ción proporcional. — Prohibición a las autoridades 
policiales y a los militares en actividad de intervenir 
en trabajos electorales salvo el voto. — Sufragio Uni- 
versal. — Se baja la edad para ser ciudadanos a los 18 
años. — Facilidades para la reincorporación a la ciu- 
dadanía. — Derecho de interpelación otorgado a las 
minorías. — Facultades inspectivas del parlamento. — 
Supremacía del parlamento como arbitro de los con- 
flictos entre el Poder Administrador y el Presidente 
de la República. — Atenuación del veto. — Disminu- 
ción de las facultades del Presidente de la República 
con la creación del Consejo de Administración y entes 
autónomos. — Mayor plazo para las reelecciones 
presidenciales. — Elección presidencial directa y 
por voto secreto. — Compatibilidad del cargo de 
Ministro y Legislador. — Autonomía del Municipio. — 
Las nuevas reformas no serán hechas por un partido 
sino que tendrán carácter nacional. — La guerra civil 
conjurada y afianzamiento de la paz. 



CONVENCIÓN NACIONAL 
CONSTITUYENTE 

SESIÓN DEL 26 DE JULIO DE Í9I7 

Sr. Beltrán. — Voy a hablar en nombre 
propio 3^ no como miembro informante de 
la Comisión de Constitución. 

Los móviles que se han tenido para ha- 
cer este acuerdo constitucional los han 
expresado con toda honradez y lealtad los 
doctores Martínez y Ramírez, en sus po- 
derosos alegatos; pero tanto estos distin- 
guidos constituyentes como los doctores 
Aureliano Rodrígiiez Larreta y Duvimioso 
Terra en sus también brillantes discursos, 
llevados por la magnitud y la grandeza del 
asunto, no han puntualizado todas las con- 
quistas que dentro del criterio de los parti- 
dos populares y de los que ansiamos el adve- 
nimiento de una democracia de verdad, se 
obtienen con este acuerdo constitucional. 



174 WASHINGTON BELTRÁN 

Habiéndose decretado sesión perma- 
nente y dado lo avanzado de la hora, com- 
prendo que la Asamblea no está para dis- 
cursos, ni 3^0 tampoco me siento capaz de 
pronunciarlos, después de haber rayado la 
elocuencia a tan gran altura; pero me pa- 
rece conveniente .decir algo que se olvi- 
daba. Me parece conveniente, en el menor 
número de palabras, de la manera más 
sintética posible, presentar ante el país, 
ante nuestro pueblo, las razones que tene- 
mos para hacer este acuerdo constitu- 
cional. 

He aquí, señores constituyentes, todas 
las conquistas que nosotros creemos ob- 
tener: 

Primera conquista : la inscripción obli- 
gatoria. Segunda conquista: el voto se- 
creto. 

Estoy firmemente persuadido que el 
acuerdo constitucional hace más eficaz el 
voto secreto. La eficacia o la inutilidad de 
este poderoso instrumento de liberación, 
depende de la manera como se le regla- 
mente. 



EN LA CONSTITUYENTE 1 75 

Antes del acuerdo constitucional, lo que 
había votado esta Asamblea, no era nada 
más que la proclamación teórica del prin- 
cipio del voto secreto; se votó, también, 
que regirían las leyes que habían servido 
para los comicios del 30 de Julio; pero las 
Cámaras venideras podían derogar esas 
leyes. 

La eficacia del voto secreto, depende, 
como digo, de su reglamentación. 

La Constitución francesa de 1848 había 
proclamado el voto secreto, pero recién 
fué eficaz después de la reglamentación 
de 1910. Suprimid el " isoloir ", el sobre 
opaco, las listas del mismo tamaño o la 
nulidad que entraña la textadura o las 
marcas en las listas de votación y el su- 
fragio secreto quedará burlado. 

Bien: por este acuerdo constitucional 
hemos establecido que esa reglamenta- 
ción, cuyos magníficos resultados pudo 
ver el pueblo en las elecciones del 30 de 
Julio, no podrá ser modificada en Cáma- 
ras venideras sino por las dos! terceras 
partes de sus componentes. Quiere decir, 



176 WASHINGTON BELTKÁN 

pues, que si un partido por intereses men- 
g^uados de círculo o por subalternas nece- 
sidades intentase mañana arrepentirse de 
lo que considera bueno y abjurara de lo 
que había mirado el día antes como indis- 
cutida conquista democrática, ese partido 
nada podrá hacer: se necesitará el acuerdo 
de todos los partidos del país: las dos 
terceras partes de votos que componen la 
Asamblea, para que esa reglamentación 
pueda ser alterada. 

Tercera conquista: la representación 
proporcional. 

Yo, señor Presidente, tengo una fé pro- 
funda en los resultados de la representa- 
ción proporcional. No es una ilusión lo que 
me lleva a hacer este aserto. He leído con 
atención el debate en las Cámaras fran- 
cesas y cerebros tan claros como el de 
Paul Deschanel y como «1 de Raymond 
Poincaré, decían que la sola incorporación 
de la representación proporcional a la le- 
gislación de aquella nación, sería una po- 
derosa fuerza renovadora de la democra- 
cia francesa. 



EN LA CONSTITUYENTE 1 7/ 

Salía de las dignas bancas del riverisnio 
un aserto diciendo que la representación 
proporcional no podría dar mayores resul- 
tados por la pequenez de las circunscrip- 
ciones. Sin embargo, yo tuve ocasión de 
citar el fecundo resultado que había dado 
en Bélgica, resultado de tolerancia, de 
elevación en las ideas, de programas más 
dignos, de unidad en el espíritu nacional. 

Y bien: estudiando ^as circunscripcio- 
nes de Bélgica, se ve que hay treinta cir- 
cunscripciones, y de ellas, diez y ocho 
distritos no eligen nada más que cuatro, 
tres y dos diputados. 

Nosotros, en cambio, en diez y nueve de- 
partamentos, sólo hay siete distritos que 
eligen cuatro, tres y dos diputados. 

A pesar de todo, dice Lachapelle, esa 
falta de grandes circunscripciones sólo ha 
dado una prima al Partido Católico gober- 
nante de tres bancas más de lo que en rea- 
lidad debía corresponderle, en estricta 
proporción a sus fuerzas. 

Cuarta conquista: Prohibición a las au- 
toridades policiales y a los militares en 

12. 



178 WASHINGTON BELTRÁN 

actividad de intervenir en trabajos elec- 
torales, salvo el voto. 

No necesito decir lo que esto significa. 
Hablarán con más elocuencia que yo todos 
los habitantes de la campaña. 

Quinta conquista: (Que no ha tenido 
en cuenta el inteligente leader socialista, 
al hacer el balance del pacto ). Establece- 
mos el sufragio universal. 

La Constitución de 1830 hace que el 
analfabeto, el peón, el jornalero, no pue- 
dan votar. Nosotros abolimos estas prohi- 
biciones. El analfabeto, el peón, el jorna- 
lero, podrán presentarse ante las urnas, 
valiendo su voto tanto como el del univer- 
sitario o el potentado. Nadie podrá decir 
a otro: soy más soberano que tú; todos 
serán iguales ante la Constitución por ser 
hijos de una misma democracia- 
Sexta conquista: Se baja la edad de los 
ciudadanos a 18 años. Esta tiene verda- 
dera importancia. He leído los debates 
que hubo en Bélgica con respecto a la dis- 
minución de la edad para ser ciudadano. 
El elemento muy reaccionario hacía gran 



EN LA CONSTITUYENTK I 79 

cuestión de que sólo se podría ser ciuda- 
dano a los 25 años de edad. Nosotros, en 
cambio, hemos pugnado para que la gente 
nueva se incorpore a la vida política. ¿ Por 
qué?... Porque sabemos que la incorpo- 
ración de la juventud en la política, trae 
nuevos idealismos, nuevas esperanzas, ro- 
manticismos y quimeras, pero necesarios 
a veces para atenuar un poco las duras!" 
realidades del ambiente. ' 

Esta juventud interviniendo en política, 
tengo seguro, que va a ser una apreciable 
fuerza de idealismos, de renovaciones y de 
cambios. 

Tiene, a la vez, otra importancia: am- 
pliamos el electorado. El Presidente de la 
República con cuarenta mil empleados 
puede tener una gran influencia, cuando 
sólo son sesenta o setenta mil los que vo- 
tan. Pero si hacemos que un mayor nú- 
mero de ciudadanos pueda votar, si habi- 
litamos un mayor número de hombres 
para el sufragio, es indudable que enton- 
ces la influencia política del T-'residente de 
la República queda un tanto diluida en un 
electorado mayor. 



1 8o WASHINGTON BELTRÁN 

Séptima conquista: Nos hemos acordado 
de aquellos compatriotas que los aza- 
res y las turbulencias de nuestra agitada 
vida política han arrojado con desencanto 
hacia la República Argentina o hacia el 
Brasil, Son miles y miles los orientales 
emigrados. Tratamos de que ellos puedan 
ser fácilmente reintegrados al goce de la 
ciudadanía: con sólo avecindarse en el 
país e inscribirse en el Registro Cívico ya 
son orientales. Suprimimos todas las otras 
trabas establecidas en la vieja Constitu- 
ción. 

Octava conquista: Derecho de interpe- 
lación. No seguiré al doctor Salgado en su 
exposición teórica sobre lo que es el dere- 
cho de interpelación; sobre esa adhesión 
al principio que nos ha sido constante- 
mente negada en la práctica durante tres 
años de labor legislativa. 

Sr. Infantozzi — No apoyado. 

Sr. Beltrán. — Lo establecemos clara- 
mente en la Constitución de la República. 
No ha de ser una concesión graciosa de 
la mayoría. Será un derecho de la minoría; 



EN LA CONSTITUYENTE l8l 

La tercera parte de los miembros de la 
Asamblea podrá llamar al seno de ésta a 
los ministros para dar cuenta de sus actos 
ante los diputados del pueblo. 

Novena conquista: Establecemos que el 
Parlamento no será tan sólo una máquina 
que fabrique leyes. Junto con la misión de 
hacer leves, reconocemos también su fa- 
cultad de contralor, su facultad de exa- 
men. Establecemos un artículo, en virtud 
del cual el Parlamento podrá nombrar co- 
misiones de inspección para saber lo que 
ocurre en la administración del país. 

Décima conquista: Incorporamos a la 
Constitución de la República, un artículo 
que el doctor Martínez, tomado de Fran" 
cis de Pressancé, había hecho votar por 
la Cámara de Diputados, y que motivó el 
veto del Presidente de la República, mejor 
dicho, un mensaje con observaciones, ar- 
tículo de importancia, en virtud del cual 
se reconoce a cada diputado, por el hecho 
de ser tal, el derecho de pedir a los minis- 
tros de Estado los datos sobre los asuntos 
que estime necesario para llenar su misión 
de contralor v de examen. 



1 82 WASHINGTON BKLTRÁN 



Décimaprimera conquista : Establece- 
mos la supremacía del Parlamento. Su ca- 
lidad de poder superior a todos los otros, 
en virtud de un articulo en el cual se pre- 
cisa que el Parlamento será el Juez, el ar- 
bitro inapelable que falle los conflictos 
entre el Presidente de la República y el 
Consejo de Administración. 

Décimasegunda conquista : Atenuamos, 
en lo posible, la fuerza del veto; no una 
atenuación homeopática, como decía el 
ilustrado diario que redacta el doctor Ma- 
niní Ríos, sino una atenuación apreciable. 
En la Constitución de 1830 se establece 
el veto con dos terceras partes del total 
de los miembros de la Asamblea: rebaja- 
mos a los tres quintos, no del total de 
miembros de la Asamblea, sino de los pre- 
sentes. 

Décimatercera conquista : Quitamos 
facultades al Presidente de la República, 
esas facultades omnímodas y avasallado- 
ras que han pesado durante un siglo sobre 
la vida del país. Se crea el Consejo de Ad- 
ministración V se crean también los en- 



EN LA CONSTITUYENTE 183 



tes autónomos. En la acción del primero ha- 
brá control de los partidos opositores. 

Yo no entiendo que se cree un colegiado 
como el de Suiza, según la afirmación del 
doctor Salgado. 

Sr. Salgado. — Según la reforma de 
1895. Esa es la reforma que hay que tener 
en cuenta para referirse al gobierno suizo. 

Sr. Beltrán. — Sí, señor; no tiene nada 
que ver. 

Sr. Salgado. — Tiene tanto que ver, que 
Berthélemy le da mucha importancia. 

Sr. Ramírez. — Berthélemy no le da la 
importancia que le atribuye el señor Sal- 
gado. ¡Ha tomado el rábano por las hojas! 

(Hilaridad) 

Sr. Salgado. — En Suiza también se di" 
viden las funciones del Poder Ejecutivo 
entre el Presidente de la República y el 
Consejo de Administración. 

Sr. Beltrán. — ■ Si no fuera lo avanzado 
de la hora, yo podria precisar concreta- 
mente infinidad de diferencias profundas 



184 WASHINGTON BELTRÁN 

y de esencia, que separan una forma de la 
otra; pero como no quiero hacer un debate 
largo, porque ya van a ser las siete y estoy 
molestando la atención de la Constitu- 
yente, le voy a dar, simplemente, una opi- 
nión que ha de ser decisiva y aplastante 
para el doctor Salgado: le voy a traer la 
opinión del señor Batlle y Ordóñez. 
I Dice el doctor Salgado que el Presi- 
dente de Suiza, es un Presidente que tiene 
las mismas facultades que nosotros le da- 
mos al Presidente de la República en este 
proyecto. 

Sr. Salgado. — Más facultades que las 
que nosotros le damos. 

Sr. Beltrán. — Más facultades, y bien: 
sin embargo, el señor Batlle y Ordóñez ha 
afirmado en su diario, que son tan escasas, 
tan precarias las facultades del Presi- 
dente del Colegiado de Suiza, que al pa- 
sear por las calles de Berna todos ignoran 
quién es el Presidente de aquella Federa- 
ción. . . Aquí, en cambio, queda un Presi- 
dente de la República de verdad, Jefe del 
ejército, superior de los diez y nueve Jefes 
Políticos y de las Relaciones Exteriores. 



EN LA CONSTITUYENTE 185 

Sr. Salgado. — Es un detalle que no 
tiene nada que ver. 

Sr. Ramírez. — ¡ Pues vaya un detalle ! 
Lo que es aquí, se sabe quien es el Presi- 
dente de la República. 

Sr. Beitrán. — ¡Vaya un detalle! 

(Murmullos) 

Sr. Frugoni- — ■ jVan a obligar al señor 
constituyente Salgado, a reconocer que el 
señor Batlle y Ordóñez se ha equivocado! 

Sr. Beitrán. — ^ Reclamo el uso de la pa- 
labra. 

Sr. Presidente. — El señor Beitrán ha 
pedido no ser interrumpido. 

Sr. Beitrán. — Décimacuarta conquista : 
Alargamos el plazo de las reelecciones 
presidenciales; suprimimos una tercera 
reelección inmediata : impedimos que en 
nuestro país se reproduzca el ejemplo de 
Porfirio Díaz. 

I Sr. Barbatto. — El doctor Beitrán con- 
sideraba antes del 30 de Julio, que la Cons- 
titución del año 1830 era sacrosanta e in- 



l86 WASHINGTON BKLTRÁN 

viciable y resulta que ahora es toda defec- 
tuosa. 

Sr. Beltrán. — Lo que opiné junto con 
la mayoría del país, era que no había que 
admitir una reforma. . . 

Sr. Barbatto. — Habría que volver a 
1830. 

Sr. Beltrán. — Décimaquinta conquista : 
Establecemos la elección del Presidente 
de la República de un modo directo y por 
el voto secreto. Quiere decir que esta refor- 
ma que se establecerá de aquí a seis años, le 
quita a las Cámaras la facultad de elegir 
Presidente de la República. Para mí esta re- 
forma es de gran importancia: levantamos 
el nivel moral de las Cámaras, haciendo que 
sean leoisladores v no electores de Presidente 
de la República los que vayan a sentarse en 
el Parlamento. A la vez, tratamos que el que 
ocupe la primera magistratura de la na- 
ción, vaya ungido por el voto del pueblo; 
se evitará, con esto, esas designaciones 
clandestinas, a espaldas del país, hechas 
por los Presidentes designando sus suce- 
sores. • 



ÜN LA CONSTITUYENTE 



Décimasexta conquista : Se establece la 
compatibilidad en el cargo de Ministro y 
Legislador. Esto tiene también su impor- 
tancia : asegura la independencia de los 
Ministros de Estado. 

Décima séptima conquista: Autonomía 
del Municipio. Este es un postulado nacio- 
nal ; no sólo servirá de freno para el poder 
de los órganos centrales absorbentes, sino 
que también traerá, — estoy seguro de 
ello — una transformación profunda en la 
vida económica, en la vida social, en la 
vida política y en la vida moral de la cam- 
paña. 

Décimaoctava conquista : Cerramos la 
Constitución de la República de modo tal, 
que en el futuro, las Constituciones que se 
hagan no sean hechas por un círculo o un 
partido, para ese círculo o para ese par- 
tido. Establecemos que para la reforma 
de la Constitución se necesitan las dos ter- 
ceras partes de votos ; incorporamos lo 
que siempre hemos sostenido : que la Cons- 
titución, por ser ley fundamental de carác- 
ter permanente, no debe ser obra de un 



WASHINGTON BELTRAN 



partido, sino hecha por los orientales para 
los orientales. Y finalmente, señores cons- 
tituyentes, tiene para mí esta Constitución, 
la gran ventaja de que hablaba Alberdi, 
formulando su pensamiento en esta frase 
compendiosa : " Toda Constitución que 
evita la guerra civil y asegura la paz, por 
ese solo hecho, ya es una buena Constitu- 
ción". 

¿ Que la Constitución tiene imperfeccio- 
nes ?, ¿ que tiene vacíos ?, ¿ que tiene 
errores ?, ¿ que hemos tenido que transar 
con duras necesidades de la realidad, a que 
aludían con tanta elocuencia los doctores 
Martínez y Ramírez ? Yo bien lo sé, pero 
recalco que hay injusticia grande en la 
afirmación de un distinguido constitu- 
yente, al decir que no habíamos querido o 
no habíamos sabido hacer una mejor Cons- 
titución. No; la verdad es que no hemos 
podido hacerla mejor ! . . . 

Sr. Miranda ( don César ). — Es exacto. 

Sr. Albulquerque. — Es muy bueno el 
pacto y yo lo ne votado con toda con- 
ciencia. 



EN LA CONSTITUYENTE 189 

Sr. Beltrán. — ¿ Que hay defectos, que 
hay vacíos, que hay imperfecciones ? Es 
verdad, señor Presidente; pero podemos 
prestarle tranquilo el voto a este acuerdo 
constitucional, en la seguridad de que ob- 
tenemos grandes conquistas. 

A la obra hay que apreciarla en su con- 
junto. 

(Apoyados). 

No debemos olvidar su lado bueno para 
ver sólo los detalles ingratos, cometiendo 
el error de aquella persona de que nos ha- 
bla un distinguido escritor francés, que, 
frente al mar, prescinde de su grandeza, 
se olvida de la vida fecunda que engendra, 
que une pueblos, continentes y civilizacio- 
nes: se olvida de todo eso, para sólo ver la 
resaca que flota en la cresta de las olas o 
la espuma que las aguas arrojan a la 
playa ! — He terminado. 

(Aplausos en la barra). 



Autonomía municipal 



Réplica al señor constituyente católico doctor Secco Illa. — 
Las bases fundamentales que aseguren la autonomía 
del municipio deben escribirse en la Constitución. — 
Juicio sobre el código de 1830. — Gobierno y admi- 
nistración departamental y gobierno y administración 
local. — Refutación del argumento de la falta de pre- 
paración de los elementos de campaña. — El munici- 
pio en la época de Berro y de Flores. — Opinión de 
don José Luis Irarrázabal. — En la Constitución deben 
sentarse los principios fundamentales, pero dejarse 
lo secundario para la ley. — Opinión del doctor Váz- 
quez Acevedo. — Opinión del profesor norteamericano 
Rowe. — La facultad de crear impuestos. — Los mu- 
nicipios de Estados Unidos. — Algunos ejemplos. — 
Garantías que se establecen para que no abusen de 
aquella facultad. — La facultad de los municipios de 
hacer sus presupuestos. — Una opinión de Tocqueville 
sobre los municipios franceses y los americanos. — 
Aclaración sobre el sistema electoral que regirá para 
la elección de los Consejos. — Los beneficios de la 
reforma. — La acción del tiempo y la necesidad de 
que surja el nuevo espíritu que vivifique la letra de la 
Constitución. 



CONVENCIÓN NACIONAL 
CONSTITUYENTE 



SESIÓN DEL 4 DE AGOSTO DE 1917 



Sr. Beltrán. — En nombre de la Comi- 
sión de Reforma voy a hacerme cargo de 
las observaciones que se han expresado en 
esta Asamblea y a formular las aclaracio- 
nes que han pedido algunos señores cons- 
tituyentes. 

Va sin decir que sobre este capítulo del 
proyecto de Constitución se ha hecho tam- 
bién una obra de transacción; que todos 
han tenido que ceder algo de las ideas al 
respecto, y que aun cuando se tengan dis- 
crepancias sobre tal o cual artículo en de- 
bate, hay que apreciar el capítulo en su 
conjunto y no compararlo con la organiza- 
ción preferible, ideal, que cada uno qui- 
siera dar al municipio, sino con los precep- 
tos establecidos en la Constitución de 1830. 

13. 



194 WASHINGTON BELTRÁN 

Y bien: de esa comparación resulta que el 
proyecto en debate es muy beneficioso y 
realiza una aspiración de todos los núcleos 
políticos del país. 

El ilustrado constituyente católico doc- 
tor Secco Illa, en un erudito discurso afir- 
maba que, al amparo de los principios con- 
sagrados en la Constitución de 1830, se 
podía establecer el régimen municipal am- 
plio. Yo, señor Presidente, también parti- 
cipo de esa opinión y la han tenido algunos 
hombres eminentes del país: la han reali- 
zado, en parte, desde el gobierno, como 
ocurrió en la época de Berro y de Flores; 
pero la verdad es que también existe la 
interpretación contraria, y es la que ha 
prevalecido en la realidad de los hechos: 
el espectáculo que presenciamos, el que 
ofrece el país durante un siglo de vida in- 
dependiente es el de ausencia absoluta del 
municipio autónomo, y hoy, ha desapare- 
cido, con las Intendencias dependientes del 
Poder Ejecutivo, hasta el último vestigio 
de vida municipal propia. Cometeríamos, 
pues, — esto lo digo de un modo personal 



EN LA CONSTITUYENTE I95 

— el mismo error en que incurriríamos si 
no hubiéramos inscripto en la Constitución 
de la República con carácter permanente, 
las garantías del sufragio, aún cuando ese 
régimen pudo haberse establecido al am- 
paro de la Constitución de 1830. Las ba- 
ses primordiales que aseguren la auto- 
nomía municipal, de una manera clara y 
nítida, deben inscribirse en la Constitución 
de la República, con carácter permanente 
para que estén esos principios fundamen- 
tales por encima de las veleidades, necesi- 
dades o interpretaciones sutiles de las co- 
lectividades políticas. 

A la vez yo opongo a la opinión del se- 
ñor Constituyente católico, doctor Secco 
Illa, la opinión de su otro colega el ilus- 
trado constituyente católico doctor Hugo 
Antuña. El doctor Hugo Antuña conjunta- 
mente con los representantes del partido 
socialista, riverista y los del Partido Na- 
cional había suscripto el informe que está 
en el repartido número 7 en el cual se es- 
tablecen también principios que aseguran 
la autonomía municipal. Quiere decir, pues, 



196 WASHINGTON BELTRÁN 

que el constituyente católico doctor An- 
tuña, creía conveniente no dejar subsis- 
tente el capítulo de la Constitución de 1830 
en lo que concierne a las Juntas Económico- 
Administrativa, pues en virtud de ese 
artículo 129, que faculta al Poder Ejecu- 
tivo para reglamentar los gobiernos inte- 
riores de aquéllas, se permite, interpretada 
con criterio centralista, arrebatar la auto- 
nomía municipal. El señor constituyente 
doctor Antuña, ha entendido que era nece- 
sario reformar ese capítulo y establecer 
de una manera clara y precisa los princi- 
pios que aseguren los derechos del muni- 
cipio. 

Voy a hacerme también cargo de otras 
observaciones que se han formulado por el 
mismo constituyente, doctor Secco Illa. 
La primera observación que hace es que 
" es malo el proyecto porque no habla de 
gobierno y administración departamental, 
sino local". En verdad, señor Presidente, 
que es difícil contentar a todos los crite- 
rios. Aquí se puede aplicar bien aquello de 
" palo porque bogas y palo porque no bo- 



e;n la constituye;nte 197 

gas ". En el acuerdo constitucional, los 
negociadores de los dos partidos habían es- 
tablecido primero lo que exigía el doctor 
Secco Illa: habían establecido gobierno y 
administración departamental. Entonces 
vino la protesta de varios pueblos del 
país; algunos diarios escribieron editoria- 
les sosteniendo las mismas ideas de que se 
ha hecho eco el doctor Rosalío Rodríguez, 
que con tanto amor y entusiasmo se ha 
dedicado a este asunto. Se dijo que no ha- 
bía razón alguna para que pueblos de im- 
portancia como eran Carmelo, Rosario, 
San Gregorio, Santa Lucía, Las Piedras, 
San Carlos, Santa Isabel y Pando, no tu" 
vieran también su gobierno propio y que- 
daran supeditados a la cabeza de los 
departamentos. En virtud de esas conside- 
raciones, los negociadores del pacto cam- 
biaron la palabra departamental y pusieron 
" gobierno y administración local ". preci- 
samente para prestar acatamiento a lo que 
era un anhelo de núcleos importantes de 
la campaña del país. Y esto que han hecho 
los negociadores es lo que motiva la crítica 
del señor constituyente doctor Secco Illa. 



198 WASHINGTON BELTRÁN 

Si se hubiera procedido como lo pedía 
se provocaría la crítica, fuerte y razonada 
de vecindarios importantes de la campaña, 
cuyos intereses deben contemplarse. 

Sr. Salgado. — Habría que reglamentar 
las dos cosas: la organización departa- 
mental y la organización local. Así se sa- 
tisfaría los dos criterios: el criterio depar- 
tamental y el local. 

Sr. Beltrán. — Ese es un principio que 
está consignado de una manera clara en 
el proyecto que está en debate. 

Sr. Salgado. — Es preferible que se apli- 
quen las dos instituciones. 

Sr. García Morales. — El gobierno local 
comprende todo. 

Sr. Salgado. — Pero deben interpretarse 
de una manera distinta los dos principios, 
que son también distintos. 

Sr. Beltrán. — Aquí se sientan en el pro- 
yecto los principios fundamentales. La ley 
después es la que podrá reglamentar sobre 
esos principios. Esa consideración la voy a 
tomar en cuenta más adelante: no me al- 
tere el orden de lo que quiero manifestar. 



EN LA CONSTITUYENTE I99 

El segundo argumento que formulaba 
en su elocuente discurso el doctor Secco 
Illa, y en el que han coincidido algunos se- 
ñores constituyentes que también critican 
el proyecto, es el siguiente: 

Dice el doctor Secco Illa: "El proyecto 
es malo por los órganos que crea " y 
agrega : " Yo quiero ver si con elementos 
medianamente preparados será posible 
formar Asambleas representativas en cier- 
tas y determinadas localidades del país ". 
Este es el eterno argumento que se ha 
repetido hasta el cansancio todas las veces 
que se ha querido establecer la autonomía 
de los municipios, de una manera amplia 
y real. 

Ya en Chile, en el año mil ochocientos 
ochenta y tantos, se discutía esta cuestión, y 
el ministro Errazuris formulaba el mismo 
argumento. Decía: "No es posible estable- 
cer la autonomía de los municipios porque 
Chile no está preparado para eso". Un dis- 
tinguido miembro del partido conservador, 
el señor José Luis Irrazabal, le decía: "Ese 
es un argumento inexacto; las comunas han 



200 WASHINGTON BELTR.\N 

tenido vida propia y han prestado sus 
grandes servicios en el año 1140, en la 
época de Alfonso de Castilla, cuando los 
señores feudales tenían a gran honor el no 
saber leer ni escribir ". 

Con ese mismo argumento, podía ha- 
berse negado a estos pueblos, por no estar 
preparados, el haber nacido a la vida inde- 
pendiente y ser naciones soberanas y libres 
hace un siglo atrás. 

En 1888 también se discutía en nuestro 
país la autonomía de los municipios y se 
repetía el mismo argumento, de la caren- 
cia de hombres preparados, por el señor 
Ministro de Gobierno. El doctor Carlos M. 
Ramírez, en esa interpelación tan sonada, 
le contestaba que eso era un error; que 
ya el año 1860, bajo el gobierno de Berro, 
y más tarde bajo el gobierno de Flores, 
las comunas, los municipios de campaña, 
administraban sus rentas propias y hasta 
nombraban Comisiones Auxiliares en pue- 
blos sin ninguna significación, para admi- 
nistrar y dirigir sus propios intereses. 

Sr. Salgado. — Esa es la verdadera teo- 
ría. . . 



KN LA constituyente; 201 

Sr. Beltrán. — De manera, pues, que no 
se puede argumentar que no hay hombres 
preparados en la campaña para el estable- 
cimiento de la autonomía municipal; sobre 
todo, no se trata de complicados negocios 
de gobierno. Un comerciante, un zapatero, 
un bolichero, todos saben ahí lo que les 
conviene, saben ser jueces en su propia 
casa, mejor que los extraños. 

(Apoyados). 

El tercer argumento que formula el doc- 
tor Secco Illa y que también coincidía con 
él el doctor Rosalío Rodríguez, es el si- 
guiente. Decía el doctor Secco Illa: "El 
proyecto tiene un tercer defecto: es malo 
por la función que se les da a los órganos". 
*'Es impreciso, agrega el señor constitu- 
yente católico. Solamente se sientan prin- 
cipios generales... "; y el mismo de- 
fecto señalaba también el ilustrado consti- 
tuyente doctor Rosalío Rodríguez. Hacia 
un cargo porque sólo se sentaran los prin- 
cipios fundamentales y no se entrara en 



202 WASHINGTON BERTRÁN 

toda la organización del régimen muni- 
cipal. 

Al señor Secco Illa le voy a contestar 
con lo que ha dicho el mismo ilustrado 
constituyente en párrafos anteriores de su 
discurso, y al doctor Rosalío Rodríguez le 
contestaré con la opinión del ilustre Presi" 
dente de esta Asamblea, doctor Vázquez 
Acevedo, y con la opinión del profesor 
Rowe, en ese libro que citaba el doctor 
Salgado, un libro muy moderno y muy 
bueno: "El gobierno de la ciudad". 

Sr. Salgado. — Es la mejor obra sobre 
derecho municipal americano. 

Sr. Beltrán. — El doctor Secco Illa, al 
final de su discurso, ha hecho la crítica a 
que he aludido, pero en los primeros párra- 
fos de su brillante exposición, dice lo si- 
guiente : " Una legislación suelta, una le- 
gislación oportuna, una legislación sagaz 
para cada región, según la densidad de su 
población, su riqueza, su adelanto y su 
desenvolvimiento, es la mejor manera 
práctica para ir desenvolviendo y creando 
la vida municipal, y es, por otra parte, el 



EN LA constituyente; 203 

sistema practicado en todos los países más 
adelantados del mundo ". 

Quiere decir, — pues, — ^ que según el 
doctor Secco Illa, se necesita una legisla- 
ción suelta, una legislación oportuna, una 
legislación sagaz para cada región que 
deba irse creando según las necesidades 
del momento, y esto quiere decir que no 
es posible fijar de una manera inmutable y 
rígida todo lo concerniente a la organiza- 
ción municipal, en la Constitución de la Re- 
pública; necesidad que se hace más impe- 
riosa cuando vamos a pasar del régimen 
de un centralismo absoluto y profundo, 
bajo cuyo imperio hemos vivido un siglo, 
a una vida de autonomía municipal am- 
plia, debiendo dejarse un cierto margen a 
la ley para que pueda corregir las imper- 
fecciones, los errores o defectos que en la 
experiencia se observen. 

Al doctor Rosalío Rodríguez, que for- 
mulaba la misma crítica, he dicho que voy a 
contestarle con las opiniones emitidas por 
el doctor Vázquez Acevedo en el comenta- 
rio de su proyecto de Constitución. 



204 WASHINGTON BELTRAN 

Dice el doctor Vázquez Acevedo lo si- 
guiente: "Ninguna de las Constituciones 
que conocemos hacen eso. En general se 
limitan a librar a la ley esa tarea, sin duda 
porque teniendo la Constitución un carác- 
ter permanente y no pudiendo sus disposi- 
ciones ser modificadas sino con ciertas 
dilaciones y formalidades, en el caso de 
resultar inconveniente o defectuosa al- 
guna prescripción, forzoso seria soportarla 
quizás por largo tiempo, mientras que 
librándola a la ley, podría ser más fácil- 
mente derogada o enmendada. 

" Entre nosotros, donde el verdadero ré- 
gimen municipal no ha existido nunca, el 
peligro seria mayor, porque no tenemos 
experiencia sobre las instituciones más 
convenientes ". 

" Por eso creemos que la Constitución 
debe limitarse, como lo hacemos, a sentar 
los principios fundamentales del sistema 
municipal, dejando al Cuerpo Legislativo 
la sanción de una ley especial que sobre la 
base de esos principios detalle con el des- 
arrollo conveniente las funciones de los 
municipios ". 



EN LA CONSTITUYENTE 20? 

El criterio es, pues, sentar en la Cons- 
titución los principios fundamentales que 
aseguren y garanticen la autonomía muni- 
cipal, y dejar a la ley la reglamentación de 
cometidos secundarios. 

Coincidiendo con estas opiniones emiti" 
das por el doctor Vázquez Acevedo, que 
son las mismas ideas que han tenido en 
cuenta los negociadores al proyectar este 
capítulo, dice el profesor Rowe lo si- 
guiente : " La historia de las reformas 
constitucionales para asegurar la autono- 
mía municipal, entraña uno de los capítu- 
los más interesantes de la historia ameri- 
cana, porque muestra el peligro que supone 
el intentar cristalizar en disposiciones 
constitucionales un orden de relaciones po- 
líticas que por la naturaleza misma de las 
cosas debe cambiar constantemente ". 

El doctor Secco Illa, en esta misma parte 
en que señala los defectos del proyecto, 
critica que se les dé a las Asambleas re- 
presentativas la facultad que él considera 
enorme y perniciosa, de crear impuestos. 
Formulaba el aserto de que en ninguno de 



206 WASHINGTON BELTRÁN 

los Mupicipios de Bélgica ni de Inglaterra, 
ni de Francia, ni de Estados Unidos, se les 
daba a las Municipalidades esa facultad. 

Cuando hizo ese aserto, yo le decía al 
doctor Ramírez, que me asaltaba la duda 
de que se pudiera hacer una afirmación tan 
categórica, teniendo en cuenta que sólo 
Bélgica, por ejemplo, tiene tres mil muni- 
cipalidades; Estados Unidos tiene miles y 
miles de municipalidades, y todas ellas con 
vida propia y con individualidad definida; 
que había que conocer la manera de ser de 
cada uno de esos Municipios, para poder 
llegar a formular una afirmación tan ro- 
tunda ; pero luego, estudiando el punto, me 
encuentro con que no es exacto, y que casi 
todas las Municipalidades de Estados Uni- 
dos tienen la facultad de crear impuestos. 

En los Estados norteamericanos, según 
refiere el senador chileno José Luis Irra- 
zábal, que aparte de ser un hombre de 
vasta ilustración, tiene el mérito de no ha- 
blar por lo que dicen solamente los libros, 
sino de haber vivido en Norte América, y 
de haber hecho allí amplias observaciones 



EN LA constituyenth; 207 



sobre el medio, afirma lo siguiente : " En 
la Carolina las autoridades colegiadas de 
los condados, township, distritos esco- 
lares, distritos municipales, ciudades y al- 
deas pueden ser investidas con el poder de 
distribuir y colectar impuestos para los 
fines de la corporación, debiendo estos im- 
puestos ser equitativos con relación a las 
personas y a la propiedad dentro de la ju- 
risdicción de la corporación que los impone. 
Y la Asamblea General exigirá que toda 
propiedad, exceptuándose la ya exenta 
dentro de los límites de las corporaciones 
municipales, se avalúe y registre con su 
respectiva cuota para el pago de las deudas 
contraídas bajo la autoridad de la ley. 

'* En Virginia se elige popularmente su- 
perintendente, secretario, tasador de im- 
puestos, recaudador de contribuciones, pro- 
tector de pobres. Juez de Paz. 

" Los superintendentes de los township 
de un condado formarán una Junta de su- 
perintendentes de este condado, y se reuni- 
rán en la casa consistorial en el primer 
lunes de Diciembre de cada año y se proce- 



208 WASHINGTON BELTRÁN 

derá a arreglar y graduar la avaluación de 
la propiedad, fijar los impuestos del con- 
dado para el año siguiente ". 

En Arkansas, en Nebraska, en Oregón, 
en California, en Nueva Carolina del Norte, 
en Nueva York y en Wiscosin ocurre esto: 
" La Asamblea General proveerá a la or- 
ganización de las ciudades constituidas en 
corporación por leyes generales y restrin- 
girá su poder de imponer contribuciones, 
de fijar el monto de éstas, de gravarse con 
un empréstito de dinero, de contraer deu- 
das y comprometer su crédito de manera 
que impida todo abuso de tal poder ". 

Aquí es un poco más restringido el co- 
bro de los impuestos- La Asamblea puede 
restringir esa facultad, pero tienen dere- 
cho los municipios de crearlos y de apli- 
carlos. 

El juez Dillon, que es una seria autori- 
dad que ha estudiado también las munici- 
palidades americanas, citado también por 
Rowe, dice que los municipios en Norte 
América no sólo tienen a su cargo la ins- 
trucción pública, la policía, la justicia, sino 



EN LA constituyente; 20^ 

que también tienen, por ejemplo, en Nueva 
Inglaterra, los siguientes cometidos: "En 
la Nueva Inglaterra, lo que constituye alli 
técnicamente las ciudades, los ciudadanos 
administran en persona los asuntos gene- 
rales, discutiéndolos en los meetings, lla- 
mados " corporadosi " o de ciudad y por 
medio de oficiales de su elección. Las ciu- 
dades toman entre sí el sostenimiento de 
las escuelas, el socorro de los pobres, la 
construcción y reparación de caminos pú- 
blicos y poseen la autoridad suficiente para 
conservar la paz y el buen orden, para 
mantener la policía interna y para dirigir 
y manejar sus negocios locales de una ma- 
nera que no repugne a las leyes del Estado, 
pudiendo para subvenir a éstas y otras 
cargas necesarias y legales, votar y colec- 
tar impuestos ". 

Perdóneme la Honorable Constituyente 
si he molestado un poco su atención con 
estas lecturas un tanto pesadas, pero era 
conveniente precisar que las municipalida- 
des en Norte América, tienen esa facultad 
que el señor doctor Secco Illa negaba. A la 

14. 



2IO WASHINGTON BELTRAN 

vez es útil llamar la atención respecto a que 
no se les da a las Asambleas representativas 
en el proyecto en debate, la facultad de crear 
impuestos de una manera amplia y capri- 
chosa hasta el punto que puedan hacer lo 
que quieran. No; se les da esa facultad, pero 
se establecen conslitucionalmente los recur- 
sos contra sus resoluciones. Pueden apelar 
trescientos ciudadanos, o la tercera parte 
de la Asamblea representativa, o la mayo- 
ría el Concejo de Administración, o el 
Consejo Nacional. Hay que tener en cuenta, 
que estas Asambleas representativas, han 
de ser un reflejo fiel de los sentimientos de 
los departamentos. Serán electas por re- 
presentación proporcional y por voto se- 
creto; estarán allí representados todos los 
matices en que se divide la opinión na- 
cional. 

Si esa Asamblea llegase a abusar — lo 
que no es creíble — si llegase a dictar im- 
puestos que repugnen al sentimiento del 
departamento, pues entonces se levantará 
la voz de trescientos ciudadanos para pro- 
testar. ¿ Que esos trescientos ciudadanos 



En la constituyente 211 

no se mueven, están inermes o cuesta tra- 
bajo el reunirlos ? ¡Pues, señor! Hay la 
tercera parte de la Asamblea representa- 
tiva que podrá apelar. Cualquier partido 
opositor ha de llegar al tercio, aplicándose 
la representación proporcional. 

Si esa tercera parte, si esa oposición se 
calla, pues está el Concejo de Administra- 
ción del departamento, que puede apelar. 
Si tampoco el Concejo del departamento 
no interpreta los anhelos de su región, está 
el Consejo Nacional que puede protestar. 

Quiere decir, pues, que está profunda" 
mente garantido el interés de los vecinda- 
rios. A la vez hay que tener en cuenta, que 
en los departamentos, siendo vecinos cono- 
cidos y vinculados, donde se llevarán gen- 
tes dignas y aptas, no se va a crear im- 
puestos porque si ; lo harán cuando se trate 
de una necesidad sentida y reclamada por 
los habitantes de la región, y sólo para 
emplearlos en mejoras y progresos del 
mismo departamento. 

Critica también el doctor Secco Illa, la 
facultad que se le da de hacer sus presu- 
puestos. 



212 WASHINGTON BERTRÁN 



Sobre esta cuestión no cabe duda que 
esa critica es inftindada, y que es inherente 
a la autonomía de los municipios que ellos 
tengan sus recursos y que señalen sus gas- 
tos con la limitación de que esos gastos no 
han de ultrapasar los recursos de que dis- 
pongan. 

Hay en la obra de Tocqueville en el ca- 
pítulo que estudia la organización comu- 
nal, una nota en que este insigne autor, 
recalca las ventajas que tiene esta facultad 
en los municipios americanos frente a la 
centralización de los municipios franceses. 

Se nota — dice — cierta diferencia, ha- 
ciendo el paralelo de los municipios ameri- 
canos frente a los principios franceses, en 
cuanto a que por esta organización centra- 
lizada hay presupuestos uniformes de una 
regularidad admirable. 

Quien vaya a los Estados norteamerica- 
nos encontrará que en todos los municipios 
hay una discrepancia grande, un desorden 
evidente, entre lo que unas municipalida- 
des gastan y las otras. Pero encuentra 
Tocqueville, que este defecto aparente está 



EN LA CONSTITUYENTE 21 3 

compensado con las grandes ventajas que 
tiene la vida autonómica en Norte Amé- 
rica, — con todos los beneficios que gozan 
los vecindarios y no como ocurre en Fran- 
cia, que hay municipalidades muertas, sin 
vida, donde todos los ciudadanos quieren 
huir de la campaña para la cabeza de los 
departamentos o para la cabeza de las ciu- 
dades, a buscar un empleo, esperando que 
todas las mejoras o todas las ventajas ven- 
gan del gobierno y no por la iniciativa y 
por el esfuerzo de los vecindarios rurales. 

En cuanto a la aclaración que había soli- 
citado el señor constituyente Secco Illa, la 
Comisión de Reformas entiende, que la 
Asamblea representativa debe ser electa 
por representación proporcional con todas 
las garantías que para el sufragio esta- 
blece el artículo 9.° de la Constitución. 

En cuanto al Concejo de Administración 
no prevaleció la interpretación personal 
que yo di aquí al señor constituyente Secco 
Illa y al señor constituyente Mibclli y que 
algunos colegas también habrían preferido 
que hubiera triunfado. La Comisión en- 



214 WASHINGTON BEI.TRAN 

tiende que en el Concejo de Administra- 
ción, electo también con las garantías del 
articulo 9.°, deben tener representación las 
dos mayores fuerzas políticas del departa- 
mento y que no debe ser una exigencia 
que se aplique la representación propor- 
cional. 

Enti/nde la Comisión de Reformas que 
como muchos de esos Concejos estarán 
compuestos de tres miembros, debiendo un 
partido tener la mayoría, no podrá apli- 
carse la representación proporcional, y sólo 
tendrá representación la otra fuerza poli- 
tica que le siga en importancia. 

Sr. Míbelli. — ¿ Y en Montevideo? 

Sr. Beltrán. — Señor constituyente : eso 
va a quedar librado a lo que resuelva la ley. 
Si me interpela a mí, ya le he dicho que 
desearía que la representación proporcio- 
nal se aplicase en todo. 

Sr. Martínez. — Y yo también. 

Sr. Mibelli. — Y entonces ¿quiénes son 
los miembros de la Comisión que se opo- 
nen ? 

Sr, Beltrán. — ■ Señor constituyente : lo 



EN LA CONSTITUYENTE 21$ 

que hay interés aquí en precisar, es el espí- 
ritu de la Comisión de Reformas y el espí- 
ritu del pacto es ese que yo acabo de ex- 
presar. 

Sr. Mibelli. — Escamotear la represen- 
tación proporcional. 

Sr. Beltrán. — El Parlamento que será 
electo por representación proporcional y 
por voto secreto, puede legislar que esos 
Concejos de Administración sean electos 
por el mismo sistema proporcional o por el 
sistema que estime conveniente. 

La otra observación que formulaba el 
señor constituyente Rosalío Rodríguez, yo 
también, personalmente, la acepto, por 
más que, como digo, esa exigencia del se- 
ñor constituyente ya está en el artículo 
primero del proyecto, porque el espíritu y 
la letra del proyecto es que haya gobierno 
y administración local. Con todo, no puedo 
hablar en esto en nombre de la Comisión 
de Reforma, porque ésta recién se reunirá 
el lunes a considerar el agregado del doc- 
tor Rosalío Rodríguez y los otros agrega- 
dos propuestos. L,a autonomía está consa- 



2l6 WASHINGTON BELTRÁN 



grada, pues, de modo terminante. Las au- 
toridades locales nombrarán y destituirán 
sus empleados, sin la intervención de nin- 
gún poder extraño. Harán sus presupues- 
tos y fijarán las facultades que deben tener 
los Concejos. 

En síntesis, señor Presidente, creo que 
podemos votar tranquilos este capítulo de 
reformas a la Constitución de la República, 
en la seguridad de que votamos algo muy 
superior a lo consignado en la Constitución 
de 1830, y que prestamos acatamiento a 
un anhelo de la opinión nacional. 

No debemos hacernos la ilusión que por 
el solo mandato constitucional vamos a 
extirpar de un día para otro, todos los 
errores acumulados durante un siglo de 
fuerte centralismo. Será la acción del 
tiempo la que permitirá que al amparo de 
esta reforma surja el nuevo espíritu que 
ha de vivificarla, llevándola al éxito. 

Pero, por lo pronto, con lo que incorpo- 
ramos a la Constitución, obtendremos un 
resultado práctico e inmediato. Se le qui- 
tan facultades al Presidente de la Repú" 



EN LA CONSTITUYENTE 21 7 

blica, de la misma manera como aquellas 
comunas de la Edad Media sirvieron de 
freno al poder avasallador de los feuda- 
les. En el futuro, sean cuales fueren las 
imperfecciones y errores del primer apren- 
dizaje, la influencia del municipio autó- 
nomo ha de ser fecunda en bienes: des- 
pierta en los hombres el amor por la cosa 
pública, la preocupación por los intereses 
de la colectividad, el ansia de progreso; 
arraiga de una manera honda el senti- 
miento hacia el lugar donde se vive, por- 
que los hombres se sienten dueños de ma^ 
nejar sus propios intereses; engendra un 
espíritu de libertad más amplio, más puro, 
más altivo; un respeto más serio por los 
derechos ajenos, y se ha de formar en 
todos los ciudadanos una conciencia clara, 
nítida, profunda, de los bienes incalcula- 
bles, materiales y morales, que para la Re- 
pública tiene la existencia del gobierno 
propio. 
He dicho. 

(¡Muy bien!). 

(Aplausos en la Sala y en la barra). 



Los consejos autónomos 



CONVENCIÓN NACIONAL 
CONSTITUYENTE 



SESIÓN DEL 30 DE JULIO DE I9Í7 



Sr. Beltrán. — El pensamiento de la Co- 
misión es que haya, como lo establece clara- 
mente la letra del artículo en discusión, auto- 
nomía completa, no sólo en lo que se refiere 
a la Universidad, sino también en lo que se 
refiere a la Instrucción primaria, a los diver- 
sos servicios que constituyen el dominio in- 
dustrial del Estado, a la Asistencia Pública 
y a la Higiene Pública, etc. La idea que es- 
boza el señor costitU3^ente Pereira Busta- 
mante no la concreta. De manera, pues, que 
en nombre de la Comisión, mantengo el pro- 
yecto tal como está y la idea que tiene el 
señor constituyente Pereira Bustamante po- 
drá concretarla en algún artículo aditivo. 
Una vez que lo presente, se pasará a Comi- 
sión, la cual se pronunciará sobre él: pero 
eso no obsta a que se mantenga este artículo 
tal como está redactado y se cierre el debate 
sobre este punto. 



Procedimiento para la reforma de la 
Constitución 



Réplica al constituyente católico doctor Hugo Antuña y 
al constituyente socialista señor Mifaelli. — Las dos 
condiciones del proyecto. Una, que las reformas fu- 
turas se hagan con el acuerdo de los partidos políti- 
cos a fin de que la Constitución sea obra nacional. — 
El procedimiento es más liberal que el del Código de 
1830. — La segunda condición es precaver al país de 
reformas aventuradas, defenderlo de una obra artifi- 
cial y peligrosa de demolición. — La fórmula de las 
enmiendas concretas. — La ratificación y el referén- 
dum. — Un ejemplo de Hipólito Taine. — La Cons- 
titución de Inglaterra y las doce constituciones de 
Francia. — El procedimiento de reforma tomado de la 
Constitución de Cliile. — Estados Unidos y la Repú- 
blica Argentina. — La fórmula del doctor Antuña. — 
Su refutación. — Cargo formulado por el constituyente 
socialista señor Mibelli. — Plena certidumbre de que 
el Partido Nacional en el plebiscito ratificará la obra 
de sus constituyentes. 



Ír> 



CONVENCIÓN NACIONAL 
CONSTITUYENTE 



SESIÓN DE 8 AGOSTO DE I9Í7 



Sr. Beltrán. — El proyecto sobre los 
procedimientos para la reforma, que está 
a consideración de esta Honorable Asam- 
blea, no merece, por cierto, las criticas que 
acaban de formular los constituyentes cató- 
lico y socialista, doctor Antuña y señor Mi- 
belli. 

Es un proyecto que reúne dos condicio- 
nes, perfectamente fundadas, y no me expli- 
co en virtud de qué razón, por qué causas 
puede merecer esas censuras tan severas. 
Una condición, es que las reformas futuras 
que se hagan en el país, tienen que ser he- 
chas por el acuerdo de los partidos políticos. 
Libramos a la nación del peligro de que un 
partido o un círculo adueñado del poder, 
puedan imponer una solución determinada; 

15. 



226 WASHINGTON BELTRÁN 

queremos que las Constituciones, desde el 
momento que son un Código fundamental 
cuyas disposiciones deben regir no sólo para 
el presente sino también para el futuro, no 
sólo para nosotros sino también para nues- 
tros hijos, sean el producto de un acuerdo 
de los principales partidos políticos o refle- 
jen el sentimiento de la mayor parte de la 
República. 

(¡Muy bien!). 

— ' Por eso, pues, se exige que la Consti- 
tución para ser reformada, debe tener for- 
zosamente las dos terceras partes de los 
votos del total de cada Cámara, en la ini- 
ciativa, y dos terceras partes de votos en 
la ratificación efectuada por la legislatura 
siguiente, viniendo los legisladores investi- 
dos por el pueblo, con poderes especiales. 

En cuanto a las dos terceras partes de 
votos para la iniciativa, nada se innova: 
es lo que ya estaba en la vieja Constitución 
de 1830. 

Se usa un procedimiento más liberal que 
en aquel Código: más liberal porque aque- 



■EN LA CONSTITUYENTE 227 

lia Constitución exigía tres legislaturas; 
en cambio, ahora, por el proyecto que está 
en debate, resulta que la reforma puede 
ser sumamente fácil en el tiempo. En dos 
años, puede reformarse la Constitución; 
puede reformarse, si hay ambiente, si hay 
acuerdo de los principales núcleos políticos 
en que se divida la opinión. Ahora, si es 
una reforma caprichosa, interesada, ges" 
tada por un círculo o por un partido, sin 
amplia base nacional, esa reforma no se 
podrá hacer. 

El Código que surja en el futuro, tendrá 
necesariamente que ser como es este Có- 
digo, como fué el Código de 1830, obra de 
la mayor parte del pueblo oriental. 

La otra condición que llena este pro- 
yecto para la reforma de la Constitución, 
es precaver al país de una reforma aven- 
turada, que se pueda hacer una obra de de- 
molición, una obra ligera, artificial, fruto 
de la extravagancia, el capricho, o la sor- 
presa. A esto responde el que deba hacerse 
por enmiendas concretas, y que la segunda 
legislatura tenga que pronunciarse por sí 
o por no, sobre las enmiendas planteadas. 



228 WASHINGTON BERTRÁN 

El procedimiento que establecía la Cons- 
titución de 1830, era un procedimiento in- 
conveniente: exigía primieramente una de- 
claración vaga sobre la necesidad de la 
reforma. Es necesario, no una declaración 
vaga, imprecisa, sobre la necesidad de la 
reforma, sino una declaración concreta 
sobre la que se necesita reformar. Cuando 
se dice: " ¿Es necesaria la reforma de la 
Constitución? ", ligeramente los ciudada- 
nos afirman: "Sí, es necesaria". Pero no 
es eso lo que se quiere. Lo que se quiere,' 
es que el pueblo diga por boca de sus dele- 
gados, qué es lo que se va a reformar; 
cuál es el punto que reclama observacio- 
nes; qué es lo que está demás, qué es lo 
que merece cambiarse. Por eso las enmien- 
das deben ser concretas. 

Ahora, el argumento que formulaba el 
señor constituyente socialista con respecto 
a la ratificación y al referéndum, es sólo 
una cuestión de palabras, y ya lo dicen los 
franceses en un adagio bien conocido y 
vulgar: "Le nomme ne fait rien a la 
chose ". ' 



EX LA CONSTITUYENTE 229 

En realidad, los legisladores no podrán 
hacer lo que quieran. En una legislatura 
señalarán concretamente los puntos que 
deben reformarse. Quiere decir, pues, que 
cuando se constituya la segunda Legisla- 
tura, ya el país sabe los puntos que van 
a ser objeto de reforma; se elegirán esos 
legisladores no sólo como tales legislado- 
res sino que se 'elegirán también investi- 
dos del poder de constituyentes. De ma- 
nera, pues, que en la realidad de los hechos 
hay una ratificación o un rechazo de la 
obra hecha por la primera Legislatura. Si 
el pueblo está conforme con las reformas 
planteadas en la primera Legislatura, ele- 
girá delegados que las vayan a .ratificar; 
si el pueblo es contrario a esas reformas 
y considera que son perniciosas y malas, 
entonces el pueblo hará un gran movi- 
miento y nombrará sus delegados para que 
vayan a rechazarlas, a negarles sus votos 
a esas reformas perjudiciales. 

No será, pues, una cosa hecha a espaldas 
del pais, casi clandestinamente, sino será 
una reforma hecha con un gran ambiente 



230 WASHINGTON BELTRAN 

popular, con un enorme caudal de opinio- 
nes, porque se necesitará, forzosamente, el 
acuerdo de las dos mayores fuerzas políti- 
cas en que se divide el país. 

A la vez yo decía que esto impide las 
reformas aventuradas e impremeditadas, 
una obra completa de demolición, porque 
sucede lo siguiente : en los otros procedi- 
mientos, por ejemplo en el procedimiento 
de la Convención, se encuentra con que 
todo el Código político puede ser refor- 
mado, desde el primer artículo hasta el úl- 
timo ; nada puede quedar en pie ; surgen 
de los espíritus las cosas más raras, más 
caprichosas, el ansia de modificar y demo- 
ler todo, y eso es malo. 

Como decía Taine en '* Los orígenes de 
la Francia contemporánea ", el gran mé- 
rito de la Constitución inglesa está preci- 
samente en que ha dejado siempre un nú- 
cleo primitivo central ; que se ha ido ha- 
ciendo modificaciones lentas, ensayos, tan- 
teos, pero nunca, como ha pasado, por 
ejemplo, en Francia, donde se ha cons- 
truido todo un edificio, se ha echado 



EN LA CONSTITUYENTE 23I 



abajo, arrancando hasta los cimientos, se 
ha vuelto a construir y asi ha resultado el 
espectáculo de doce Constituciones en un 
siglo que han tenido una vida efímera, 
que no han podido hacer muchas veces el 
bienestar del pueblo y que han rodado por 
golpes de estado, y revoluciones, oscilando 
entre los excesos de la demagogia y el do- 
minio absoluto de los emperadores. 

A la vez, no puede decirse que esto sea 
una innovación y que sólo esos países que 
recordaba el señor constituyente Mibelli, 
sean los que tengan un procedimiento se- 
mejante; no. Este procedimiento — por 
cuyo triunfo ha pugnado el doctor Martín 
C. Martínez — fué tomado de la Constitu- 
ción chilena y también es un procedimiento 
que está en la Constitución americana. 

Hoy en día las constituciones modernas 
no se modifican echando abajo, como digo, 
de golpe, todo el edificio y construyendo 
uno nuevo. Se reforma tal o cual punto 
concreto cuyo artículo se ha visto que pro- 
duce malos resultados en la práctica. 

¿Cómo se ha modificado la Constitución 



232 WASHINGTON BELTRÁN 

norteamericana?... Tiene dos sistemas. 
El procedimiento de la reforma por las 
dos terceras partes de votos de la Asam- 
blea, sancionada por las tres cuartas par- 
tes de los Estados y 'el procedimiento de la 
Asamblea Constituyente. A este no ha recu- 
rrido: la ha reformado por enmiendas con- 
cretas sobre tal o cual punto y ese es el mo- 
do como se ha hecho. 

Sr. Frugoni. — Pero con referéndum. 

Sr. Beltrán. — No, señor ; está en error. 

Sr Rodríguez Larreta ( Eduardo ). — 
Referéndum legislativo. 

Sr. Martínez. — El referéndum lo ha- 
cen las legislaturas de los Estados. Sólo 
que usted le llame a eso referéndum. 

Sr. Frugoni. — En todos los Estados 
norteamericanos las reformas constitucio- 
nales hay que someterlas al referéndum. 

Sr. Beltrán. — Yo hablo de la Constitu- 
ción nacional de los Estados Unidos y en 
esa no hay referéndum. 

Sr. Frugoni. — Pero la que ofrece más 
analogía con la nuestra, es la de los Esta- 
dos y no la de la confederación. 



EN LA CONSTITUYENTE 233 

Sr. Beltrán. — No, señor; ¿por qué va- 
mos a tomar para comparar nuestro país,, 
a un Estado o provincia y no con la entidad 
nacional, desde el momento que somos una* 
nación ? ; 

Sr. Frugoni. — Los Estados norteame-i 
ricanos tienen tanta importancia o mási 
que el Estado del Uruguay. 

Sr. Beltrán. — ^Según el concepto que se 
tome: material, sí; moralmente, como en 
tidad nación, nuestro país vale tanto como' 
cualquier pueblo de la tierra. 

(¡Muy bien!). 
(Aplausos en la barra). 

Sr. Frugoni. — Esa es una frase parai 
halagar el patriotismo; pero resulta que 
algunas veces cuando nosotros hablarnos! 
del referéndum o cualquier otra reforma» 
semejante, se nos dice que eso se aplica en 
las federaciones como Suiza o Norte Amé- 
rica. Ahora, cuando nosotros exigimos que 
se establezca una comparación, no ya entre 
nuestro país de régimen unitario y una fe 



234 WASHINGTON BELTRAN 

deración como la norteamericana, sino con 
los Estados que son unitarios en si, se nos, 
dice que es necesario ir a la gran confede- 
ración, al otro ejemplo, que esto no vale. 

Sr. Martínez. — ^ Es que esto no es poca 
liberal, y es lo único que pretende el doctorj 
Beltrán. 

Sr. Beltrán. — Nada más. 

Sr. Martínez. — No es que no sea libe- 
ral el procedimiento de la ratificación di- 
recta por el pueblo, sino que éste es un; 
procedimiento liberal y también de ratifi- 
cación, i 

Sr. Rodríguez Larreta ( Aureliano). — ' 
El referéndum del doctor Frugoni, ¿ lo 
han establecido en Rusia ? 

Sr. Frugoni. — Probablemente lo esta- 
blecerán. 

Sr. Rodríguez Larreta ( Aureliano ). — 
¡ Así les va ! 

(Hilaridad) 

Sr. Mibelli. — No les ha de ir muy mal, 
cuando han conseguido derrocar al Czar. 



EN LA CONSTITUYENTE 235 

Eso ya es bastante. En cambio, el Partido 
Nacional no ha logrado echar abajo al Czar" 
de aquí, con todas sus revoluciones. 

Sr. Aguirre. — ^ ¿ Quién es el Czar ? 

Sr. Rodríguez Larreta ( Aureliano ). — 
: Al Czar de aquí ? . . . No lo conozco. 

Un señor constituyente. — Que diga 
quién es el Czar. 

Sr. Rodríguez Larreta ( Aureliano ). — 
Si el señor Mibelli se refiere al señor Viera, 
que le contesten los señores. — (Señala las 
bancas ocupadas por los colegialistas). 

(Hilaridad) 

Sr. Beltrán. — Bueno: yo decía, señor 
Presidente, que la manera de formar las 
Constituciones modernas, es, precisa- 
mente, por enmiendas, modificando con- 
cretamente los puntos que ofrecen sus de- 
fectos, y es como se ha procedido también 
en un país vecino al nuestro, en la Repú- 
blica Argentina. 

Sr. Mibelli. — Pero eso nadie lo ha im- 
pugnado. ! 



236 WASHINGTON BELTRÁN 

Sr. Beltrán. — Perdóneme el señor cons- 
tituyente: se ha impugnado. 

Sr. Rodríguez Larreta (Eduardo). — 
Pero todo hay que contestárselo al señor 
Mibelli. 

Sr. Mibelli. — ^ Esa es una buena ventaja 
que la hemos reconocido. De manera que 
se puede evitar el discurso el señor cons- 
tituyente a ese respecto. 

Sr. Beltrán. — Muy bien; reconoce que 
esto es bueno. 

Sr. Mibelli. — Nadie lo ha impugnado: 
ni el doctor Antuña, ni el que habla en este 
momento. 

Sr. Beltrán. — Toda la impugnación del 
señor constituyente ha estado en el hecho 
de que no hay ratificación: fué ese su ar- 
gumento. 

Sr. Mibelli. — Hay tres argumentos: 
primero, que hay una dificultad. . . 

Sr. Beltrán. — No los repita ; ya los co- 
nozco. 

(Hilaridad) 

— Continúo, señor Presidente. Yo expli" 
caba sencillamente el procedimiento de la 



EN LA CONSTITUYENTE 237 

reforma, para demostrar que no era una 
cosa novedosa ni caprichosa, ni que sola- 
mente podía tener asidero en las Constitu- 
ciones, de que hablaba con un tono un 
tanto despectivo el señor constituyente so- 
cialista, de Venezuela, Bolivia y Noruega. 

Sr. Mibelli. — Hablaba de Noruega, que 
me merece mucha confianza. 

Sr. Beltrán. — Perdóneme . . . Señor 
Presidente, al hacer esta enunciación, de- 
mostraba que seguíamos el procedimiento 
adoptado en las naciones más civilizadas 
de la tierra; que era una forma tomada de 
la Constitución chilena y así procedía la 
gran democracia del Norte; que también 
en la República Argentina, se procedía de 
idéntica manera, y que las reformas ha- 
bían sido de un modo concreto, sobre tal 
o cual punto que ofreciera sus desventajas 
en la práctica. 

Ahora sobre el argumento que formu- 
laba el señor constituyente Mibelli, yo sos- 
tengo que sólo es una cuestión de pala^ 
bras: que aquí habrá en realidad una rati- 
ficación; que el pueblo podrá pronunciarse 



238 WASHINGTON BKLTRÁN 

de una manera consciente sobre si las re- 
formas son buenas o sobre si esas refor- 
mas son malas. 

En cuanto al argumento que formulaba 
el ilustrado constituyente socialista, cató- 
lico, digo — pues como marchan unidos en 
esta cuestión y en algunas otras del pacto, 
de ahí que uno se confunda — el señor 
constituyente católico, doctor Antuña. . . 

Sr. Míbelli. — Porque nosotros no tene- 
mos escrito ningún compromiso. 

Sr. Frugoni. — Con la diferencia de que 
no vamos juntos a las elecciones. 

Sr. Rodríguez Larreta (Eduardo). — 
■fienen mandato imperativo. 

Sr. Beltrán. — Entonces, ¿van a votar a 
favor de la nueva Constitución? 

Sr. Frugoni. — Eso dependerá de cómo 
sea la nueva Constitución. 

Sr. Beltrán. — Ya la ve. 

Sr. Frugoni. — No la veo porque no se 
ha hecho aún. 

Sr. Rodríguez Larreta ( Eduardo ) . — 
Tenemos un gran interés en saberlo por- 
que de ello depende el éxito. 



•EN LA CONSTITUYENTE 239 

Sr. Mibelli. — ^ Si usted quiere saberlo, 
lo sabrá oportunamente, porque nosotros 
no somos amos de partido, sino que somos 
representantes de partido. 

(Aplausos en la barra). 

Sr. Rodríguez Larreta ( Eduardo ). — 
El señor constituyente admite venir con 
mandato imperativo. . . 

Sr. Mibelli. — Con mucho gusto, por- 
que son nuestras ideas las que nos obligan. 

Sr. Rodríguez Larreta ( Eduardo ). — 
... y critican que nosotros estemos de 
acuerdo en un pacto, critica que nosotros, 
con nuestra libre voluntad, estemos de 
acuerdo en una solución. 

Sr. Mibelli. — La libre voluntad de los 
constituyentes no es la libre voluntad del 
pueblo. Ustedes han defraudado al pueblo. 

Sr. Rodríguez Larreta ( Eduardo ). — 
¿ Y cuál es la voluntad del pueblo ? 

Sr. Mibelli. — ^ La que manifiesto y no la 
que manifiestan ustedes. 

Sr. Eguiluz. — El señor constituyente 



240 WASHINGTON BELTRAN 

Mibelli parece padre del pueblo, porque 
siempre está con el pueblo en la boca. 

(Hilaridad) 

Sr. Beltrán. — Continúo, señor Presii 
dente. El argumento que formulaba el doc- 
tor Antuña con respecto a la convocatoria 
de una nueva Constituyente tampoco me 
parece fuerte porque, en realidad, esa 
nueva Constituyente tendría tan solo una 
misión sumamente restringida. Él admite, 
según su exposición, que la primera Legis- 
latura podría señalar concretamente las 
reformas que deberían hacerse; pero en 
lugar de admitir una segunda Legislatura 
que ratifique esta reforma, venida con po- 
deres especiales, quiere que haya una 
Asamblea Constituyente. Pero es evidente 
que no vale la pena, ni hay por qué hacer 
una Asamblea Constituyente con una mi- 
sión tan restringida, que solamente va a 
decir sí o no, que va a aprobar o a rechazar 
lo que ya ha hecho la primera Legislatura. 

Sr. Antuña. — Eso es muy importante. 



EN LA CONSTITUYENTE 24I 

Sr. Beltrán. — Pero más lógico sería 
que el señor constituyente Antuña propu- 
siera que la primera Legislatura fuera 
una Asamblea Constituyente. 

La obra más grande, la más difícil, la 
principal, es señalar los puntos de reforma 
y decir: la reforma debe hacerse de tal o 
cual manera. Ahora, el decir sí o no, es una 
obra secundaria, y si se admite que lo pri- 
mero, lo principal, lo fundamental lo puede 
hacer una legislatura, ¿ cómo no admitir, 
en rigor de lógica, que la segunda legisla- 
tura venida con poderes especiales pueda 
hacer lo menos, lo más sencillo: decir que 
sí o que no ? 

Sr. Antuña. — Es que yo no admito que 
proponer sea lo más importante. Sancio- 
nar es lo más importante. ¿ Cómo va a ser 
más importante proponer reformas ? 

Sr. Beltrán. — Señor Presidente, ter- 
mino, recogiendo el cargo de carácter par- 
tidario, podré decirlo así, formulado por 
el ilustrado constituyente socialista señor 
Mibeíli con respecto a los miembros del 
Partido Nacional, en el sentido de que te- 

16. 



242 WASHINGTON BELTílAN 



nían su proyecto y su programa de Cons- 
titución presentado a esta Honorable 
Asamblea Constituyente y que lo dejan de 
sostener en todas sus partes. Vuelvo a de- 
cirle que parece que el señor constituyente 
descendiera de la luna. Nosotros aquí no 
hacemos una obra de teóricos, de líricos y 
de utópicos: hemos venido a hacer aquí 
una obra práctica, real, afrontando censu- 
ras, pero tratando que de una vez haya de- 
mocracia, que haya República, para que 
aproveche el mismo Partido Socialista a 
que pertenece el señor constituyente Mi- 
belli. 

(Aplausos). 

Tenemos, , señor Presidente, nuestro 
programa y nuestras aspiraciones, pero no 
lo podíamos hacer triunfar en toda la lí- 
nea: no somos la mayoría en la Asamblea 
Constituyente. Hemos también sostenido 
en todos los tonos, antes del 30 de Julio y 
después del 30 de Julio, que la Constitución 
no podía ser obra de partido, que debía 
surgir con el mismo espíritu levantado y 



ÜxV LA CONSTITUYENTE 243 



nacional, obra de orientales, como surgió 
la gran Constitución de 1830. De manera, 
pues, que hemos tenido que hacer, como se 
explicó cuando el debate del pacto, un 
acuerdo constitucional, — como hicieron 
los socialistas y los católicos en Bélgica — 
y acuerdo implica transacción, concesión 
de ideas secundarias, para formar una obra 
armónica. . . ' 

Sr. Mibelli. — No, es este caso. 

Sr. Beltrán. — Déjeme terminar. 

Y por eso hemos hecho una obra de tran- 
sacción, pero la hemos hecho salvando los 
principios que nosotros consideramos fun- 
damentales y esenciales para la vida del 
país. Hemos salvado todas las conquistas 
del sufragio que las creíamos capitalísimas 
y anhelo grande de toda la República, ¿ y 
ahora vamos a encastillarnos en tal o cual 
artículo de nuestro proyecto, en tal o cual 
disposición que consideramos secundaria y 
no fundamental ? 

Sr. Mibelli. — Si los colorados la acep- 
tan. No hay transacción porque la aceptan 
los colorados. ' 



244 WASHINGTON BELTRAN 

Sr. Beltrán. — Creo, señor Presidente, 
que con estas palabras he dejado plena- 
mente justificada la actitud del Partido 
Nacional respecto del pacto. . . 

Sr. Frugoni. — No ha aclarado por qué 
el referéndum no figura en el proyecto, ¿ a 
qué se debe la supresión del referéndum ? 

Sr. Beltrán. — ... Y, en cuanto a que 
faltamos al mandato en esta Constitu- 
yente con respecto a nuestro partido, yo 
emplazo a los que nos hacen esta censura 
hasta la ratificación plebiscitaria. Tengo 
la plena seguridad de que hemos procedido 
pensando sólo en el país, en su suerte, en 
su destino, y afirmo que el voto del Par- 
tido Nacional aprobará la actitud de sus 
constituyentes en el seno de esta Asamblea. 

He terminado. i 

(Aplausos en la Sala y en la barra). 



Discusión particular del gobierno y 
administración local 



El voto de ios extranjeros en las elecciones municipales. 
— La facultad de crear impuestos. 



CONVENCIÓN NACIONAL 
CONSTITUYENTE 



SESIÓN DEL 13 DE AGOSTO DE 1917 

Sr. Beltrán. — La Comisión ha estu- 
diado el articulo 3.° en debate y ha intro- 
ducido en él ligeras modificaciones. 

En primer lugar, suprime las palabras 
'' condiciones para elegir ", desde el mo- 
mento que éstas no son necesarias, pues 
las bases del sufragio están referenciadas 
en el articulo i.° del capitulo en debate, 
haciendo alusión al articulo 9.° de la Cons- 
titución, r 

De manera que sólo quedará " condicio- 
nes para ser electo ". 

A la vez, la Comisión ha tomado en 
cuenta la propuesta del señor delegado so- 
cialista doctor Frugoni, con respecto al 
voto de los extranjeros en las elecciones 
municipales. Personalmente, soy partidario 



248 WASHINGTON BELTRÁN 

que ese derecho se hubiera establecido im- 
perativamente en la Constitución, pero se 
ha llegado a una fórmula conciliatoria, 
concretada en el siguiente agregado : " La 
ley podrá reconocer el derecho de voto 
activo y pasivo a los extranjeros ". 

Asi, señor Presidente, el articulo que- 
dará redactado de este modo: " La ley or- 
dinaria fijará la duración de las asambleas 
respectivas, el número de sus miembros, 
forma y fecha de su elección; condiciones, 
para ser electo; atribuciones de las asam- 
bleas; recurso contra sus resoluciones y la 
representación de los partidos en los Con- 
sejos de administración. La ley podrá re- 
conocer el derecho de voto activo y pasivo 
a los extranjeros ". 

Sr. Beltrán. — La Comisión mantiene el 
articulo propuesto a consideración de la 
Honorable Asamblea Constituyente. Cree 
que este articulo es mucho más liberal que 
el propuesto por el señor constituyente so- 
cialista. El articulo que está a considera- 
ción de la Honorable Constituyente, es un 
articulo amplio y que reconoce pleno dere- 



■EN LA CONSTITUYENTE 249 

cho a los departamentos: es el que mejor 
contempla la autonomía municipal. Deja 
que las Asambleas representativas de cada 
departamento, que estarán elegidas por re- 
presentación proporcional y voto secreto, 
con todas las garantías del sufragio, apli- 
quen todos los impuestos que ellas crean 
convenientes, salvo los recursos que en 
este mismo proyecto se establecen. Sería 
cercenar un tanto el sentir de cada depar- 
tamento, si desde ya les trazáramos una 
pauta o una norma rígida sobre los im- 
puestos que deben crearse. 

Por esas razones, la Comisión mantiene 
su articulo. 



Discusión particular sobre el procedió 
miento para la reforma de la Cons> 
títución. 



£1 Poder Ejecutivo no tiene ninguna intervención en ma- 
teria de reforma constitucional. 



CONVENCIÓN NACIONAL 
CONSTITUYENTE 



SESIÓN DEL 14 DE AGOSTO DE I9I7 



Sr. Beltrán. — La interpretación que ha 
dado el doctor Eduardo Rodríguez Larreta 
es la verdadera. En este artículo no se ha 
querido innovar ni modificar en lo que a 
ese respecto estatuye la Constitución de 
1830, que siempre fué interpretada, en di- 
ferentes épocas en el .país, por distintas 
Cámaras, que correspondía exclusivamente 
al Poder Legislativo todo lo concerniente; 
a reformas constitucionales. Aquí todavía 
resulta más claro, porque el Poder Ejecu- 
tivo no puede tener ninguna intervención 
ni la facultad del veto, desde el momento 
que se exige las dos terceras partes de vo- 
tos de los miembros que componen el total 
de cada Cámara. De manera, pues, que no 
podía tampoco ejercer el veto. Quiere de- 



254 WASHINGTON BELTRAN 

cir, pues, que la interpretación que se da a 
este articulo es la que ha dado el doctor 
tor Rodríguez Larreta: ninguna interven- 
ción en lo futuro debe tener el Poder Eje- 
cutivo en lo que atañe a la reforma Consti-( 
tucional. 

Sr. Rodríguez Larreta (don Aureliano). 
— No necesito decir, señor Presidente, que 
estoy conforme como miembro de la Co- 
misión de Reformas y como constituyente, 
con la interpretación que han dado a este 
artículo los señores miembros informan- 
tes; pero creo, sin embargo, que siendo esa 
la interpretación está demás la última 
parte del artículo; que podrían suprimirse 
las palabras " sujetándose en lo demás a 
las reglas establecidas para la sanción de 
las leyes ", sin perjuicio de ninguna especie 
\' que entonces no podría producirse la 
duda a que se refería el señor constituyente 
Eduardo Rodríguez Larreta. Así que, si no 
hubiera inconveniente, yo propondría que 
se suprimieran esas palabras. 

Sr. Beltrán. — El objeto, doctor Rodrí- 
guez Larreta, de ponerse " sujetándose en 
lo demás. . . " 



EN LA constituyente; 255 

Sr. Rodríguez Larreta (don Aureliano). 
— Es referente al procedimiento. 

Sr. Beltrán. — Es decir que se discutirá 
por Cámaras separadas; sino podría enten- 
derse que es por la Asamblea General, por 
ambas Cámaras reunidas. 



SESIÓN DEL 30 DE AGOSTO DE I9Í7 



Sr. Beltrán. — ^ Voy a hacer una leve 
modificación en la redacción del último in- 
ciso que dice: " si la legislatura llamada a 
ratificar las reformas, dejare transcurrir 
un período sin hacerlo, las reformas se ten- 
drán por no propuestas ". 

Hay que modificar el artículo " un " por 
" su ", porque si se dejara redactado como 
está, podía entenderse que es tan sólo un 
año ; en cambio, a lo que alude este artículo 
es al período de la legislatura que son tres 
años. Así que quedará redactado: "Si la 
legislatura llamada a ratificar las refor- 
mas, dejare transcurrir su período sin ha- 
cerlo, las reformas se tendrán por no pro- 
puestas ". 



Discusión particular sobre la separa^ 
ción de la Iglesia y el Estado 



17. 



CONVENCIÓN NACIONAL 
CONSTITUYENTE 



SESIÓN DEL 30 DE AGOSTO DE I9Í7 



Sr. Beltrán. — Vo}^ a insistir también en 
las ideas emitidas por el señor constitu- 
yente Miranda: creo que no es posible di- 
vidir la votación de este articulo. Se trata 
de un todo indivisible, de una fórmula de 
conciliación. 

Muchos, entre ellos yo, somos decididos 
partidarios de la separación de la Iglesia 
3^ del Estado, pero partidarios de una sepa- 
ración tolerante y respetuosa. . . 

(¡Muy bien!). 

... De manera que debemos tomar la 
fórmula en conjunto, no dividirla, porque 
de esa manera iríamos, posiblemente, al 
fracaso de los dos extremos dando por re- 



26o WASHINGTON BELTRÁN 

sultado que quedara vigente el actual ar- 
ticulo 5.° de la Constitución de la Repú- 
blica. Por eso, señor Presidente, insisto en 
que debemos votar la fórmula tal como la 
propone la Comisión. 



Informe sobre el proyecto de Const¡= 
tución de la República 



Supresión del preámbulo. — Incompatibíidades parlamen- 
tarías. — Los miembros del clero. — Los del Poder Ju- 
dicial. — Los militares. — Jueces, Fiscales y Jefes de 
Policia. — Fecha de la incompatibilidad. — Ampliación 
del plazo de las sesiones ordinarias del Parlamento. — 
En las extraordinarias puede sesionar convocado por 
el Poder Ejecutivo o por propia iniciativa. — Abo- 
lición de la pena de muerte. — Fundamentos que la 
justifican. — Recursos de « Habeas Corpus » . — La 
enumeración de derechos y garantías no es taxativa. — 
Las constituciones de Estados Unidos y de la Repú- 
blica Argentina. 



R.epública Oriental del Urtigtiay 

CONVENCIÓN NACIONAL 
CONSTITUYENTE 



COMISIÓN DE CONSTITUCIÓN 



INFORME 

Honorable Convención Constituyente : 

Vuestra Comisión os envía el proyecto 
sobre nueva Constitución de la República, 
incluyendo, en el lugar correspondiente en 
el Código de 1830, las enmiendas que vues- 
tra Honorabilidad ha sancionado. 

Vuestra Comisión, por lo general, se ha 
limitado a hacer una obra de ordenación, 
armonizando, para que no choquen, las dis- 
posiciones sancionadas, con los anteriores 
preceptos que no habían sido modificados. 

Ha sido menester alterar un buen nú- 
mero de artículos constitucionales, pero, 
como lo revela claramente el anexo a este 



204 WASHINGTON BERTRÁN 

informe, esas alteraciones consisten, ya en 
simples cambios de palabras, ya en la su- 
presión de disposiciones que se refieren a 
las legislaturas inmediatas a 1830, y que 
su subsistencia en la nueva Constitución, 
no tiene razón de ser. 

Fuera de esas modificaciones de detalles 
y supresiones de disposiciones sin objeto, 
vuestra Comisión ha introducido en el pro- 
yecto a consideración de vuestra Honora- 
bilidad, las enmiendas constitucionales que 
a continuación se destacan, y cuyos funda- 
mentos se expresan sucintamente. 

Aun cuando los miembros de esta Co- 
misión acepten las conclusiones del in- 
forme, no implica, como es natural, que 
acepten todos y cada uno de los conceptos 
que en él se vierten. 

I 

SUPRESIÓN DEL PREÍÁMBULO 

Vuestra Comisión cree conveniente la 
supresión del preámbulo del Código de 
1830. Hay en él una referencia que no debe 



ÍN IvA CONSTITUYENTE 265 

quedar en la nueva Constitución de la Re- 
pública, y que se explica que estuviera en 
la antigua, dado las circunstancias recias, 
los tiempos difíciles en que nuestro país 
surgió a la vida independiente. Alude vues- 
tra Comisión a la referencia sobre la con- 
formidad de la Convención preliminar de 
Paz, celebrada entre la República Argen- 
tina y el Imperio del Brasil en 27 de Agosto 
de 1828. 

Observa también vuestra Comisión, que 
la misma parte final del preámbulo sería 
inexacta en lo que a nosotros respecta, 
desde el momento que Vuestra Honorabi- 
lidad no es la que sanciona la nueva Cons- 
titución, sino que esa sanción debe hacerla 
el pueblo en la ratificación plebiscitaria. 

II 

ARTÍCULO 25 Bt LA CONSTITUCIÓN — 
23 Y 24 DEL PROYECTO 

Habiendo resuelto Vuestra Honorabili- 
dad la separación de la Iglesia y el Estado, 
es elemental que deben suprimirse los inci- 



206 WASHINGTON BELTRÁN 

SOS 2.° y 3." del artículo 25 de la Constitu- 
ción de la República, que declaran incom- 
patible el cargo de representante " para los 
individuos del clero regular y los del secu- 
lar que gozaren renta con dependencia del 
Gobierno ". 

También vuestra Comisión establece de 
modo expreso, la incompatibilidad con los 
empleados dependientes del Poder Judicial. 
Dejamos así resuelta la cuestión debatida 
sobre la inconstitucionalidad de esa prohi- 
bición a estar a la letra del Código de 1830, 
letra que permitió alguna vez que un Juez 
de Comercio pudiera al mismo tiempo ocu- 
par una banca en la Cámara de Represen- 
tantes. La razón de esta prohibición es in- 
discutible : los que administran justicia de- 
ben mantenerse en ambiente imparcial y 
sereno, ajenos a las agitaciones de la lucha 
política. 

En el artículo 23 del proyecto cambiamos 
la forma: "No pueden ser electos Repre- 
sentantes ", por la de " No pueden ser re- 
presentantes ". 

Considera vuestra Comisión, que lo pe- 



En la constituyente 26'] 

ligroso para la independencia de los pode- 
res es que el legislador en el momento de 
tomar posesión de su cargo, esté subordi- 
nado a otro Poder de la República. Esa si- 
tuación de independencia se halla contem- 
plada en la forma propuesta a vuestra 
consideración. Cree, también, vuestra Co- 
misión, que esto favorece a los ciudadanos 
de los partidos de oposición, pues la expe- 
riencia revela que los vinculados al partido 
gobernante renuncian, por fórmula, el día 
antes de la elección, y al siguiente son nue- 
vamente nombrados, cosa que no ocurre 
con los candidatos de la oposición, que re- 
nuncian al empleo y lo pierden, aun cuando 
sean derrotados en la lucha electoral. 

Con respecto a los militares, vuestra Co- 
misión ha llegado a una fórmula de tran- 
sacción, en la que todos han tenido que 
ceder algo de sus ideas. Se permite la en- 
trada de los militares al Parlamento pero 
con serias restricciones, inspiradas en el 
móvil de asegurar la independencia de los 
Poderes. El militar deberá renunciar al 
cargo que ocupa; no podrá ser ascendido 



208 WASHINGTON BELTRÁN 

mientras sea legislador; mientras desem- 
peñe sus funciones estará exento de toda 
dependencia del Poder Ejecutivo, quien no 
podrá darle órdenes de ninguna clase; no 
se contará como antigüedad para el as- 
censo, el tiempo que sea Representante o 
Senador. Además, de acuerdo con las razo- 
nes expuestas en el informe sobre la Sec- 
ción II, se exige que no puedan ser electos 
en la zona en que tengan mando de fuerza 
o ejerzan en actividad alguna función mili- 
tar, salvo que renuncien con seis meses de 
anticipación al acto electoral. 

Igual exigencia establecemos con res- 
pecto a los Jefes de Policía, Jueces Letra- 
dos y Agentes Fiscales, que no podrán ser 
electos en los departamentos en que des- 
empeñan sus funciones si no renuncian 
seis meses antes del día en que se efectúen 
las elecciones. Esta disposición está incor- 
porada en la Ley de Elecciones que fué vo- 
tada por el Consejo de Estado, el 19 de 
Octubre de 1898 ( artículos 34 y 46 de dicha 
ley ). Aun cuando la justicia de esa dispo- 
sición fué reconocida por los que intervi- 



'fN hA CONSTITUYENTE 269 

nieron en ese debate, hubo algunos que se 
opusieron por creer que era inconstitucio- 
nal. A pesar de que vuestra Comisión en- 
tiende que el Parlamento puede crear nue- 
vas incompatibilidades, opina que dada la 
conveniencia de esa disposición, procede 
sea inscripta en la Constitución de la Re- 
pública, a objeto de que no pueda ser dero- 
gada por la ley ordinaria. 

III 

ARTÍCULO 40 DE LA CONSTITUCIÓN — 
38 BtL PROYECTO 

Esta reforma tiene verdadera importan- 
cia. Su fin es robustecer la acción del Par- 
lamento. Actualmente, como es sabido, las 
Cámaras por derecho propio sólo celebran 
sesiones del 15 de Febrero al 15 de Julio: 
cinco meses del año. Los otros siete meses 
sólo pueden reunirse por convocatoria es- 
pecial del Poder Ejecutivo, y entonces no 
podrán ocuparse de otros asuntos que los 
que hubieren motivado su convocatoria. 



270 WASHINGTON BELTRAN 

Esto establece una subordinación del Po- 
der Legislativo respecto al Poder Ejecu- 
tivo, que no tiene explicación no sólo desde 
el punto de vista de la independencia de 
los Poderes, sino también del papel que 
como entidad predominante tiene en todas 
las democracias el Poder Legislativo, en 
su carácter de genuino representante de la 
soberanía nacional. 

Vuestra Comisión ha creído conveniente 
reformar, por esas razones, el artículo 40 
de la Constitución, estableciendo un plazo 
de nueve meses para las sesiones ordina- 
rias, sin perjuicio de que las Cámaras pue- 
dan reunirse en sesiones extraordinarias, 
ya por convocaciones del Poder Ejecutivo, 
ya por propia iniciativa. En el artículo 38 
del proyecto se acorta un mes el plazo de 
sesiones ordinarias cuando debe haber re- 
novación del Parlamento, pues la realidad 
enseña que en ese período de elecciones la 
mayor parte de los representantes tiene 
que ir a campaña a preocuparse de la lucha 
electoral. 



'EN LA CONSTITUYENTE 2"/ I 

IV 

ARTÍCULO 138 DK LA CONSTITUCIÓN — 
163 DEL PROYECTO 

V^uestra Comisión ha creído conveniente 
escribir en la Constitución de la República 
la abolición de la pena de muerte. Este 
precepto no puede ser objeto de mayor con- 
troversia, desde el momento que se halla 
incorporado a nuestra legislación ordina- 
ria, y no se levanta en el país ninguna pro- 
testa contra esa ley. 

Bien conocidas son las razones que justi- 
fican la abolición de la pena de muerte. Sin 
necesidad de recurrir al viejo argumento 
de Becaria, de la ilegitimidad de la pena, 
pues la sociedad no tiene derecho para qui- 
tar la vida a nadie, sobran motivos de otro 
orden, poderosos y decisivos. Lo es sin 
duda el peligro que ella entraña, dado su 
carácter irreparable. Falibles los Jueces 
por ser hombres, los anales de los Tribu- 
nales revelan docenas y docenas de casos en 
que se aplicó la pena capital, y después de 



272 WASHINGTON BELTRAN 

la muerte se comprobó la inocencia del con- 
denado. Paul Deschanel decía en la Cámara 
francesa, en la sesión del 4 de Noviembre 
de 1908: " Basta que en el curso de los si- 
" glos un solo hombre haya sido injusta- 
" mente condenado a la pena capital, para 
" que la pena capital deba desaparecer ". 

Tampoco es necesaria la pena de muerte. 
Razonan mal los que arguyen que la socie- 
dad puede eliminar al asesino, como el 
hombre que mata al agresor en caso de 
legitima defensa. No: la sociedad puede 
defenderse del delincuente sin necesidad de 
eliminarlo: le basta con reducirlo a prisión 
y hacer ésta todo lo larga que crea conve- 
niente. 

La aplicación de la pena de muerte es 
igualmente ineficaz para contener o dismi- 
nuir los grandes crímenes. No piensa el de- 
lincuente en su aplicación al violar la ley: 
cuenta, por el contrario, en su impunidad, 
en la certidumbre de que su delito que- 
dará en la sombra. 

Agregúese que la abolición de la pena 
de muerte suprime la existencia del ver- 



EN LA CONSTITUYENTE 2/3 

dugo, oprobio y mancha de la civilización. 
Suprime igualmente el espectáculo de los 
ajusticiados, de nociva influencia en la so- 
ciedad. El criminal marcha a la muerte y 
en la seguridad que el pueblo tiene sus ojos 
fijos en él, adopta actitudes teatrales y va- 
lientes, desapareciendo, no entre el despre- 
cio y la conmiseración, sino más bien 
aureolado por el prestigio y la simpatía. 

Con la marcha de la civilización se ob- 
serva en los pueblos menos crudeza en la 
aplicación de las penas, suprimiendo todas 
aquellas condenas que sean innecesarias o 
ineficaces. 

Sea cual fuere el criterio que se tenga 
sobre la existencia de los criminales natos, 
de los incorregibles, la verdad es que la 
ciencia no ha dado su palabra definitiva, y 
no es posible desesperar que dentro de sis- 
temas carcelarios adecuados, pueda la so- 
ciedad hacer obra saludable de reforma en 
las almas delincuentes, por duras y encalle- 
cidas que sean. 

Y en cuanto a evitar la comisión de 
grandes crímenes, medios más eficaces que 

18. 



274 WASHINGTON BELTRAN 

la pena de muerte son la certidumbre que 
se lleve a todos los extremos de un pueblo, 
que ninguna violación quedará sin castigo, 
que todo delito tendrá su represión, y, 
junto a ello, el combate tenaz contra el al- 
cohol y el analfabetismo. 

ARTÍCULO 136 DEL PROYECTO 

Es de conveniencia establecer en la 
Constitución el recurso de " babeas cor- 
pus ". Ese recurso ya está consagrado en 
el artículo 158 del Código de Procedimiento 
Civil : pero derecho tan primordial y caro 
a los ciudadanos debe hallarse escrito en 
el Código Fundamental de la República. 

ARTÍCULO 173 DEL PROYECTO 

Hámilton, en " El Federalista ", expli- 
cando la grave omisión de la Constitución 
de los Estados Unidos de 1787, respecto a 
la declaración de derechos y garantías, 
afirmaba que prefirieron no haber dicho 
nada antes que hacer una enumeración in- 
completa de aquéllos. 



EN LA CONSTITUYENTE 275 

Las primeras enmiendas efectuadas a la 
Constitución americana, evitan la critica 
hecha por Hámilton. Formulan, por con- 
siderarla imprescindible salvaguardia de 
las libertades individuales, una declaración 
de derechos y garantías, pero en seguida 
establecen en el articulo 9.° este precepto: 
" No se dará jamás a la enumeración de los 
" derechos en esta Constitución consigna- 
" dos, una interpretación que niegue o de- 
" rogue los que se haya reservado ". 

En la Constituyente argentina de 1860, 
inspirados en el ejemplo americano, se pro- 
puso el articulo 33, que dice asi : " Las de- 
" claraciones, derechos y garantías que 
'' enumera la Constitución no serán enten- 
" didos como negación de otros derechos y 
" garantías no enumerados, pero que nacen 
'' del principio de la soberanía del pueblo y 
" de la forma republicana de gobierno ". 

Este artículo — ^ análogo al que vuestra 
Comisión os propone — fué defendido en 
la Constituyente de 1860 por los hombres 
más esclarecidos de la República Argen- 
tina: pugnaron por su triunfo Mitre, Sar- 
miento, V Vélez Sarfield. 



276 WASHINGTON BELTRÁN 

Es al amparo de esa disposición que ha 
podido defenderse en toda su amplitud el 
derecho de reunión, pues aun cuando no 
esté consignado en la Constitución Argen- 
tina, — como no lo está en la nuestra, de 
modo expreso, — es un derecho que no puede 
ser negado, porque nace del principio de 
la soberanía del pueblo y de la forma repu- 
blicana de gobierno. 



Vuestra Comisión no ha podido aceptar 
ni dado lo escaso del tiempo producir in- 
forme sobre numerosos proyectos presen- 
tados por algunos señores constituyentes. 
Esta Constitución es obra de acuerdo y 
transacción entre los dos grandes partidos 
del país. De ahí que, no contando esos pro- 
yectos con ambiente favorable, no han po- 
dido ser aceptados. Su rechazo no implica 
que la Constituyente se pronuncie contra 
la idea que algunos de ellos encarnan, sino, 
pura y sencillamente, que dada la premura 
del tiempo no es posible entrar en las lar- 
gas discusiones que provocarían. De modo, 
pues, que la Constituyente sin necesidad de 
dar contra esos proyectos un voto expreso 



EN LA CONSTITUYENTE 2'J'] 

de rechazo, al votar afirmativamente — 
si así lo hiciera — el proyecto que vuestra 
Comisión os envía, ya, de hecho, declara 
eliminados a aquéllos. 



A la vez, debiendo Vuestra Honorabili- 
dad señalar la fecha en que debe efectuarse 
el plebiscito de ratificación, vuestra Comi- 
sión os envía el siguiente proyecto, para 
que si lo consideráis conveniente, le pres- 
téis vuestra sanción. 

PROYECTO DE RESOLUCIÓN 

Artículo I." Apruébase el proyecto de 
nueva Constitución de la República. 

Art. 2^ El pueblo será convocado a la ra- 
tificación plebiscitaria un mes después de 
haber clausurado sus sesiones la Honora- 
ble Convención Constituyente. 

Montevideo, Septiembre 24 de 1917. (i) 



(i) Este informe de la Comisión de Constitución y 
el anexo a dicho informe, redactados ambos por el autor 
de este libro, llevan la firma de los constituyentes doc- 
tores Rodríguez Larreta, Areco, Martínez, Beltrán, Buero, 
Berro (Carlos A.), Miranda, Terra (Duvimioso), Ara- 
gón y Etchart, Roosen, Aguirre, Vidal Belo y Salgado. 



ANEXO AL INFORME 
DE LA COMISIÓN DE CONSTITUCIÓN 



ANEXO AL INFORME 
DE LA COMISIÓN DE CONSTITUCIÓN 



Modificaciones, agregados y supresiones 
a la Constitución de la República 



Se suprime el preámbulo. 

Sección I de la Constitución. — Se suprime 
en el título: ''y Culto". 

Artículo /." de la Constitución. — /." del 
Proyecto. — Se cambian las palabras : " Es- 
tado " por '' República ", — y '' nueve " por 
" diez y nueve ". 

' Art. 2.° de la Constitución. — 2.° del Pro- 
yecto. — Se cambia "El" por "Ella". 

Art. 6." de la Constitución. — d.** del Pro- 
yecto. — Se cambia " Estado " por *' Repú- 
blica ". 

Art. /j de la Constitución. — 14 del Pro- 
yecto. — Se cambia " Estado " por " Repú- 
blica" y se sustituye "representativa-repu- 
blicana " por '' democrático-representativa ". 



282 WASHINGTON BELTRÁN 

Art. 77 de la Constitución. — 18 del Pro- 
yecto. — Inciso 9.° crear nuevos departamen- 
tos: se agrega lo siguiente: " por mayoría de 
" dos tercios de votos sobre el total de los 
" miembros de cada una de las Cámaras ". 

Inciso II. Se agrega: "Se exceptúan las 
" fuerzas que entren al solo efecto de rendir 
" honores, cuya entrada será autorizada por 
" el Presidente de la República ". 

Inciso 13 : La última parte queda redactada 
así : " Dar pensiones o recompensas pecunia- 
'' rias o de otra clase; decretar honores públi- 
" eos a los grandes servicios ". ( Se cambia la 
coma y la 3' por punto y coma, a efecto que se 
precise que los grandes servicios sólo se re- 
fiere a los honores públicos ). 

Art. 18 de la Comtitución. — IQ del Pro- 
yecto. — Se cambia: "los pueblos", por **el 
pueblo" y se suprime: "que se expedirá 
oportunamente". 

Arts. ig, 20 y 21 de la Constitución. — Su- 
primidos. 

Art. 22 de la Constitución. — 20 del Pro- 
yecto. — Se suprime : " a excepción de las dos 
" que han de servir en la primera Legislatura 



EN LA CONSTITUYENTE 283 

" que deben hacerse precisamente luego que 
" la presente Constitución esté sancionada, 
" publicada y jurada ". 

Art. 24 de la Constitución. — 22 del Pro- 
yecto. — Se suprime la palabra : ** elegido " 
y las siguientes : " en la primera y segunda 
" Legislatura, ciudadanía natural en ejerci- 
" cío, o legal con diez años de residencia " ; "y 
" un capital de cuatro mil pesos, o profesión, 
" arte u oficio útil que le produzca una renta 
" equivalente ". 

Art. 25 de la Constitución. — i>j v 24 del 
Proyecto. — Se substituye el artículo 25 de la 
Constitución por el 23 y 24 del Proyecto que 
establecen lo siguiente: 

*' 22,. No pueden ser Representantes : 

" Los empleados militares o los civiles de- 
pendientes de los Poderes Ejecutivo o Judi- 
cial por servicio a sueldo, a excepción de los 
retirados o jubilados. 

" Los militares que renuncien al cargo y al 
sueldo para ingresar al Cuerpo Legislativo, 
conservarán el grado, pero mientras duren 
sus funciones legislativas no podrán ser as- 
cendidos, estarán exentos de toda subordina- 



284 WASHINGTON BELTRÁN 

ción militar y no se contará el tiempo que per- 
manezcan desempeñando funciones legislati- 
vas a los efectos de la antigüedad para el as- 
censo ". 

" 24. No pueden ser electos Representan- 
tes, los Jefes de Policía, Jueces y los mili- 
tares en la región en que tengan mando de 
fuerza o ejerzan en actividad alguna fun- 
ción militar, salvo que renuncien con seis 
meses de anticipación al acto electoral ". 

Art. 26 de la Constitución. — ^5 del Pro- 
yecto. — Inciso 2.° se cambia : '' u otros que 
" merezcan pena infamante o de muerte ", 
por " u otros delitos graves ". 

Art. 2g de la Constitución. — 28 del Pro- 
yecto. — Se suprime la parte final : *' y de- 
" cidiéndose por la suerte, luego que todos 
' se reúnan, quienes deben salir el primero 
" y segundo bienio ; y sucesivamente los 
" más antiguos". 

Art. JO de la Constitución. — 2Q del Pro- 
yecto. — Se suprime: " nombrado "; — "en 
" la primera y segunda Legislatura, ciuda- 
" dania natural en ejercicio, o legal con ca- 
" torce años de residencia " : — *' v un ca- 



EN LA CONSTITUYENTE 285 

'' pital de diez mil pesos, o una renta equi- 
'' valente, o profesión científica, ,que se la 
*' produzca ". 

Art. ^2 de la Constitución. — J7 del Pro- 
yecto. — Se cambia la palabra " individuo " 
por " ciudadano ". 

Art. J5 de la Constitución. — Suprimido. 

Art. ^6 de la Constitución. — ^4 del Pro- 
yecto. — Se cambia por el siguiente : '' 34. 
" Nadie podrá volver a ejercer las funcio- 
" nes de Senador sino después que haya pa- 
" sado un bienio, por lo menos, desde su 
"cese". (El cambio consiste en substituir: 
" ser reelegidos " por " volver a ejercer las 
funciones ", lo cual indica que el bienio se 
cuenta no entre el cese de las funciones y 
el momento en que se efectúan las eleccio- 
nes, sino entre el cese y la vuelta al ejerci- 
cio de las funciones ). 

Art. J7 de la Constitución. — 55 del Pro- 
yecto. — Se sustituye el 37 de la Constitu- 
ción por el 35 del Proyecto que dice así : 

^'35. Los Senadores y los Representantes 
serán compensados por sus servicios con una 
asignación mensual que percibirán durante 



286 WASHINGTON BERTRÁN 

el término de su mandato y que será fijada 
por dos tercerac partes de votos de la Asam- 
blea y por resolución especial, en el último 
período de cada Legislatura para los miem- 
bros de la siguiente, Dicha compensación les 
será satisfecha con absoluta independencia 
del Poder Ejecutivo." 

Art. 40 de la Constitución. — ^8 del Pro- 
yecto. — El artículo 40 de la Constitución se 
substituye por el 38 del Proyecto que dice 
así: 

"38. La Asamblea General empezará sus 
sesiones el 15 de Marzo de cada año sesio- 
nando hasta el 15 de Diciembre o sólo hasta 
el 15 de Octubre en el caso de que haya elec- 
ción de Representantes, debiendo en tal caso 
la nueva Asamblea empezar a sesionar el 15 
de Febrero siguiente. La Asamblea se reuni- 
rá en las fechas indicadas sin necesidad de 
convocatoria especial del Poder Ejecutivo. 
Por razones graves y urgentes las Cámaras 
así como el Poder Ejecutivo, podrán hacer 
cesar el receso." 

Arts. 41 y 42 de la Constitución. — Supri- 
midos. 



EN LA CONSTITUYENTE 287 

Art. 58 de la Constitución. — 56 del Pro- 
yecto. — Se cambia la referencia al artículo 
53 por "49 y siguientes". 

Art. 6g de la Constitución. — 6/ del Pro- 
yecto. — Se cambia la referencia al artículo 
63 por la referencia al artículo 61. 

Art. 81 del Proyecto. — A la enmienda vo- 
tada por la Honorable Convención Constitu- 
yente se le agrega lo siguiente : "salvo auto- 
'* rización del Poder Legislativo para salir 
" del país, concedida por mayoría absoluta 
" de sufragios". 

Art. 102 del Proyecto. — A la enmienda vo- 
tada se le agrega: "Los Consejeros gozarán 
" de las mismas inmunidades que los Repre- 
" sentantes y Senadores". 

Art. 8q de la Constitución. — log del Pro- 
yecto. — Se le agrega : "salvo autorización del 
" Poder Legislativo para salir del país, con- 
" cedida por mayoría absoluta de sufragios". 

Art. Qi de la Constitución. — ii¿ del Pro- 
yecto. — Se suprime la palabra "primiera". 

Art. pj de la Constitución. — iiy del Pro- 
yecto. — Se cambia el artículo 93 por el 117 
del Proyecto que dice así : 



WASHINGTON BELTRAN 



"117. Para ser miembro de la Alta Corte 
de Justicia se necesita haber ejercido por diez 
años la profesión de abogado o por ocho la 
de Magistrado, y en ambos casos tener cua- 
renta años cumplidos de edad y las demás 
calidades precisas para ser Senador que es- 
tablece el artículo 29." 

Art. p4 de la Constitución. — Suprimido 

Arf. p¿ de la Constitución. — 118 del Pro- 
yecto. — Se suprime: "Los letrados durarán 
" en sus cargos todo el tiempo de su buena 
" comportación". 

Art. 97 de la Constitución. — 120 del Pro- 
yecto. — Se le da la siguiente nt eva redac- 
ción: 

"120. También conocerá en último grado 
de los juicios que en los casos y forma que 
designe la Ley, se eleven de los Tribunales 
de Apelaciones." 

Art. 100 de la Constitución. — 120 del Pro- 
yecto. — Se cambia la palabra ''individuos" 
por "ciudadanos". 

Art. 102 de la Constitución. — 124 del Pro- 
yecto. — Se substituye el artículo 102 de la 
Constitución por el 124 del Proyecto que es- 
tablece lo siguiente: 



EN LA constituyentf; 289 

"124. Para la más pronta y fácil adminis^ 
tración de justicia se establecerá en el terri- 
torio del Estado uno o más Tribunales de 
Apelaciones con el número de Ministros que 
la Ley señalará, debiendo éstos ser ciudada- 
nos naturales o leeales, y haber ejercido por 
ocho años la profesión de abogado o por seis 
años la de magistrado". 

Art. 105 de ¡a Constitución, — 12"/ del Pro- 
yecto. — Se suprime: "hasta que se origine el 
juicio por jurados". 

Arts. 118 a lió de la Constitución. — Se 
llevan al capítulo "Derechos y garantías". 

Art. 11/ de la Constitución. — Suprimido. 

Art. 118 de la Constitución. — 14^ del Pro- 
yecto. — Se cambia el nombre de "Jefe Polí- 
tico" por "Jefe de Policía", y se suprime lo 
siguiente: "al que corresponderá todo lo gu- 
" bernativo de él : y en los demás pueblos 
" subalternos, Tenientes sujetos a aquél". 

Art. iip de la Constitución. — 144 del Pro- 
yecto. — Se cambia "Jefe Político" por "Jefe 
de Policía" y se suprime: "con propiedades 
" cuyo valor no baje de cuatro mil pesos". Se 



19. 



290 WASHINGTON BELTRAN 

fija la residencia no interrumpida en dos 
años. 

Arts. 120 y 121 de la Constitución. — 14^ 
del Proyecto. — Los artículos 120 y 121 de 
la Constitución se substituyen por el 145 del 
Proyecto, que dice: 

"145. Las policías dependerán directa- 
" mente del Presidente de la República y 
" sus presupuestos formarán parte del Pre- 
" supuesto General de Gastos". 

Sección XI de la Constitución. — Sección 
XII del Proyecto. — Se substituye el título: 
"Disposiciones Generales" por el siguiente: 
"Derechos y Garantías". 

Art. 1^0 de la Constitución. — 14Ó del Pro- 
yecto. — Se cambia "Estado" por "Repú- 
blica". 

Art. i^i de la Constitución. — 14"/ del Pro- 
yecto. — Igual cambio que en el artículo an- 
terior. Además se suprime la palabra "ya". 

Art. 1^4 de la Constitución. — i^o del Pro^ 
yecto. — Se suprime: "están sólo reservados 
a Dios". Se cambia "Estado" por "Repú- 
blica". 

Art. /J5 de la Constitución. — iji del Pro- 



EN LA CONSTITUYKNTí: 29I 

yecto. — Se cambia: *'la casa del ciudadano", 
— por "el hogar". (Estas garantías y dere- 
chos no son sólo para los ciudadanos sino 
para todos los habitantes del país). 

Art. i^j de la Constitución. — 755 del Pro- 
yecto. — El articulo 137 de la Constitución es 
sustituido por el 153 del Proyecto, que esta- 
blece lo siguiente: 

"153. Queda subsistente el juicio por ju- 
rados en las causas criminales". 

Art. 1^6 del Proyecto. — Se agrega como 
artículo 156 del Proyecto el siguiente, esta- 
bleciendo el recurso de ''hábeas corpus". 

156. En caso de prisión indebida, la per- 
sona aprehendida o cualquier ciudadano po-i 
drá interponer ante el juez competente, el 
recurso de "hábeas corpus", a fin de que la 
autoridad aprehensora explique y justifique 
de inmediato el m/otivo legal de la aprehen- 
sión, estándose a lo que decida el Juez indi- 
cado". 

Art. 1^8 de la Constitución. — zdj del Pro- 
yecto. — Se le agrega: *'A nadie se le apli- 
cará la pena de muerte". 

Se cambia: ''a los acusados", por lo si-i 
guíente: "a los procesados y penados". 



292 WASHINGTON BELTRAN 



Art. ISQ de la Constitución.— 164 del Pro- 
yecto. — Se cambia : "pena corporal" por 
"pena de penitenciaría'', y el imperativo: 
"los Jueces podrán", etc. 

Art. 140 de la Constitución. — 16¿ del Pro- 
yecto. — Se cambia: "Los papeles particula- 
res de los ciudadanos", por "Los papeles de 
los particulares". 

Art. 141 de la Constitución. — 166 del Pro- 
yecto. — Se cambia la redacción de la parte 
final, sin alterar para nada el sentido. 

Art. 142 de la Constitución — 16/ del Pro- 
yecto. — Se cambia "ciudadano" por "habi- 
tante". 

Art. 144 de la Constitución. — lóp del Pro- 
yecto. — Se cambia : "necesidad de la Na- 
ción", por "necesidad o utilidad pública". 

Art. 146 de la Constitución. — lyi del Pro- 
yecto. — Se cambia la redacción sin alterar el 
sentido. 

Art. 14'/ de la Constitución. — 1'/2 del Pro- 
yecto. — Se substituye "individuo" por "per- 
sona". 

Art. i/j del Proyecto. — Se agrega el ar- 
tículo 173 del Proyecto en el que se precisa 



í;n la constituyente 293 



que la enumeración de derechos y garantías 
no es taxativa. 

Ese artículo dice así: 

"173. La enumeración de derechos y ga- 
rantías hecha por la Constitución no excluye 
los otros que son inherentes a la personali- 
dad humana o se derivan de la forma repu- 
blicana de gobierno". 

Sección XII de la Constitución. — XIII del 
Proyecto. — Se cambia: "publicación y jura- 
mento" por "cumplimiento". 

Art. 148 de la Constitución. — 114 del Pro- 
yecto. — Se suprime: ''ni a los Decretos". 

Arts. 14P y I ¿o de la Constitución. — Su- 
primidos. 



Reforma al Reglamento de la 
Convención Nacional Constituyente 



CONVENCIÓN NACIONAL 
CONSTITUYENTE 



SESIÓN DEL 24 DE SEPTIEMBRE DE I9t7 



Sr. Beltrán. — Creo que la Asamblea ha 
votado un poco impremeditadamente la 
moción de retiro del proyecto formulado 
por la Comisión de Constitución. 

Con el retiro de ese proyecto queda vi- 
gente el Reglamento de la Honorable 
Asamblea Constituyente. Si el proyecto de 
nueva Constitución sigue todos los trámi- 
tes del Reglamento, con una discusión ge- 
neral y una discusión particular, habiendo, 
como hay, cuarenta o cincuenta modifica- 
ciones, aunque sean de detalle, corremos el 
peligro, casi la certidumbre, de que llegará 
el 27 de Octubre y no estará terminada la 
obra de la reforma Constitucional. 

Recién se podrá reunir la Convención 
Constituyente para tratar este asunto el 
lunes o miércoles de la semana que viene, 
porque se necesitan varios días para im- 



298 WASHINGTON BKLTRÁN 

primir un repartido voluminoso. De ma- 
nera que recién los señores constituyentes 
podrán reunirse el lunes de la semana pró- 
xima, o sea el i." de Octubre. Queda, pues, 
un escaso número de sesiones. La fecha en 
que termina la obra de la Constituyente 
debe ser el 27 de Octubre y no me parece 
prudente que lleguemos hasta el 27 de Oc- 
tubre para terminar ese mismo día la obra. 

Es necesario que se termine unos días 
antes por si falta número o por cualquier 
otra contingencia. De manera que por ser 
cuestiones de detalle yo creo que se impone 
alguna modificación al Reglamento; y 
junto con ello, el artículo que prevea como 
debe hacerse el examen de la obra de con- 
junto, porque este es un caso que no está 
previsto en el Reglamento. 

Cuando se discutió el Reglamento en la 
Constituyente, el doctor Secco Illa propuso 
que se hiciera un examen de conjunto, como 
se hace con todas las obras de la índole de 
la que nos ocupamos, para ver la armonía 
de las disposiciones de un artículo con los 
que no han sido modificados. 



'KN IvA CONSTITUYENTE 299 

Esa idea del doctor Secco Illa fué dese- 
chada y ha quedado el vacío en el Regla- 
mento : no se prevé como debe proceder la 
Asamblea Constituyente para ver como 
queda en conjunto la nueva Constitución 
de la República : si está bien coordinada, si 
existe armonía entre unos artículos y los 
otros, etc. De manera, pues, que es impres- 
cindible que la Comisión de Reglamento dé 
alguna solución. 

Por eso, propongo que se mantenga el 
proyecto de la Comisión de Constitución, y 
aun cuando ese proyecto no fuese votado 
por la Convención Constituyente, su sub- 
sistencia permitiría que la Comisión de Re- 
glamento, integrada y aunando opiniones, 
presentara alguna forma substitutiva que 
nos facilitara arribar a una solución favo- 
rable. 

Hago moción, señor Presidente, para que 
el proyecto de reforma al Reglamento, de 
la Comisión de Constitución, pase a la Co- 
misión de Reglamento integrada, y ésta se 
pronuncie sobre él o formule un nuevo pro- 
yecto sustitutivo. 



Artículo I." de la Constitución de la 
República 



CONVENCIÓN NACIONAL 
CONSTITUYENTE 



SESIÓN DEL 5 DE OCTUBRE DE I9I7 



Sr. Beltrán. — La Comisión acepta la 
modificación propuesta por el señor cons- 
tituyente Arocena, modificación que se en- 
cuentra ya en el proyecto del señor Presi- 
dente, doctor Alfredo Vázquez Acevedo. 

Es mejor suprimir el número de diez y 
nueve departamentos, desde el momento 
que la Cámara tiene facultad para crear 
otros nuevos y efectuado ese aumento esta- 
ria el articulo i.** en contradicción con la 
realidad de los hechos. 

También creo que se debe cambiar una 
palabra en este artículo, que está mal, y ha 
sido criticada por Alberdi en sus " Bases ". 



304 WASHINGTON BELTRAN 

Estudiando el artículo i.° de la Constitu- 
ción Uruguaya, dice Alberdi lo siguiente: 
" La Constitución empieza definiendo el 
Estado Oriental. Toda definición es peli- 
grosa: pero la de un Estado nuevo, como 
ninguna. Esa definición que debía pecar 
por falta ( si puede serlo bastantemente ), 
es exacta a expensas del Estado Oriental. 
" El Estado, dice en su artículo i.", es la 
asociación política de todos los ciudadanos 
comprendidos en su territorio " No es 
exacto: el Estado Oriental es algo más que 
esto en la realidad. Además de la reunión 
de sus ciudadanos, es Lanford, es Estevez, 
verbigracia son los 20.000 extranjeros 
avecindados allí, que sin ser ciudadanos, 
poseen ingentes fortunas y tienen tanto 
interés en la prosperidad del suelo oriental 
como sus ciudadanos mismos ". 

No voy a agregar una palabra más a lo 
dicho con tanta elocuencia por Alberdi. Ya 
que este artículo ha de quedar subsistente, 
creo que debe, en síntesis, modificarse, 
aceptando también la enmienda formulada 
por el señor constituyente Carlos Arocena, 



EN LA CONSTlTUYENTí) 305 

quedando la disposición redactada del si- 
guiente modo: " La República Oriental del 
Uruguay es la Asociación política de todos 
los habitantes comprendidos dentro de su 
territorio ". 

(Apoyados). 

(¡Muy bien!). i 



La situación del país sin el pacto 
constitucional 



Este artículot escrito con la expresión más íntima del 
pensamiento, apareció publicado en el ** Diario del 
Plata" el 23 de Noviembre de I9Í7, dos días antes 
de efectuarse el plebiscito en que fué aprobada la 
nueva Constitución. Creo conveniente insertarlo en 
este libro, como un complemento al discurso pronun- 
ciado en la Convención Nacional Constituyente el 
26 de Julio de I9Í7, en defensa del pacto constitu- 
cional. 



Los adversarios de la nueva Constitu- 
ción, rechazan, a pesar de su indiscutida 
buena fe, el pacto constitucional, porque 
estudian el problema con un criterio unila- 
teral y simplista desconcertante. 

Ni por un momento han examinado la 
situación de la República si el acuerdo 
constitucional no se hubiera realizado. 

Fuimos a ese acuerdo, después de largas 
dudas, de inquietudes, de torturantes con- 
gojas patrióticas. Noches y noches senti- 
mos el sueño turbado y ahuyentado ante la 



308 WASHINGTON BELTRÁN 

incierta visión del porvenir. La nación, por 
vez primera durante un siglo, había reasu- 
mido su soberanía en el día imperecedero 
del 30 de Julio. 

¡ Cómo no explicarse nuestra angustia, 
mejor dicho, nuestra desesperación, al ver 
que esa estupenda victoria, ante los aten- 
tados proyectados por el oficialismo, se 
nos escapaba, se nos iba de las manos, y 
teníamos que presentarnos frente al pue- 
blo, llevándole sólo nuestra indignación y 
nuestra ira, pero confesándole que no ob- 
teníamos ni una sola conquista democrá- 
tica y que las poderosas fuerzas morales 
coaligadas el 30 de Julio, o sea casi el país 
entero, no podían ni siquiera impedir el 
vejamen de una tercera reelección inme- 
diata ! 

Los términos del problema eran claros 
y decisivos. Supongamos que no hubiése- 
mos hecho el acuerdo constitucional. ¿Qué 
hubiera sucedido? La obra de la Constitu- 
yente estaba fracasada. La Cámara de 
Representantes había ya votado, en térmi- 
nos angustiosos, sesionando por la tarde, 



EN LA CONSTITUYENTE 309 

por la mañana siguiente, con prórrogas y 
prórrogas de horas, el proyecto Buero- 
Martinez Thedy. Ese proyecto, que anu- 
laba por entero a la Constituyente, con- 
tando en el plebiscito a favor del oficia- 
lismo, las abstenciones, los ausentes, los 
enfermos, los muertos, los indiferentes, las 
inscripciones dobles, y que hasta hacía ilu- 
sorio el secreto del voto si el núcleo gober- 
nante cumplía con su amenaza de decretar 
la abstención de sus parciales, ese proyecto, 
sancionado por la Cámara de Representan- 
tes, tenía mayoría asegurada en el Senado. 

¡Ingenuos e ilusos los que aún dicen que 
ese proyecto era sólo amenaza y que no se 
hubiera convertido en ley de la Nación ! 

Yo tengo presente el golpe de Estado 
dado por el oficialismo dos semanas antes 
del 14 de Enero. Llegábamos tranquila- 
mente a la Cámara a las 4 de la tarde, a 
tratar los asuntos que estaban en la orden 
del día. Al entrar a sala algunos colegas 
traen " La Razón ", que acaba de salir y 
en ella se inserta el mensaje del Poder Eje- 
cutivo creando treinta y tres bancas y todo 



310 WASHINGTON BELTRAN 

un largo articulado, precisando la distribu- 
ción de aquéllas, y modificando disposicio- 
nes de leyes electorales. No es concebible 
pintar nuestra sorpresa al ver que ese pro- 
yecto se trata sobre tablas, sin repartido, 
sin informe, tomando a toda la oposición 
desprevenida, negándose a darnos veinti- 
cuatro horas para analizar el proyecto, es- 
tudiarlo y discutir, votado todo a tambor 
batiente, proyecto en virtud del cual el ofi- 
cialismo distribuye las bancas aumentando 
caprichosamente la adjudicación según sea 
mayoría o minoría en un departamento. Al 
amparo de esa ley pudo aún siendo minoría 
en más de cuatro mil votos en todo el elec- 
torado del país, obtener mayoría de trece 
bancas en la Cámara de Representantes. Y 
resultó minoría en el electorado no obstante 
la enorme coacción oficial y la derogación 
del voto secreto quemado por sus adorado- 
res de la víspera. 

Un diputado oficialista al terminar esa 
sesión — que la historia ha de recoger 
como proceso de una época — le dijo a un 
amigo mío: " Acabamos de dar un golpe de 



EN LA CONSTITUYENTE 3II 

Estado ". Y lo dieron tranquilamente. Los 
hombres independientes protestaron; la 
prensa fustigó el atentado. . . pero, a pesar 
de las protestas y de las fustigaciones, la 
nación resignada soportó el hecho y aun- 
que minoría en el país quedaron siendo ma- 
yoría en el Parlamento y dueños de la so- 
lución presidencial de 1919. 

Los que hemos presenciado ese cuadro 
doloroso, los que habíamos vuelto a presen- 
ciarlo cuando la Cámara, pocos meses des- 
pués, sancionaba en forma apremiante el 
proyecto Buero-Martínez Thedy, ¿ podía- 
mos tener la más leve duda que si no se 
hacía el acuerdo constitucional, el Senado 
convertiría al proyecto en ley de la Nación? 
¿Se olvida que ya el Senado después de 
encontrar citas de una docena de autores 
y la biblioteca oportuna que nunca falta, 
ya también lo había aprobado en discusión 
general? 

Pero se dice: admitamos que ese pro- 
yecto se hubiera convertido en ley: se 
plantearía la lucha entre la Constituyente 
y los Poderes Legislativo y Ejecutivo, o 



/ 



312 WASHINGTON BKLTRÁN 

sea la lucha entre la fuerza moral con el 
poder que dispone de todas las policías y 
de los diez mil soldados de un ejército par- 
tidario. 

Pero no: hay que plantear exactamente 
la situación. Esa lucha entre dos poderes, 
frente a frente, no hubiera tenido ocasión 
de promoverse. La Constituyente habría 
seguido su obra, pero, al terminar el año, 
caducaba sus funciones, dejaba de existir. 
Habría, dentro de sus facultades, señalado 
fecha para el referéndum. A ese plebiscito 
concurrirían las fuerzas opositoras, pero el 
Senado, encargado de participar el escru- 
tinio, de acuerdo con la ley interpretativa 
ad-hoc, no lo realizaría. 

Continuemos analizando la situación. La 
mayoría colorada de la Cámara llegado el 
I.*" de Marzo de 1919 elegirían para la pre- 
sidencia de la República, el candidato que 
ya tenían proclamado y que lo sacaron de 
la historia a donde lo mandaron cuando el 
alto decretado después del 30 de Julio : Don 
José Batlle y Ordóñez. 

Ahora bien: para el Partido Nacional 



EN LA CONSTITUYENTE 313 

como para todos los partidos que hubieran 
proyectado la nueva Constitución, el señor 
Batlle o cualquier ciudadano que fuera a la 
presidencia, electo por esta Cámara, seria 
un dictador. Y lo seria, porque para nos- 
otros, a pesar que el Senado se hubiera ne- 
gado a realizar el escrutinio, la Constitu- 
ción válida era la sancionada, en cuya 
Constitución le quitábamos al Parlamento 
la facultad de elegir Presidente de la Repú- 
blica, debiendo esta elección ser directa- 
mente efectuada por el pueblo. 

En esa situación ¿ podía el Partido Na- 
cional continuar teniendo su representa- 
ción en las Cámaras? ¿Podían los naciona- 
listas, con dignidad y con decoro, formar 
parte de una Legislatura, estando al frente 
del país un dictador ? ¿ Y podía ese par- 
tido, con honor y sin incurrir en una inca- 
lificable contradicción ir a las elecciones de 
Noviembre de 1919 y al mismo tiempo sos- 
tener que el Presidente estaba mal electo 
y era dictador ? 

No había más que un solo camino: tirar 
a la calle las cincuenta y siete bancas na- 



314 WASHINGTON BELTRÁN 

cionalistas, arrojar ese baluarte civilista 
que tan poderoso esfuerzo le ha costado a 
la falanje del llano, volver a la abstención 
y con una justa desesperanza en el comi- 
cio, cerradas las puertas de la legalidad, 
aceptar, por vigésima vez, la guerra civil 
desencadenada por el despotismo y la cínica 
ambición de las alturas. 

He ahi el cuadro, las perspectivas que 
teníamos ante nuestros ojos cuando dudá- 
bamos de hacer el acuerdo constitucional. 

Con razón he dicho que la inquietud del 
porvenir nos turbaba el sueño. ¿ Qué hom- 
bre de responsabilidad no siente el peso 
abrumador de decidir el dilema de la paz o 
la guerra ? Y sobre todo, la guerra civil en 
nuestro país y en las actuales circunstan- 
cias : la guerra civil que principalmente cas- 
tiga al Partido Nacional por su abnegación 
y por su espíritu de sacrificio; porque en 
sus filas, los hombres de trabajo forman 
legión; porque son sus hacendados los que 
más sufren; porque los odios se intensifi- 
can, las pasiones se desatan, el progreso no 
se detiene sino que retrocede, las libertades 



EN L,A CONSTITUYENTE 31$ 

perecen y pasan años después de la paz, 
para que se restauren precarias garantías. 

Fué con la certidumbre absoluta que ese 
era el futuro, que hicimos el acuerdo cons- 
titucional. Pero lo hicimos, a pesar de todo, 
con ánimo enérgico y espíritu viril. Lo 
hicimos sacrificando los detalles, lo acci- 
dental, lo secundario, pero salvando gran- 
des y preciados postulados, por uno solo 
de los cuales, por el voto secreto, la limpia 
Avenida de los Tilos, se vio manchada por 
la sangre de trescientos obreros prusianos. 

Agregúese también que fracasada la 
Constituyente, el Código de 1830 quedaba 
abierto y que cualquier Presidente de la 
República podía decretar su reforma en el 
momento que creyera oportuno a sus am- 
biciones. He observado que mucha gente, 
aun ilustrada, ignora que la Constitución 
de 1830, fué reformada desde los artículos 
[53 al 159; que se suprimieron las trabas 
de las tres legislaturas, trabas que dificul- 
taron durante un siglo las reformas; que, 
en consecuencia, si no se sancionara la 
nueva Constitución, en la cual se exige el 



3l6 WASHINGTON BELTRÁN 

acuerdo de los partidos para las reformas 
subsiguientes, la vieja Constitución, es- 
tando abierta, podría ser reformada de un 
día para otro. Y entonces, con la severa 
lección del 30 de Julio, ya buen cuidado 
tendrían al proyectar esas modificaciones, 
de tasar al pueblo sus libertades, de dárselas 
•en cuenta gotas, para imponer, con mayo- 
rías regimentadas, sus propósitos libertici- 
das. 

Junto con esa inquietante situación que 
se conjura, con la paz que se afianza, agre- 
gúese las conquistas democráticas que se 
obtienen: el voto secreto, la representación 
proporcional, la inscripción obligatoria, la 
prohibición de las policías electoras, la se- 
paración de la Iglesia y el Estado en forma 
tolerante y respetuosa que a nadie hiere, 
la autonomía del municipio, la elección pre- 
sidencial directa dentro de seis años, la ex- 
tirpación del porfirismo, la disminución del 
poder del Presidente de la República y la 
vigorización de las facultades del Parla- 
mento. 

El acuerdo constitucional no limita ni 



EN I,A CONSTITUYENTE 317 

restringe en absoluto la libertad de acción 
de mi partido. Sancionado el plebiscito, 
cada entidad política, puede y debe seguir 
su rumbo distinto, su propio camino. 

Ante la historia, grande y glorioso será 
el papel desempeñado por el Partido Na- 
cional en la obra Constituyente. Puedo 
asegurar que ningún móvil mezquino, nin- 
guna aspiración personal, ningún díesignio 
subalterno, ningún pensamiento oscuro 
mancillo su obra : ella fué alta y levantada 
y las grandes conquistas del sufragio — 
base de la democracia representativa — se 
deben a su empeño tenaz y porfiado. 

La obra del Partido Nacional ha sido 
una obra de abnegación y cual cuadra a un 
partido que no tuvo jamás la sombra de un 
egoísmo y cuyo sueño legendario "es ha- 
cer patria para todos ", luchó, dentro de 
ia Constituyente para hacer democracia 
de verdad y para afianzar la libertad de 
todos. Con el voto secreto abolimos la es- 
clavitud de las conciencias, decretamos la 
liberación espiritual de todos los oprimi- 
dos. Con la representación proporcional, 



3l8 WASHINGTON BELTRÁN 

aseguramos la existencia de los partidos 
Socialista y Católico y emancipamos de un 
yugo insoportable al Partido Colorado. 

No comprendo como ningún hombre 
pensante del Partido Colorado puede ser 
contrario al pacto constitucional cuando le 
damos los instrumentos de su emancipa- 
ción. En los últimos tiempos — así fuera 
Rodó, cumbre de América, grande por la 
magestad de su pensamiento y grande por 
la pureza de sus virtudes — ningún ciuda- 
dano del Partido Colorado puede entrar al 
Parlamento, sin el vistobueno de extrañas 
tutelas. Y una vez ocupada su banca, si se 
emancipa de la férrea disciplina, ya la re- 
beldía sufrirá el castigo en la próxima re- 
novación parlamentaria. Con el voto se- 
creto y con la proporcional el yugo se hará 
pedazos : y el ciudadano probo, y el ciuda- 
dano altivo y el ciudadano que sueña con 
altos ideales, recibirá del pueblo el honor 
inestimable de su mandato. 

Empero, el país no debe hacerse la ilu- 
sión que por el solo designio constitucional 
van a extirparse de la noche a la mañana 



EN LA CONSTITUYENTE 3I9 

los vicios y defectos acumulados durante 
un siglo del más avasallador centralismo. 
La letra de la Constitución vale, pero para 
que tenga eficacia decisiva necesita que le 
dé aliento y vida el espíritu de un pueblo. 

Dice Boutmy en sus "Etudes de Droit 
Constitutionnel" que uno de los factores 
decisivos de la libertad inglesa es el anhelo 
de todos los ciudadanos para defender las 
instituciones políticas como depósito sa- 
grado. I 

Yo confío y tengo fe ardiente en la pu- 
janza del Partido Nacional. Unido, en es- 
trecha solidaridad con la suerte del país, 
vinculado al pueblo como que en él tiene 
sus raíces más hondas, con alma retem- 
plada por la adversidad y el dolor, formado 
en el trabajo, se mantendrá altivo y entu- 
siasta, para continuar, al amparo de la 
nueva Constitución, con mejores garantías 
la lucha de regeneración moral y material 
en que está empeñado desde hace media 
centuria. 

WASHINGTON Bertrán. 



Los dos colegiados: el de Venecia 
y el de Suiza 



Opinión emitida tres años antes de la elección de Cons- 
tituyente. — El problema del colegiado en sí es un 
problema teórico. — Para ser partidario o adversario 
es menester saber de qué colegiado se trata. — El 
colegiado de Venecia es la encarnación del despotis- 
mo : el de Suiza, representa la libertad. — Funda- 
mentales diferencias entre el colegiado de los ''Apuntes" 
y el de Suiza. — Supremacía en ésta del parlamento; 
supresión en aquéllos del Cuerpo Legislativo. — Veto 
absoluto y la indicación previa de las Cámaras. — 
Los ministros. — La provisión de empleos. — Auto- 
nomía municipal. — El Referéndum. — En Suiza, 
representación en el colegiado de los matices en que 
se divide la opinión. — En los " Apuntes " mas eterno 
el gobierno del grupo. — Democracia y oligarquía. — 
Duración de nueve y de tres años. — Renovación en 
block y renovación parcial por novenas partes. — 
Espíritu de persecución y perpetuidad frente al 
espíritu de transacción conciliadora y de rotación de 
fuerzas en el poder. 



21. 



Los dos colegiados: el de Venecia y el de Suiza 



DIFERENCIAS FUNDAMENTALES O 



En su programa de gobierno — prome- 
tido a la República bajo el honor de ciuda- 
dano, empeñando fe de caballero — ^^afirmó 
el señor Batlle que trataría en la reforma 
de la Constitución dos puntos esenciales, 
ardiente aspiración de nuestro pueblo: 
"quitarle atribuciones al Ejecutivo y ar.- 



(i) Como complemento creo útil insertar el estudio 
publicado por el autor de este libro en El Siglo el ii de 
Marzo de 1913, tres años antes de la elección de Asamblea 
Nacional Constituyente. El estudio precisa las diferencias 
profundas entre el colegiado de Jos "Apuntes", temible 
plan de constitucionalizar la oligarquía despótica y perpe- 
tua, con el colegiado suizo, forma admirable que rige los 
destinos de la primer democracia de la tierra. El pro- 
yecto de los "Apuntes" sufrió algunas modificaciones, pero, 
c! núcleo central permaneció intacto y fué ese plan inaudito 
el que cayó vencido el imperecedero 30 de Julio de 1916, 
por ochenta y siete mil sufragios de los partidos populares 
contra cincuenta y siete mil del oficialismo. 



324 WASHINGTON BELTRAN 

mentar el poder del Parlamento". A los 
pocos Jías de subir a la presidencia reiteró 
de modo terminante esas ideas. En francos 
editoriales de *'El Día" se hizo el proceso 
del régimen presidencial que nos rige. Se 
dijo que el Presidente tiene poder omní- 
modo, pudiendo llegar hasta el corazón de 
los departamentos por las Intendencias; 
que pesa, de modo decisivo, sobre la vida 
electoral de la campaña, por su influencia 
directa en policías y empleados. Luego, en 
otro arranque de sinceridad, manifestó — ■ 
en ese mismo editorial, — que la Cámara 
jamás, en ningún instante había intentado 
nada eficaz, ni tampoco podía hacerlo, con- 
tra el poder irresistible del Ejecutivo. Den- 
tro de este orden de ideas se imponía el cer- 
cenamiento de facultades a este Poder y el 
aumento de atribuciones legislativas. De 
ahí, se dice, surgió su proyecto de Ejecutivo 
Colegiado, inspirado en el gobierno suizo. 
Se engaña de modo miserable al país sos- 
teniendo que el proyecto del señor Batlle, 
tal cual ha sido concebido, es semejante al 
de la Confederación Helvética, fórmula que 
rige los destinos de una república ideal. En 



>í;n la constituyente 3^5 



el proyecto, ningún mal se corrige: ni se 
cercenan atribuciones al Ejecutivo; ni se da 
autonomía a la vida del municipio; ni se 
conceden atribuciones al Poder Legislativo. 

El objeto de este articulo es demostrar 
que, entre el gobierno suizo y el proyecto 
de Ejecutivo Colegiado del señor Batlle, 
hay un abismo profundo: el abismo que 
existe entre la libertad y el despotismo; el 
abismo que media entre la oligarquía y la 
democracia. 

Primera diferencia. — El régimen de go- 
bierno suizo se aproxima en el fondo, aun 
cuando difiera radicalmente en la forma, al 
"régimen parlamentario". Tiene del go- 
bierno inglés y del francés este rasgo dis- 
tintivo del régimen parlamentario: la su- 
bordinación del Ejecutivo a las Cámaras. 
El Consejo Federal, compuesto de siete 
miembros, obra bajo las órdenes directas 
del Parlamento. La intervención legislativa 
es aún más intensa que en Francia e Ingla- 
terra, pues si no hay votos de censura que 
obliguen la caída de los gabinetes, existe, en 
cambio, la orden expresa, ''previa", que la 
Cámara da de antemano al ministro y lo 



326 WASHINGTON BEI^TRÁN 

obliga a proceder de tal o cual modo. El 
Consejo Federal está enteramente someti- 
do a la voluntad de la Asamblea. Jamás ha 
primado la voluntad de aquél sobre el par- 
lamento. En Suiza, más que en ningún otro 
país — dice un autor — se encuentran ata- 
dos los ministros — esto es, los miembros 
del Ejecutivo — a la voluntad de la Cáma- 
ra. Ella tiene el control represivo y hasta la 
decisión "previa", indicando de antemano 
al ministro, de modo obligatorio, los míni- 
mos detalles a cumplir. Si bien los miem- 
bros del Ejecutivo deben durar los tres años 
en sus puestos, no es menos cierto que la 
asamblea "posee el medio indirecto de ha- 
" cerlos cesar, con tanta facilidad como el 
" parlamento inglés o la Cámara francesa, 
" haciendo el gobierno imposible a los Con- 
" sejeros federales, como si se entregara a 
" la tarea de voltear gabinetes". 

El proyecto de Poder Ejecutivo colegiado 
del señor Batlle es, en esencia, diametral- 
mente opuesto al suizo. Lejos de aproxi- 
marse al parlamentario, como sucede en 
aquella nación, sigue con los rasgos propios 
del sistema "presidencial" que tiene actual- 



EN IvA CONSTITUYENTE 327 

mente, pues este carácter no depende del 
número de personas que desempeñen el Eje- 
cutivo, sino de la mayor o menor sumisión 
de este poder a la Cámara. En el proyecto 
no se le quitan atribuciones al Ejecutivo: 
el parlamento seguirá como hasta hoy iner- 
me e impotente para contener los avances 
de aquél. 

En Suiza, el Ejecutivo no es nada frente 
al Parlamento. 

En el proyecto del señor Batlle, el Par- 
lamento seguirá siendo nada y el Ejecutivo 
lo será todo. Basta leer las atribuciones que 
confiere a la Junta para darse cuenta que 
son las mismas, acaso agravadas, que la 
Constitución actual confiere al Presidente 
y ministros. 

Segunda diferencia. — En Suiza, el Con- 
sejo Federal (Poder Ejecutivo) está forma- 
do por miembros de los diferentes partidos 
en que se divide la opinión. Refleja los ma- 
tices de la Cámara. Asi no es extraño que 
hayan en el Ejecutivo al lado de un liberal 
ultra un católico ardiente, junto al avan- 
zado el conservador. Es factible llegar a 
este justo resultado que todos los partidos 



328 WASHINGTON BELTRÁN 

estén representados en el Ejecutivo, pues, 
éste, aparte de ser elegido por la Cámara, 
"es renovado totalmente en block". De ahí 
— dice un autor — lo que es por cierto fe- 
cundo para el progreso de Suiza, "que el 
Consejo Federal tenga ausencia completa 
de homogeneidad política". 

En el proyecto del señor Batlle, lejos de 
darse una válvula de escape a los partidos, 
se entrega a los núcleos opositores, a la 
desesperación y al pesimismo. Los miem- 
bros durarán nueve años y se renovarán por 
novenas partes. Al primer año de elegidos 
habrá elecciones: los ocho que quedan en 
la Junta de Gobierno, desarrollarán, por lo 
menos, "su influencia moral" para designar 
el noveno, el cual, no es difícil profetizar, 
será un aparcero. Aun en el caso utópico de 
que el pueblo, en esfuerzo de gigante pu- 
diera triunfar sobre esa 'influencia moral" 
de los ocho de la Junta, el noveno entraría 
como un átomo, a confundirse con la mole, 
o, de lo contrario, a estrellarse contra ella. 

No basta que los partidos de la oposición 
obtengan el triunfo una vez : necesitan ga- 



EN LA CONSTITUY ENTE 3^9 

nar cinco veces seguidas para obtener la 
mayoría en el poder! 

Tercera diferencia. — En Suiza — imbui- 
dos del espíritu de democracia que exige 
renovación en los elementos dirigentes — ■ 
el Consejo dura tres años. 

En el proyecto — obedeciendo a propó- 
sito monárquico de perpetuidad — los miem- 
bros ejercerán funciones por nueve años. 

Cuarta diferencia. — En Suiza, el Presi- 
dente dura un año y no puede ser reelegido 
ni como Presidente ni como Vice. 

En el proyecto dura dos años y puede ser 
reelegido una o varias veces, ilimitada- 
mente. 

Quinta diferencia. — En Suiza no hay mi- 
nistros, pues los mismos miembros del Eje- 
cutivo desempeñan esas funciones, supedi- 
tados en absoluto a la Cámara. 

En el proyecto se crean esos organismos 
que serán carga para el presupuesto, au- 
mentando la legión burocrática de emplea- 
dos. 

Sexta diferencia. — En Suiza, e Tribunal 
Federal (Tribunal Supremo de Justicia) es 
elegido por las Cámaras. 



330 WASHINGTON BELTRAN 

En el proyecto se sostiene — sacando a 
los jueces de su ambiente sereno y entre- 
gándolos a las luchas políticas y a las tran- 
sacciones con electores — que deben ser de- 
signados directamente por el pueblo. 

Séptima diferencia. — En Suiza, no sien- 
do nada el Ejecutivo, no puede tener el de- 
recho de veto sobre las decisiones de las 
Cámaras. Al contrario: la Cámara ordena, 
previa o posteriormente, tal decisión y los 
ministros se someten tranquilamente a 
ella. 

En el proyecto, a la inversa, se le da fa- 
cultades a la Junta Ejecutiva "para poner 
objeciones o hacer observaciones a los pro- 
yectos de ley remitidos por las Cámaras y 
suspender su promulgación". Por la Cons- 
titución de 1830, el veto es limitado. Por el 
proyecto de los "Apuntes" el veto es abso- 
luto. Implica, en esencia, la omnipotencia 
del Poder Ejecutivo y el aniquilamiento o 
eliminación como factor eficaz, del Poder 
Legislativo. 

Octava diferencia. — En Suiza, el Presi- 
dente no tiene más que una función, única 
y exclusiva : "presidir el Consejo Federal". 



■EN LA CONSTITUYENTE 331 

No tiene constitucionalmente ninguna atri- 
bución particular. 

En el proyecto, al Presidente se le da un 
cúmulo de atribuciones que en Suiza co- 
rresponden a las Cámaras. 

A) En Suiza, la Cámara en asamblea ge- 
neral nombra — para evitar preponderan- 
cia de los miembios del Ejecutivo — el jefe 
superior del Ejército. 

En el proyecto se le quita esa facultad a 
la Cámara y se le da al Presidente de la 
Junta. 

B) En Suiza, la Cámara es la que dis- 
pone de la armada federal. 

En el proyecto, es el Presidente de la 
Junta, o la Junta, pero siempre por inter- 
medio de su Presidente. 

C) En Suiza, los nombramientos supe- 
riores de los empleados los hace el Parla- 
mento. 

En el proyecto, el Ejecutivo Colegiado. 

D) En Suiza, la Cámara es la encargada 
de tomar las medidas prontas de seguridad 
en los casos graves e imprevistos de con- 
moción interior o ataque exterior. 

En el proyecto, se dan esas vagas y vas- 



332 WASHINGTON B^LTRÁN 

tas facultades — que son las mismas del 
zarandeado artículo 8i de la Constitución 
actual, campo fecundo para los abusos — 
al Presidente de la Junta. Luego, cuando 
confiere también esta facultad a la Junta 
Ejecutiva, sólo la limita con el deber de dar 
cuenta a la Asamblea dentro de 15 días! 

Novena diferencia. — En Suiza existe la 
institución del "referéndum", (i) merced a 
la cual, en la realidad de los hechos, el Po- 
der Legislativo no tiene en esencia, sino la 
facultad de "preparar proyectos que no son 
nada sin la volutad de la nación". En efec- 
to: toda ley de un interés general está so- 
metida a la aprobación del pueblo, por el 
simple pedido de 30 mil electores o de ocho 
cantones (artículo 89 de la Constitución). 

Toda ley de este carácter debe ser publi- 
cada largamente. Durante 90 días a partir 



(1) En la modificación posterior a los "Apuntes" se 
proyecta un "referéndum" sui géneris. No tiene nada que 
ver con el "referéndum" suizo. En la Confederación Hel- 
vética el referéndum es arma del pueblo para sancionar 
o rechazar leyes inconsultas. En el proyecto modificativo 
de los "Apuntes" el llamado referéndum es un arma más 
que se le da al Poder Ejecutivo para aniquilar al Poder 
Legislativo. 



•tN LA constituyentí; 333 

de esta publicación, la entrada en vigencia 
de la ley debe ser suspendida, a ver si el 
pueblo quiere ejercer sus derechos. Sólo 
pasado esos tres meses, si los ciudadanos 
guardan silencio, la ley se hace ejecutoria. 
*'De 1894 a 1906 — dice Jules Roche — en 
doce años, 25 proyectos de ley votados en 
gran mayoría por las Cámaras Federales 
suizas, han sido enviados al pueblo y sobre 
25, diez solamente han sido adoptados, pero 
quince rechazados". 

En Suiza, se da, como se ve, un poder al 
pueblo sobre la Cámara. 

En el proyecto nada de esto sucede. La 
facultad de poder sobre la Cámara, se le 
arranca al pueblo, para dársela al Ejecu- 
tivo con su derecho de veto. 

Décima diferencia. — En Suiza, el direc- 
torio de 7 miembros, obra en block (articu- 
lo 103) a mayoría pura 3-^ simple de sus 
miembros que deben, por lo menos, estar 
''cuatro presentes" (artículo 100). 

En el proyecto, con "nueve" miembros, 
bastará, para tomar resolución, la concu- 
rrencia de tres. 



334 WASHINGTON BELTRAN 

Undécima diferencia. — ^ En Suiza, todo lo 
que se refiere a la elección del Consejo Eje- 
cutivo, debe ser resuelto por la Cámara. 

En el proyecto, en cambio, la Junta de 
Gobierno fallará en las elecciones de sus 
miembros. Se le quita esa facultad al Par- 
lamento — poder imparcial — para dársela 
al Ejecutivo, directamente interesado en el 
nuevo componente. 

Duodécima diferencia. — En Suiza, el po- 
der de nombramiento de empleados que dis- 
pone el Consejo Federal es sumamente res- 
tringido : 

A) Porque existe plena autonomía can- 
tonal. Los cantones se gobiernan y nom- 
bran sus empleados en lo que concierne a 
policía interior, trabajos públicos, adminis- 
tración de cultos, protección de intereses 
agrícolas, industriales y comerciales. 

B) Porque la generalidad de los empleos 
se proveen a concurso, — y no se otorgan 
como prebendas para premiar servicios po- 
líticos. 

En el proyecto, por el contrario, la Junta, 
en su carácter de superiora de la adminis- 
tracción, conserva el enorme poderío que 



EN LA CONSTITUYENTE 335 



actualmente tiene el Ejecutivo en el nom- 
bramiento de empleados. Tendrán, como 
ahora, todo un ejército burocrático a su 
servicio, medio certero para castigar rebel- 
días con la proscripción de esos empleos, 
o como recompensa para premiar compla- 
cencias. 

Décimatercera diferencia. — En Suiza, país 
de cuatro millones de habitantes más o nie- 
nos, el Consejo Nacional (Cámara de Dipu- 
tados) se compone de 167 miembros. 

En el proyecto, que legisla para un país 
con cuatro veces menos habitantes, se pres- 
cribe que la Cámara de Representantes es- 
tará formada por más de doscientos miem- 
bros. 

Décimacuarta diferencia. — ^ En Suiza se 
ha llegado a la fórmula del Ejecutivo Cole- 
giado, como consecuencia de un alto espí- 
ritu de democracia, que impone transac- 
ción y armonía entre sus elementos compo- 
nentes. Jamás, en ningún instante, la mayo- 
ría ha abusado contra la minoría. Se ha ido 
a la fórmula del colegiado y se da la elec- 
ción de sus miembros a la Cámara, precisa- 
mente, para que ningún partido, núcleo o 



336 WASHINGTON BEI^TRÁN 

tendencia resulten excluidos del gobierno 
de la nación: "Aunque la elección del Con- 
" sejo Ejecutivo sea confiado a una asam- 
" blea política, la elección no es inspirada 
" por consideraciones de partido y la ma- 
*' yoria no pretende reservar las plazas a 
" sus adherentes. Según la opinión general- 
" mente aceptada, este Consejo no sólo debe 
*' ser el reflejo del partido preponderante 
" en las Cámaras, sino que también deben 
" estar en él representadas todas las gran- 
" des fracciones de la Asamblea". Asi se 
cita el caso del centro liberal que en 1888 
contaba aún tres representantes en el Co- 
mité Ejecutivo, aunque este partido se en- 
contraba desde cierto tiempo reducido a 
pequeño núcleo. 

En el proyecto del señor Batlle se llega a 
esa fórmula según espiritu muy distinto. 
Prescindiendo del móvil oculto, insano y 
personal, que el pueblo adivina en la trans- 
formación, aun admitiendo únicamente lo 
que ''El Día" acaba de confesar, que ese 
cambio sólo es motivado para asegurar 
'Tesprit de suite", se observa el abismo que 
separa el móvil creador de la nueva Cons- 



En la constituyente; 337 

titución del que ha inspirado la creación del 
gobierno suizo, con su vida ideal y sus no- 
bles perfiles. Allí, se busca la conciliación 
de los partidos en el poder, la armonía de 
los diversos sentimientos autonómicos que 
viven la vida libre de los cantones. 

Aquí, se persigue todo lo contrario, desde 
que "l'esprit de suite", significa la perpe- 
tuación de este desesperante estado de 
cosas del Presidente alzado frente al pue- 
blo: del eterno destierro del partido del lla- 
no y de la eterna proscripción de los ciuda- 
danos altivos que forman parte del propio 
partido en cuyo nombre se gobierna. Si la 
renovación de la Junta se produjese en 
block, designada por la Cámara, podía ha- 
ber lejana esperanza que en momentos su- 
premos de coincidencia, los núcleos indepen- 
dientes coaligados, llevaran al triunfo una 
lista con candidatos que perteneciesen a los 
diversos matices de la opinión. Pero, con 
esa renovación por novenas partes, hecha 
directamente por el pueblo, con los ocho 
que presiden las elecciones e influyen en la 
designación del otro, con esos mismos ocho 



22. 



388 WASHINGTON BEI^TRÁN 

que serán los jueces privativos para resol- 
ver sobre la validez o nulidad de las protes- 
tas efectuadas por la oposición, toda espe- 
ranza desaparece en absoluto. Los partidos 
independientes no se resignarán jamás a 
este eterno destierro. 

WASHINGTON BELTRÁN. 



ÍNDICE 



ÍNDICE 



CONVENCIÓN NACIONAL CONSTITUYEN- 
TE. — Solemne inauguración de las sesiones ordi- 
narias. Noviembre 20 de 1916. — Discurso pronun- 
ciado en representación de los Constituyentes del 
Partido Nacional. — El programa del Partido Nacio- 
nal en la Asamblea Constituyente. — La nueva 
Constitución no debe ser obra de partido. — Aspi- 
raciones fundamentales: voto libre y municipio 
autónomo. — Inscripción y sufragio obligatorios. — 
Voto secreto. — Representación proporcional. — 
La influencia del sufragio libre en el Parlamento, 
la justicia y el Poder Ejecutivo. — La autonomía 
del municipio como freno a los órganos centrales 
y como factor moral en el carácter de la raza. — 
La rotación de los partidos en cl Poder. — La era 
del motín y la era de las revoluciones. — La obra 
debe ser inspirada en el patriotismo de los primeros 
Constituyentes 5 

EL SUFRAGIO. — Primer informe de la Comisión 
de Constitución a la Convención Nacional Cons- 
tituyente. — Organización del sufragio. — El proce- 
dimiento para la reforma de " Adiciones y Enmien- 
das ". — Cómo se ha reformado la Constitución 
Americana. — Las bases del sufragio deben escri- 
birse en la Constitución. — Inscripción obligatoria 
en el Registro Cívico. — Rigurosa prescíndencía de 



342 ÍNDICE 

Pá?. 
los funcionarios policiales y militares en trabajos 
electorales, bajo pena de destitución inmediata. — 
El cáncer de las democracias latino -americanas. — 
Los gobiernos electores. — Voto secreto. — Legislación 
de los principales países de Europa y de America : 
Inglaterra, Francia, Italia, Bélgica, República Argen- 
tina, Estados Unidos. — Refutación de los argumen- 
tos formulados en el documento de los legisladores 
de la mayoría colorada del Parlamento suprimiendo 
de la ley el voto secreto después de la victoria de las 
fuerzas populares obtenida el 30 de Julio. — Opinión 
de Saenz Peña y de Pellegríni. — La experiencia de 
los Estados Unidos. — El resultado en las elecciones 
del Reíschtag favoreciendo a los proletarios. — 
Representación proporcional integral. — Los tres 
fundamentos de la democracia representativa. — 
Juicio de Barthelemy sobre la experiencia de Bélgica. 

— Nuestro medio ambiente. — Oscilación entre la 
anarquía y el despotismo. — La política de la 
tolerancia. — Cómo deben elegirse las corporaciones 

de carácter electivo 17 

VOTO SECRETO. — Réplica al señor Constituyente 
Sosa. — Necesidad imperiosa que las garantías del 
sufragio no queden libradas a la ley ordinaria. — 
Las Constituciones ee reforman en puntos concretos 
y no derribando todo el edificio. — Mostrarse parti- 
dario del voto secreto y no quererlo establecer en la 
Constitución es, dentro de la situación política del 
país, ser en la realidad, adversario de aquella 
conquista democrática. — Una anécdota de Macaulay. 

— El voto secreto en Alemania. — Aspiración del 
proletariado prusiano. — La opinión del Canciller 



ÍNDICE 343 

Pá£. 

Benthmann HoIIeweg. — El voto público sostén 
de la monarquía. — Robespíerre partidario del voto 
público. — Nuestro medio ambiente. — La empleo- 
manía y la burocracia : arma de los gobiernos 
electores. — Refutación de l^s argumentos sobre la 
responsabilidad del elector y la cobardía fomentada 
por el voto secreto. — Síntesis de las ventajas del 
voto secreto. — Combate la abstención. — Impide la 
compra del voto. — Perfecciona la administración 
pública. — Asegura la mejor formación de los 
gobiernos. — Levanta la mioral déla raza. — Libera 
a los oprimidos 59 

INTERVENCIÓN EN TRABAJOS ELECTORA- 
LES. — La enumeración de la Constitución no es 
taxativa. — La ley puede extender las prohibiciones 
de intervenir en trabajos electorales a otros funcio- 
narios o autoridades. — El parlamento tiene facultad 
para crear nuevas incompatibilidades 83 

VOTO OBLIGATORIO. — El doble aspecto del 
voto obligatorio: jurídico y político. — Concepto del 
sufragio. — Opinión de Duguit. — Opinión de 
Jellíneck. — El sufragio : deber. — Aún dentro del 
concepto del sufragio como derecho, cabe la obliga- 
toriedad del voto. — Opinión de Janson en la 
Constituyente de Bélgica : derecho social. — Otros 
argumentos. — Examen del aspecto político del 
problema. — El fenómeno general de la abstención. 
— La marea montante del abstencionismo. — Las 
naciones latino-americanas. — Porcentaje de absten- 
ción de las naciones mejor organizadas : Francia, 
Inglaterra, Suecia, Italia, Suiza, Estados Unidos. — 



344 ÍNDICE 

Pág. 

Otfos países. — Movimiento a favor del voto obliga- 
torio. — Proyecto de Luzzatti en Italia. — La reforma 
de Maura en España. — Sus resultados. — Los 
proyectos de sufragio obligatorio en Francia. — 
Países que lo fian incorporado a su legislación. — 
El ejemplo de la República Argentina. — Otro 
ejemplo elocuente : la experiencia de Bélgica. — 
Importancia de la reforma desde el punto de vista 
moral. — Refutación de las objeciones formuladas 
en la Comisión de Constitución. — El voto secreto 
pierde en algo su eficacia si no va unido el voto 
obligatorio. — Quid leges si ne medíbus. — El ideal 
y la realidad 89 

Sesión del U de Abril de I9I7 91 

Sesión del 16 de Abril de I9I7 Í09 

LA LEY 1.0 DE SEPTIEMBRE DE I9I5 Y SUS 
COMPLEMENTARIOS 115 

INFORME SOBRE EL PACTO CONSTITUCIO- 
NAL 121 

CIUDADANÍA. — Liberalidad de nuestras leyes con 
los extranjeros. — Todos los miembros de una 
sociedad deben tener derechos políticos, pero cuando 
formen parte integrantede esa sociedad. — El ejemplo 
de la República Argentina. — Opinión de José 
Manuel Estrada. — Complejidad del fenómeno de 
por que los extranjeros no quieren intervenir en 
la vida política del país. — Su alejamiento no se 
combate con el simple acortanaiento del plazo de tres 
a dos años. — La disposición con respecto a los hijos 
de padre o madre oriental 127 



ÍNDICE 345 

Pág. 

CIUDADANÍA FACULTATIVA. —Modificaciones 
al artículo 8." de la Constitución de Í830. — La 
Comisión acepta una supresión propuesta por el 
Constituyente señor Mifaelli. — Se cambia la redac- 
ción del artículo constitucional para precisar que 
la ciudadanía no es obligatoria 141 

LA SITUACIÓN DE LOS GUARDIA CIVILES . 147 

LA SUPRESIÓN DEL SENADO. — Réplica al 
** leader " socialista doctor Emilio Frugoní. — Una 
novedad y el sistema de novedades. — Falso argu- 
mento que el Senado es un resabio monárquico o 
que a lo sumo se explica sólo en la República 
Federal. — El Senado impide una legislación intem- 
pestiva y precipitada. — Refutación del argumento 
que la buena legislación está garantida con la 
doble discusión que establezca el Reglamento de 
la Cámara única. — La opinión de Bentham. — La 
existencia del Senado favorece la libertad. — Los 
partidarios de la Cámara única, son, sin quererlo, 
partidarios de la tiranía. — La experiencia de Francia. 

— Opinión de Alberdi sobre lo ocurrido en la Re- 
pública Argentina. — Una anécdota de Washington 
y Jefferson. — Refutación de dos argumentos del 
doctor Frugoní. — El razonamiento metafísíco de 
Sieyes tomado de Rousseau, comparable con la 
argumentación de Ornar frente a la biblioteca de 
Alejandría. — Opinión de Aréchaga, de Montes de 
Oca y de Laboulaye sobre el carácter de la ley. 

— El Senado, elemento moderador. — Los partidos 
ingleses, según Macaulay. — Misión de la Cámara 
de Representantes y misión del Senado. — Sus 
diferencias. — La experiencia en nuestro país de un 
siglo de vida independiente . Í5Z 



346 índice 

Pág. 
EL PACTO CONSTITUCIONAL. -Síntesis de las 
conquistas democráticas que se obtienen. — Inscrip- 
ción obligatoria. — Voto secreto. — Representación 
proporcional. — Prohibición a las autoridades policia- 
les y a los militares en actividad de intervenir en 
trabajos electorales salvo el voto. — Sufragio Universal. 

— Se baja la edad para ser ciudadanosa los 18 años. 

— Facilidades para la reincorporación a la ciuda- 
danía. — Derecho de interpelación otorgado a las 
minorías. — Facultades inspectivas del Parlamento. — 
Supremacía del Parlamento como arbitro de los con 
flictos entre el Poder Administrador y el Presidente 
de la República. — Atenuación del veto. — Disminu- 
ción de las facultades del Presidente de la República 
con la creación del Consejo de Administración y entes 
autónomos. — Mayor plazo para las reelecciones 
presidenciales. — Elección presidencial directa y por 
voto secreto. — Compatibilidad del cargo de Ministro 
y Legislador. — Autonomía del Municipio. — Las 
nuevas reformas no serán hechas por un partido 
sino que tendrán carácter nacional. — La guerra civil 
conjurada y afianzamiento de la paz 171 

Sesión del 13 de Marzo 173 

AUTONOMÍA MUNICIPAL. — Réplica al señor 
constituyente católico doctor Secco Illa. — Las bases 
fundamentales que aseguren la autonomía del muni- 
cipio deben escribirse en la Constitución. — Juicio 
sobre el código de 1830. — Gobierno y administra- 
ción departamental y gobierno y administración local. 

— Refutación del argumento de la falta de prepara- 



índice 347 

Pág. 
cíón de los elementos de campaña. — El municipio 
en la época de Berro y de Flores. — Opinión de don 
José Luis Irarrázabal. — En la Constitución deben 
sentarse los principios fundamentales, pero dejarse 
lo secundario para la ley. — Opinión del doctor Váz- 
quez Acevedo. — Opinión del profesor norteameri- 
cano Rowe. — La facultad de crear impuestos. — 
Los municipios de Estados Unidos. — Algunos ejem- 
plos. — Garantías que se establecen para que no abusen 
de aquella facultad. — La facultad de los municipios 
de hacer sus presupuestos. — Una opinión de Tocque- 
ville sobre los municipios franceses y los americanos. 
— Aclaración sobre el sistema electoral que regirá 
para la elección de los Consejos. — Los beneficios 
de la reforma. — La acción del tiempo y la nece- 
sidad de que surja el nuevo espíritu que vivifique la 
letra de la Constitución 191 

LOS CONSEJOS AUTÓNOMOS 219 

PROCEDIMIENTO PARA LA REFORMA DE LA 
CONSTITUCIÓN. —Réplica al constituyente cató- 
lico doctor Hugo Antuña y al constituyente socialista 
señor Mibelli. — Las dos condiciones del proyecto. 
Una, que las reformas futuras se hagan con el acuerdo 
de los partidos políticos a fin de que la Constitu- 
ción sea obra nacional. — El procedimiento es más 
liberal que el del Código de Í830. — La segunda 
condición es precaver al país de reformas aventu- 
radas, defenderlo de una obra artificial y peligrosa 
de demolición. — La fórmula de las enmiendas con- 
cretas. — La ratificación y el referéndum. — Un 
ejemplo de Hipólito Taine. — La Constitución de 



348 índice 

Pág. 

Inglaterra y las doce constituciones de Francia. — 
El procedimiento de reforma tomado de la Consti- 
tución de Chile. — Estados Unidos y la República 
Argentina. — La fórmula del doctor Antuña. — Su 
refutación. — Cargo formulado por el constituyente 
socialista señor Mífaelli. — Plena certidumbre de que 
el Partido Nacional en el plebiscito ratificará la obra 
de sus constituyentes 223 

DISCUSIÓN PARTICULAR DEL GOBIERNO Y 
ADMINISTRACIÓN LOCAL. — El voto de los 
extranjeros en las elecciones municipales. — La 
facultad de crear impuestos ......... 245 

DISCUSIÓN PARTICULAR SOBRE EL PROCE- 
DIMIENTO PARA LA REFORMA DE LA 
CONSTITUCIÓN. — El Poder Ejecutivo no tiene 
ninguna intervención en materia de reforma consti- 
tucional 251 

DISCUSIÓN PARTICULAR SOBRE LA SEPA- 
RACIÓN DE LA IGLESIA Y EL ESTADO. . 257 

INFORME SOBRE EL PROYECTO DE LA CONS- 
TITUCIÓN DE LA REPÚBLICA. — Supresión 
del preámbulo. — Incompatiblídades parlamentarias. 

— Los miembros del clero. — Los del Poder Judicial. 

— Los militares. — Jueces, Fiscales y Jefes de Policia. 

— Fecha de la incompatibilidad. — Ampliación del 
plazo de las sesiones ordinarias del Parlamento. — 
En las extraordinarias puede sesionar convocado por 
el Poder Ejecutivo o por propia iniciativa. — Abolición 



índice 349 

Pág. 
de la pena de muerte. — Fundamentos que la justi- 
fican. — Recursos de « Habeas Corpus » . — La 
enumeración de derechos y garantías no es taxa- 
tiva. — Las constituciones de Estados Unidos y de 
la República Argentina 261 

ANEXO AL INFORME DE LA COMISIÓN DE 
CONSTITUCIÓN 279 

REFORMA AL REGLAMENTO DE LA CON- 
VENCIÓN NACIONAL CONSTITUYENTE. . 295 

ARTÍCULO I.o DE LA CONSTITUCIÓN DE LA 
REPÚBLICA 301 

LA SITUACIÓN DEL PAÍS EN EL PACTO CONS- 
TITUCIONAL.— (Este artículo, escrito con la expre- 
sión más íntima del pensamiento, apareció publicado 
en el " Diario del Plata *' el 23 de Noviembre de 
1917, dos días antes de efectuarse el plebiscito en 
que fué aprobada la nueva Constitución. Creo conve- 
niente insertarlo en este libro, como un complemento 
al discurso pronunciado en la Convención Nacional 
Constituyente el 26 de Julio de I9Í7, en defensa del 
pacto constitucional) , . 307 

LOS DOS COLEGIADOS: EL DE VENECIA Y EL 
DE SUIZA. — Opinión emitida tres años antes de 
la elección de Constituyente. — El problema del 
colegiado en si es un problema teórico* — Para ser 
partidario o adversario es menester saber de qué 
colegiado se trata. — El colegiado de Venccia es 



350 índice 

Pag. 

la encarnación del despotismo: el de Suiza repre- 
senta la libertad. — Fundamentales diferencias entre 
el colegiado de los "Apuntes'' y el de Suiza. — 
Supremacia en esta del parlamento; supresión en 
aquéllos del Cuerpo Legislativo. — Veto absoluto y 
la indicación previa de las Cámaras. — Los minis- 
tros. — La provisión de empleos. — Autonomía muni- 
cipal. — El referéndum. — En Suiza, representación 
en el colegiado de los matices en que se divide la 
opinión, — En los "Apuntes" más eterno el gobierno 
del grupo. — Democracia y oligarquía. — Duración 
de nueve y de tres años. — Renovación en block y 
renovación parcial por novenas partes. — Espíritu de 
transacción concitiadora y de rotación de fuerzas en 
el poder 321 



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JL Beltran, Washington 
3611 En la constituyente; 
B45 discursos e informes, 
Tall. Gráf. A. 

Barreiro y Ramos 

(1918) 



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